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ENCUESTA NACIONAL DE EL COMERCIO ELABORADA POR IPSOS APOYO

Corrupción desplaza al desempleo como principal problema del país

Percepción de la corrupción sube a 43% y la del desempleo baja a 38%. El 88% está de acuerdo con que los congresistas no tengan inmunidad. El 83% de los limeños considera que obras viales deben ejecutarse por etapas

La encuesta nacional urbana de El Comercio, elaborada por Ipsos, Apoyo Opinión y Mercado y realizada entre el 15 y 17 de abril, trae varias novedades: la popularidad del presidente Alan García sigue cayendo (de 28% en marzo a 26%, hoy). El nivel más alto de desaprobación de García se da en el sur (84%), mientras que allí solo lo aprueba el 14%. Una de las razones por las cuales continúa esta mala percepción ciudadana con respecto a la gestión del jefe del Estado es que la gente lo sigue culpando del alza de los precios de los productos (57%) y también considera que hay una mala política económica (34%). El eslogan del gobierno que se difunde en los medios de comunicación, que el Perú tiene la inflación más baja de toda la región, solamente ha calado en el 37% de los encuestados.

El veredicto ciudadano también alcanza al Congreso. La popularidad del Parlamento sigue descendiendo. Si en marzo lo respaldaba el 15% de los entrevistados en el ámbito nacional, hoy en día su popularidad se encuentra en 13%.

Al parecer los continuos escándalos en los que se han visto involucrados congresistas han afectado la imagen de ese poder del Estado. Así el 81% afirma no sentirse representado por el Congreso. El sondeo va más allá y revela que una amplia mayoría apoya cambios constitucionales de fondo. El 66% de los entrevistados está de acuerdo con que el voto sea voluntario y el 67% respalda la renovación por tercios en el Parlamento. Y si alguno de los parlamentarios es acusado de cometer delitos, el 88% está a favor de que estos funcionarios no deben gozar de ninguna inmunidad y si algún trámite previo debe pasar por el Congreso, este no debería demorar más de 48 horas para que así el infractor pueda comparecer ante la justicia.

Las medidas anunciadas hace varios días para imponer el orden en el quehacer parlamentario también formaron parte de este sondeo. El 92% de los entrevistados está de acuerdo con la publicación de las listas de los congresistas faltones, tardones y de aquellos que abandonan las sesiones y el 84% respalda que se convoquen sesiones plenarias complementarias para votar las reformas constitucionales y electorales que están pendientes en la agenda del Congreso desde hace varios meses.

Una de las novedades es la percepción ciudadana sobre los problemas que afectan el país. Si en el 2004 ocupaban los primeros lugares el desempleo y la pobreza, en el 2008 los encuestados consideran que la corrupción se ha convertido en el primer problema nacional, desplazando al segundo y tercer puesto la falta de trabajo (38%) y el hambre (36%).

Si de respuesta asistida se trata, el 20% de los entrevistados opina que atacar el problema de la educación inadecuada es la prioridad del gobierno.

DEL CONSULTOR
ALFREDO TORRES G. Ipsos Apoyo

Preocupante corrupción
Por primera vez la corrupción pasa adelante en el ránking de principales problemas del país en la percepción de la opinión pública.

En los años ochenta y hasta el inicio de los noventa, la inflación y el terrorismo se disputaban la primacía entre las preocupaciones ciudadanas. Derrotados estos flagelos, pasarían a ser el desempleo y la pobreza los problemas más inquietantes para la población.

Que la corrupción haya escalado al primer lugar puede deberse que el crecimiento económico está reduciendo la angustia popular por la pobreza y la desocupación, pero también a la percepción de que el viejo vicio nacional de entrar al Estado no para servir sino para servirse de él, se ha agravado en los últimos años, como lo refleja el reciente escándalo del Banco de Materiales (Banmat).

Hace bien el presidente de la República, Alan García Pérez, en indignarse porque la corrupción golpea triple: birla recursos destinados a los más pobres, reduce la confianza en el sistema y suscita el incremento de controles y temores que paralizan la gestión pública.

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