Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

SIN SENTIMIENTO. UNA MUESTRA DEL CINE HECHO EN AYACUCHO

Otra película de miedo

Por Ricardo Bedoya

Se estrenó en una sola sala de Lima, el Excelsior del Jirón de la Unión, sin publicidad ni información en la prensa, la película ayacuchana Sin sentimiento, el último amanecer, de Jesús Contreras Matías. Esa desairada exhibición demuestra la afirmación de Joel Calero en el artículo publicado en El Dominical de la semana pasada: una noticia sobre la celulitis de Britney Spears resulta más importante para cierta prensa que informar sobre una cinta nueva que carezca del amparo de una distribuidora grande. Lástima, porque son pocas las oportunidades que tiene el público de ver en exhibición comercial las películas que se están haciendo en las regiones del Perú.

Sin sentimiento, grabada en 2006 y estrenada en Ayacucho al año siguiente, es, como varias cintas peruanas de los últimos años, una historia de género. O, más bien, se afilia a esa tendencia creciente de películas peruanas con componentes propios del filme de horror, capaces de movilizar miedos ancestrales encarnados en las leyendas del Pishtaco, la Jarjacha, o la creencia aimara en el Kharisiri, el brujo o hechicero caníbal, presentes en las películas ayacuchanas de Palito Ortega y Melinton Eusebio, o en El misterio del Kharisiri, del puneño Henry Vallejo, entre otras.

Es una tendencia fílmica que aparece a fines de los años noventa, aprovechando el video analógico para fortalecerse luego con la posibilidad de producir y exhibir en soporte digital. Las películas abren interrogantes de fondo sobre su oportunidad, pertinencia y significado. ¿Son ficciones que procesan los miedos reales del pasado histórico reciente, a la manera de fantasías postraumáticas? ¿Son relatos fantásticos que drenan la angustia por la violencia de los años anteriores?.

Sin sentimiento se ambienta en el pueblo de Pampa, una localidad de los Andes ayacuchanos. Allí circulan rumores sobre la presencia de la Jarchacha, ese espantajo que luego de cometer incesto se transforma en un ser mutante que ataca en las noches y devora el cerebro de sus víctimas. En el prólogo, vemos a un niño que escucha aterrado, de boca de su madre, la historia de este personaje maligno.

Este gesto infantil, entre ingenuo y asombrado, por la leyenda siniestra, marca el tono de la cinta, realizada en precarias condiciones de producción y con imperfecciones técnicas evidentes, sobre todo en el sonido.

El relato no se aparta de las convenciones típicas del cine de horror: la protagonista, Crisilda (Heydi La Rosa), se entera del complicado destino que le predice un vidente mientras llega un "extranjero" que, pretendiéndola, será testigo de sus sufrimientos y del acoso sexual que sufre por parte de su hermano. En paralelo, vemos el resultado de crueles asesinatos que preceden a la aparición de la Jarjacha.

Sin sentimientos es una ficción endeble, a causa sobre todo de sus problemas de construcción narrativa. Los primeros minutos atraen, crean intriga y plantean con sencillez los datos argumentales básicos de la acción, pero conforme avanza la cinta se suceden vuelcos y giros argumentales que contradicen las premisas lógicas del relato. Algunos personajes cambian de identidad de golpe y porrazo; los "buenos" pasan a ser "malos" sólo porque muchos thrillers actuales proceden de la misma manera; se busca sorprender con hechos sacados de algún recóndito lugar y la trama gira en trompo hacia el final, luego de dar varios bandazos. Contreras no se decide a jugar la carta del filme de horror hasta el final y se dedica a hacerle guiños a otros géneros, en un salpicón que combina las astucias del cine de suspenso con las interrogantes del "¿quién lo hizo?. échate a buscar al asesino".

Esa impericia en el relato afecta a Sin sentimiento, que tiene, sin embargo, algunos otros méritos. A pesar de su inexperiencia, Jesús Contreras (realizador de un corto previo, Las almas, de 2003), posee un sentido del encuadre fílmico que le permite valorizar el paisaje para cargarlo de resonancias ominosas. Logra también que, en líneas generales, las actuaciones resulten parejas. Sin sentimiento está lejos de ser una película satisfactoria, pero permite vislumbrar en Jesús Contreras la mirada de un director de cine.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook