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MILITANTES CON CÁMARAS

El cine de "Mayo del 68"

Por Ricardo Bedoya

LA MIRADA DE ANTOINE
Una imagen emblemática de Los 400 golpes (1959), de Francois Truffaut: el personaje principal, Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud), de 12 años, escapa del reformatorio y corre hacia el mar. La cámara, en largo movimiento de travelling, lo acompaña en su carrera.

Durante toda la película, Truffaut y los espectadores estamos de su lado, entendiéndolo, sin condenarlo. De pronto, el niño gira su rostro hacia el objetivo y la imagen se congela. Los 400 golpes pone todo en cuestión: la autoridad de la familia, el sistema escolar, el régimen penal para jóvenes en falta, es decir, el sistema, la sociedad. En el plano final, Antoine mira hacia la cámara y nos interpela. No hay conclusiones y todo queda abierto. Nace, entonces, la "Nueva Ola" francesa. Jean-Luc Godard, Francois Truffaut, Eric Rohmer, Jacques Rivette, Claude Chabrol, jóvenes críticos salidos de las páginas de la revista Cahiers du cinéma, desacreditan con sus filmes iniciales la importancia del aparato técnico sofocante de una industria anquilosada en beneficio del cine entendido como una suerte de diario íntimo o cuaderno de notas personales de su "autor". La rebelión contra el "cinéma de papa" empezó una década antes de mayo.

EL CASO LANGLOIS
La "ola" francesa rompe en las costas de todo el mundo. En Europa, Asia y América Latina surgen estilos alternativos a la industria, movimientos de ruptura, modos distintos de filmar. Y se rinde culto al cine como arte y expresión. El sentimiento de la época es la cinefilia, que concibe el pasado del cine como un patrimonio por revisar y descubrir. Directores norteamericanos de poco prestigio como Samuel Fuller y Nicholas Ray, al lado de veteranos a los que no se tomaba muy en serio en medios culturales, como Hitchcock y Hawks, se convierten en nortes de la expresión fílmica en desmedro de cineastas consolidados en la fama y el aprecio, ahora vistos como vejestorios académicos.

Las películas de Fuller y Ray, y de centenares de otros directores, se proyectaban en la Cinemateca Francesa, fundada en 1936 por Henri Langlois y Georges Franju. El placer cinéfilo del redescubrimiento del cine se irradiaba desde allí al mundo entero.

Pues bien, Langlois, director de la Cinemateca Francesa, hombre clave en la formación de la cultura fílmica francesa y, por qué no, universal, es destituido en febrero de 1968 por el Ministro de Cultura André Malraux, alegando deficiencias administrativas (probadas y ciertas).

Los cineastas franceses salen en su defensa. Directores de todo el mundo, como Hitchcock, Lang, Hawks, Dreyer, Losey, Kurosawa, retiran la autorización para exhibir sus filmes en una Cinemateca Francesa ajena a Langlois.

La resistencia a la destitución toma las calles y enfrenta a la policía. Realizadores, críticos, intelectuales, cinéfilos, gritan consignas y reciben las dosis respectivas de golpes y represión. Luego de algunos días de violencia, la destitución es revocada. Langlois es ahora una leyenda y su "affaire" se convierte en antecedente director de los sucesos de mayo.

MARX Y COCA COLA
Masculin-Feminin (1966) y La Chinoise (1967), de Godard, son reportajes sobre la juventud de mediados de los años sesenta, firmados por Godard. En ambas está Jean Pierre Léaud, el actor que nos interrogaba al final de Los 400 golpes.

Sus protagonistas son los "hijos de Marx y de la Coca Cola", alimentados con los signos de la cultura popular, modelados por el grafismo de la publicidad que aparece en los catálogos de moda y las revistas del corazón, cinéfilos soñadores, lectores desordenados, hijos de la burguesía próspera que, en busca de utopías de cambio, encuentran la más radical y coreográfica: la de los guardias rojos y los destacamentos revolucionarios de mujeres. Muchachos que juegan a encerrarse en los departamentos de sus padres para memorizar citas de Mao y proclamarlas luego en el campus de Nanterre. Un graffiti anarquista de mayo del 68 decía: "Godard, el más huevón ("le plus con") de los suizos pro-chinos".

LOS DÍAS DE MAYO
El 10 de mayo de 1968 se inaugura el vigésimo primer Festival de Cine de Cannes. Francia está semiparalizada por la masiva huelga. Las proyecciones del Festival se suceden hasta el 18 de mayo, día en el que irrumpen Godard, Truffaut, Claude Lelouch y Claude Berri, reclamando solidaridad con los estudiantes y obreros y la interrupción del Festival.

Los directivos de Cannes se rehusan a aceptar esa demanda, pese a que Alain Resnais y Richard Lester retiran sus filmes de la competencia y Louis Malle renuncia a su cargo de jurado. Para ganar la partida de la protesta, el presidente del Festival, Robert Favre Le Bret, ordena el inicio de la exhibición de Pepermint Frappé, del español Carlos Saura. Godard, Truffaut, el propio Saura y Geraldine Chaplin, esposa del español, se cuelgan de las cortinas de la sala para impedir la proyección. Se grita: "¡no proyección, revolución!" El Festival se suspende.

En los días previos y en los posteriores a la cancelación de Cannes, Jean-Luc Godard filma en las calles de París las manifestaciones de mayo, con una pequeña cámara de 16 milímetros. Lo mismo hace Chris. Marker. Ambos participan en los "Estados Generales del Cine", una asamblea de productores, realizadores, actores y técnicos que se reúnen para discutir nuevas formas de producción y distribución de las películas.

Postulan la muerte del autor burgués, el nacimiento de los colectivos o grupos fílmicos, la necesidad del "cine de intervención directa", la militancia con la cámara en la mano, la producción autogestionada y no "sometida a las reglas del lucro capitalista", la denuncia de la sociedad del espectáculo como una forma de control social, a la manera de Guy Debord. Se multiplican los discursos -algunos abstrusos y hasta patafísicos- y la contestación es general.

"No basta con hacer filmes políticos. Hay que hacerlos políticamente", es el lema de Godard. Es decir, ligándolos con el método del materialismo dialéctico para destruir la teoría idealista (abrazada por la "Nueva Ola, diez años antes) del cine como instrumento de registro de una realidad capaz de revelar nuevas dimensiones de lo visible. La realidad, afirma la nueva teoría, solo expresa la ideología dominante y la cámara de cine reproduce el modelo de la percepción burguesa. Las ficciones alienadas que salen de ella deben ser desmontadas. ¿Cómo? Destruyendo el relato, la representación realista, el esquema psicológico de encarnación de los personajes, la ilusión de la ficción. Saint-Just, Brecht y Althusser se encuentran en el camino.

A esas alturas, la "Nueva Ola", como movimiento, ya se extinguió. Más allá de algunas coincidencias, los "autores" siguen caminos creativos distintos, si no contradictorios. Nada une a la radical "pantalla en negro" de Godard con la ternura de Charles Trenet abriendo Besos robados de Truffaut o con los dilemas amorosos del especialista en Pascal que protagoniza Mi noche con Maud, de Rohmer.

PASOLINI: LA MIRADA INCÓMODA
Aguafiestas y espíritu disolvente, hombre de izquierda, incómodo y hereje, Pier Paolo Pasolini publicó a mediados de junio de 1968 un poema llamado "Los odio, queridos estudiantes", aludiendo a un choque entre estudiantes y policías italianos en Valle Giulia. El director de Saló, los 120 días de Sodoma, dijo: "Tienen cara de hijos de papá / Los odio como odio a vuestros papás (.) Cuando ayer en Valle Giulia tuvieron un choque con los policías/ yo simpaticé con los policías / Porque los policías son hijos de pobres".

EL NIÑO SALVAJE
En 1969, Truffaut filma El niño salvaje, basada en la crónica del Doctor Itard, médico del Siglo de las Luces que se encarga de la educación de un niño encontrado en un bosque, con rasgos de animalidad. Itard, encarnado por el propio Truffaut, le abre las posibilidades de lo humano, a fuerza de paciencia y dedicación. Es el gran elogio de Truffaut a la educación tradicional, a la transmisión de conocimientos, a la relación afectiva entre maestro y alumno. Gesto político del director en un momento de rechazo y cuestionamiento a la idea misma de Magisterio.

LA RESACA DEL 68
En La mamá y la puta (1973), de Jean Eustache, Alexandre (una vez más, Jean-Pierre Léaud) ve como fracasan sus expectativas amorosas frente a tres mujeres. Él les habla, caminando por el Barrio Latino, o en las mesas de sus cafés, de las utopías del amor de a tres, de la libertad individual y sexual que no admite restricciones, del pasado en el que todo era posible. Ellas le demuestran que ya nada es posible, que su utopía es una fijación infantil y que la náusea domina en el retorno a la "normalidad" que emprendieron todos los antiguos "copains". Eustache, director de esta cinta fundamental, se suicidó el 3 de noviembre de 1981, a los 42 años.

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