Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
MCCARTHY: ESCENAS MÁS ALLÁ DE LA HISTORIA

Apocalipsis ya

Por Martín Paredes Oporto

Cormac McCarthy (Rhode Island, 1933) fue durante décadas un importante escritor norteamericano casi desconocido. Pero el reciente éxito de la película de los hermanos Coen, Sin lugar para los débiles, basada en su novela No country for old men, lo colocó de golpe bajo los siempre incómodos reflectores de la popularidad. El libro se convirtió en un best-seller y ganó el 2007 el Pulitzer de ficción, y sacó definitivamente del anonimato mediático al escritor.

McCarthy ya era considerado un escritor de culto cuando le llegó la fama. Escribió una obra maestra, Meridiano de sangre (1985) y la "Trilogía de la frontera", compuesta por Todos los hermosos caballos (1992), En la frontera (1994) y Ciudades en la llanura (1998), poniendo a la violencia como el tema medular de su literatura.

La portada de La carretera es elocuente. Sobre un fondo negro de hollín, las cenicientas letras del autor y el título en rojo. Son los colores que predominan en la historia que McCarthy escribe, empleando una implacable economía de lenguaje, decantada con una maestría estremecedora, para describir minuciosamente el paisaje de un mundo posapocalíptico. La destrucción de la Tierra empezó un día, años atrás, cuando los relojes se pararon a la 1:17. Un gran resplandor y una serie de pequeñas sacudidas. Es todo lo que sabemos. Luego, el fundido en negro. Todo está muerto, quemado y arrasado por un poder innombrable y destructor.

La atmósfera es oscura como una mortaja, la luz opaca del sol intenta atravesar las tinieblas, los bosques quemados, los ríos secos, los muertos momificados en ciudades fantasmales son parte del paisaje desolador, "ni una sola huella en el asfalto, nada vivo en ninguna parte". Lluvia incesante, nieve, "el frío y el silencio. Las cenizas del mundo difunto trajinada de acá para allá por los crudos y transitorios vientos en el vacío". El aplastante vacío negro del universo.

Un hombre y su pequeño hijo, sobrevivientes de la destrucción terrenal, deambulan por las carreteras hacia el sur, el lugar de la infancia del padre, en busca del mar, de un poco de calor, llevando consigo un carrito de supermercado con algo de comida y abrigo, una pistola con tres balas para defenderse de los pocos seres humanos que, como muertos vivientes, transitan por las carreteras en busca de comida. Una lata de conserva es suficiente motivo para matarse. El canibalismo es una opción nada desdeñable.

McCarthy pone a sus personajes en una situación límite. Los arroja a un mundo devastado y tenebroso y les dice: sobrevivan. Porque la novela (cuyo referente más inmediato es Mientras agonizo, de Faulkner) es una épica de la sobrevivencia, la lucha de un padre lleno de amor por su hijo defendiéndolo de cualquier amenaza, matando si fuera necesario. La razón ha cedido su lugar al instinto. Hay que luchar cada minuto del día contra la muerte que los rodea. En este nuevo mundo la naturaleza humana ya no tiene razón de ser. El holocausto destrozó también la civilización. El hombre es un lobo para el hombre. Cuando se hace necesario matar para seguir viviendo, el niño le increpa al padre: "¿Esto lo hacemos porque nosotros somos los buenos?" Ellos son los buenos, los que portan el fuego del mito prometeico, acechados por los malos, hordas de caníbales.

El pasado ya no existe. Las cosas que desaparecieron caen en el olvido y con ellas sus nombres. El idioma queda desprovisto de sus referentes y por tanto de su realidad. Para el niño el padre es un extraterrestre, un ser de un planeta que ya no existe y que cuenta historias que no puede comprobar. "Cuando todos hayamos desaparecido entonces al menos no quedará nadie aquí salvo la muerte y sus días también estarán contados. Dirá la muerte: ¿Adónde se han ido todos?"

El niño vislumbra el final del padre a través de sus pesadillas. Llegan a la costa. Pero el mar ya no es azul, sino gris, sombrío, frío, sin aves, muerto, sin olor a mar. El mar, que también es el morir.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook