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EXITOSA Y POLÉMICA NOVELA DE JONATHAN LITTELL

Mito y verdad de Las benévolas

Con la novela Las benévolas, el escritor franco-estadounidense Jonathan Litell no solo se alzó con el prestigioso premio Goncourt en y el de la Academia Francesa el año 2006, sino además atizó la polémica sobre uno de los periodos más oscuros de la historia de Occidente: el régimen nazi.

Por Gabriel Icochea Rodríguez

Las benévolas aspira a ser más que un documento, insistiendo en los tópicos de antaño: la crueldad del holocausto judío y el heroísmo de los vencedores. Dichos lugares comunes, se terminaron agotando en una simplificación o en un pobre esquematismo que abarcaba la victimización del pueblo israelí y el rol especial de los norteamericanos. Si añadimos a ello la omisión casi total al papel de los soviéticos (que fue igual de protagónico), tenemos la versión que hemos escuchado difundir por largas épocas a través de la cultura mediática.

Sobre esta perspectiva se ha comentado mucho y las opiniones abarcan desde un nivel puramente epistémico hasta un nivel político. Por ejemplo, la famosa lucha de saberes como una lucha de poderes es una noción foucaultiana que resulta muy pertinente para este caso. Cada versión de la guerra es un intento por legitimar un poder; otras versiones en lucha representan a otros sectores pretendientes del poder. Toda versión es legitimadora de un poder. La visión de Jonathan Littell obedece, además, al pequeño factor de corresponder a una generación más joven. Alejados del desastre, nos acercamos con frialdad al acontecimiento. Y el protagonista desde el cual nos habla posee una interioridad compleja, poco convencional. Su condición itinerante le permite ofrecernos un fresco general acerca de la guerra: la cruenta campaña nazi de Europa Oriental con sus matices apocalípticos y los entretelones de un aparato burocrático pesado y conflictivo. Un sujeto que escribe desapasionadamente sobre una época apasionada.

LA MENTE Y LA DESTRUCCIÓN
Aún queda pendiente el enfoque sicoanalítico del texto. Maximilien Aue, de doble nacionalidad (francesa y alemana) es un homosexual militante que vive enamorado de su hermana melliza y que asesina a su madre, a su padrastro, a dos detectives persecutores y a su mejor amigo en incidentes envueltos en la confusión.

Este hombre, que le otorga importancia a sus sueños, tiene una vida onírica densa y abundante. A primera vista, un exceso de narcisismo lo sitúa en una posición peligrosa. Aue se proyecta en su hermana y, en su fracaso por convertirse en ella a través del amor, trata de hacerlo a través de la homosexualidad, es decir, buscando la femineidad de su melliza en sí mismo. Todos los ritos de violencia y desesperación, más que obedecer a un sincero amor, parecen estar encaminados a un retorno al vientre uterino; al rechazo de la realidad enmarcada en límites inaceptables. El vientre uterino es la imagen de la ausencia de problemas y de la permanencia del amor.

Pero hay algo aún más complejo, una suerte de paradoja que emana desde el texto: un sujeto público responsable es, al mismo tiempo, un tipo excéntrico en el mundo privado. Aue, que no es cruel, que propone una visión más pragmática y menos violenta que la oficialidad nazi, parece desahogar su crueldad en el mundo privado.

¿Sería pertinente decir que naciones enteras entraron en una psicosis colectiva? Allí en el Berlín agónico y casi desolado de 1944 las personas más normales utilizaban términos que reflejaban una enorme violencia: "los rojos", "los judíos", en medio de maldiciones. Amas de casa, oficinistas, gente de a pie. ¿Un pueblo entero se hallaba manipulado por la excelente propaganda de Gobbels? ¿Todos eran culpables? ¿Todos eran inocentes? El todo no es igual a la suma de las partes. Cada uno es pacífico, pero en grupo pueden activar sus lados más perversos.

Alguna vez Isaiah Berlin mencionó la ausencia de un discurso que tomara en cuenta los factores sicológicos. ¿El odio al enemigo era una proyección del odio a sí mismos, a lo que no podían ser? ¿El odio era una respuesta al temor? ¿El odio era una respuesta a todo aquello que se oponía a la grandeza de Alemania? ¿El odio en realidad era un recurso autofabricado por una ideología?

Todas las preguntas deben de ser contestadas con la finalidad de comprender al verdugo. Ahora que nos situamos en una posición de distancia, el verdugo nos resulta más comprensible.

Es probable que cada persona haya fabricado su propia versión de lo que era el proyecto nazi. Para unos representaba la grandeza de Alemania y para otros el orden y la disciplina. Lo que han pretendido muchos autores al presentar a cada individuo como desideologizado es precisamente ese cuadro: la gente ignora los factores ideológicos que se encuentran detrás de los regímenes políticos, incluida la democracia. Cada persona tiene su propio significado de lo que es democracia. Por eso no fueron todos culpables del proyecto nazi; la mayoría ignoraba los matices más violentos contenidos en este.

LA ILUSTRACIÓN Y LA GUERRA
A partir de Las benévolas se plantea una crítica despiadada a la ilustración. La promesa sobre un mundo mejor en el siglo XVIII -fundada sobre el principio de autonomía- se destruyen cuando vemos una élite nazi bien informada y aficionada a la música clásica y que trama en silencio una industrialización de la muerte. Claro, la promesa de que a más racionalidad mayor autonomía y mejores decisiones no se cumple en este caso.

Ciertamente, la ideología nazi no es partidaria de la ilustración, sino de una ideología del volk (pueblo) alemán cuya encarnación es el líder. En la voluntad del líder está la voluntad del pueblo. Cualquiera diría, vistas las cosas desde cerca, que el nazismo, proviene de fuentes reñidas con la ilustración. Una de estas, el romanticismo alemán, aportaría mucho más a la construcción de una ideología voluntarista y nacionalista. ¿No fueron acaso los románticos europeos los impulsores morales de la construcción del Estado-Nación del siglo XIX? ¿No fue el romanticismo el encargado de fundar la idolatría al heroísmo? Era la voluntad sacrificada de los sujetos lo que decidía los momentos cruciales de la historia. En la iniciativa del genio, del excepcional, del señero, encontramos el punto de quiebre. El ideal del genio artístico se transformó políticamente en el Fuhrer incuestionable.

Sin embargo, los nazis le dieron cierto uso a la tecnología, tuvieron un lado moderno. No estaban del todo contra el progreso. La construcción de un terrorismo de Estado, precisamente el tema que más le interesó a Littell, es un producto moderno. La burocracia estatal y el mercado son las dos fuerzas que ocupan un rol protagónico en la modernidad, según Weber. El estado nazi era una construcción moderna en el sentido más riguroso.

Es fácil notar que las luchas intestinas en el Estado alemán corresponden con las luchas por el poder de cada líder nazi. Himmler contra Speer o Wermacht contra las SS, las luchas reflejan tendencias que desde puntos de vista más o menos radicales pretenden una hegemonía en el Estado.

UNA SOCIOLOGÍA DEL MAL
El mal nunca es sujeto, siempre es predicado. No es algo que podamos señalar como objeto. No existe el diablo; existen los hombres que realizan actos que se consideran malos. Esta visión que cualquier persona familiarizada con la filosofía encontrará fuertemente aristotélica, es más conveniente en la medida que se intenta discutir un acontecimiento histórico.

Se ha discutido acerca de la banalización del mal a partir de la crónica que Hannah Arendt escribiera sobre el proceso a Eichmann en Jerusalén. Para Arendt es difícil ver a Eichmann como un artífice del mal, sino que es más conveniente percibirlo como un simple burócrata que actuó dentro de un marco que ya estaba creado. Esta concepción nos habla de un mal normalizado.

Varios de los razonamientos contenidos en el libro nos arrojan por esta senda. Cuando el personaje central, Maximilien Aue, ve a Höss dirigiendo el campo de concentración de Auswicthz, lo percibe como un padre que simplemente cumple su rol protector. Peor aún, para el protagonista tal vez solo existen los vencedores y los vencidos y aquellos criminalizando a éstos por los acontecimientos históricos. Este es un principio difícil de aceptar para la civilización, ya que la justicia es un ideal que siempre hemos buscado.

El escritor en breve
Littelll Nació en Nueva York en 1967, en el seno de una familia judía que había emigrado a Estados Unidos desde Polonia. Realizó estudios en el Liceo Fenellon, en Francia, y en la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Fue activista de la ONG Acción Contra el Hambre y pasó una temporada llevando a cabo tareas humanitarias en la zona de Los Balcanes, hasta que en el 2001 deja su trabajo en la ONG y se dedica a escribir Las Benévolas. Otros libros suyos son: Bad Voltage (1989), novela de ciencia ficción de inspiración punk y The Security Organs of the Russian Federation (2001), este último disponible gratuitamente en Internet en la página http://www.psan.org/sommaire307.html.

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