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SU TESIS DE DOCTORADO

Travesías en De lo barroco en el Perú

Por Carlos Batalla

Puede decirse que el azar y los buenos oficios de algunos amigos permitieron que en 1968 se publicara, por fin en libro, la tesis de doctorado de Martín Adán, De lo barroco en el Perú, que sustentó en 1938 en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Se cumplen, pues, 70 años de la presentación de la tesis y 40 años de la primera publicación en formato libro. El texto merece hoy una relectura crítica y desprejuiciada, que ponga el acento más que en su aporte a la historiografía literaria nacional, en su manera de leer la poesía de cualquier tiempo, sin miedo a la intuición y al método propio.

El libro vivió, como se deduce, la más larga travesía editorial, con numerosas enmiendas, rectificaciones y ampliaciones del propio autor, quien nunca se sintió totalmente complacido con la última versión a la mano. A ello se sumaron las inconstantes publicaciones por número en distintas revistas como El Mercurio Peruano y Cultura Peruana, entre 1939 y 1951.

Pero el primer intento de verlo en libro data de 1948, cuando Luis Alberto Sánchez era rector de su alma máter, San Marcos, y tuvo en sus manos los originales que pensaba publicar. Lamentablemente, el mismo autor los retiró frustrando dicha edición. Tuvieron que pasar 20 años más, desde esa fecha, para que justamente Sánchez propusiera la edición del volumen con los últimos cambios del mismo Martín Adán. Era 1968, y nuevamente Luis Alberto Sánchez había asumido el rectorado sanmarquino.

El rector, por pedido expreso del poeta, encargó la edición a Edmundo Bendezú Aibar, quien un año antes, en 1967, había obtenido el doctorado con una tesis sobre la obra de Martín Adán.

La tesis -que para algunos es más un ensayo- intenta abordar un amplio corpus literario vinculado directamente con el estilo barroco, pero también con una inclinación natural hacia lo romántico, términos que para Martín Adán no eran incompatibles, en tanto el primero era la concreción verbal de un impulso vital que tenía que ver con lo segundo. Lo interesante, sin embargo, es apreciar la manera en que este "estudio literario" se relaciona con la propia literatura. La naturaleza de esa relación es académica, ciertamente, pero la intención del autor podría decirnos más de él mismo, como veremos más adelante, que del conjunto de autores algo arbitrario que llegó a proponer el poeta al jurado sanmarquino. A pesar de sus vínculos literarios con la vanguardia de entonces, por esos años de finales de la década de 1930 Martín Adán vivía también la influencia del historiador José de la Riva Agüero (1885-1944), de quien fue alumno libre en un curso que este dictaba en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). No había joven intelectual peruano, sobre todo limeño de entonces, que no tuviera algo que ver con la figura egregia del maestro católico.

El poeta le agradece a Riva Agüero sus enseñanzas y su ejemplo magistral en la introducción, por ello quizás algunos consideren a esta obra conservadora y hasta aristocratizante; más allá de los adjetivos, se trata de un trabajo con objetivos claros: presentar una literatura nacional influida por lo hispánico, y en ella misma hallar "el ser cultural del Perú", como lo anota Edmundo Bendezú en su citada tesis.

El discurso académico de Martín Adán no fue ajeno -consciente o inconscientemente- a cierta ideología ligada a raíces conservadoras, pero tampoco, y es justo decirlo, fue indiferente al rigor filológico y a la belleza de la expresión. Aquella retórica que se le achaca, sin dejar de ser real, no terminó de anular sus propios principios críticos frente a la tradición literaria. Porque lo que hace el poeta es hablar de literatura peruana desde la literatura y sus propios parámetros de composición.

El libro fue, como lo intuyó en su momento Luis Alberto Sánchez, una manera de ubicarse en el panorama poético tradicional en el que el vate deseaba insertarse. Era como saberse parte de algo que va más allá de uno mismo. El desaparecido rector sanmarquino anotó: "Tal vez sin darse cuenta de su verdadero propósito, descendió al infierno de lo barroco para apoderarse de su propio infierno y trazar coordenadas, bisectrices, paralelos y tangentes en el curso de su recorrido".

Esa aseveración crítica es aguda y no desencaminada. A partir de ella, se puede leer la tesis no solo como un cúmulo arbitrario de autores que van desde Miramontes, Amarilis y Olavide hasta Palma, Chocano y Eguren, pasando por Melgar, Pardo, Segura, Althaus, Arona y "los bohemios" (estos casi un capricho de empatía literaria), sino enfocándola en el valor que puede significar dentro de la obra completa del poeta.

Si obviamos sus numerosas observaciones eruditas en torno a la obra de sus elegidos, en una especie de "antología personal" de la literatura colonial, republicana y contemporánea (esta última fase desesperadamente limitada a Chocano y Eguren), nos podríamos quedar con lo sustancial de una suerte de "propuesta poética", donde el ser del poeta se realiza plenamente en su formación y conocimiento de la gran tradición clásica, que vendría a ser el punto clave de su performance lírica.

Desde temprana edad, Martín Adán sabía que la preparación poética y retórica requería de un profundo estudio de los clásicos (Aristóteles y su Poética y Horacio y su Arte poética); pero también no llegaba a comprender una poesía moderna, de hoy, sin el vuelo intenso de las imágenes que daban frescura a las preceptivas literarias. Por ello es que, a la vez, se sentía cercano a un Riva Agüero tanto como a la vanguardia europea y latinoamericana que empezaba a conocer y admirar.

El profesor Bendezú cita en su tesis una hermosa frase del inglés T.S. Eliot: "La torre de marfil se ha convertido en laboratorio", refiriéndose a Paul Valery. Nosotros, desde aquí, podríamos decir lo mismo del autor de La casa de cartón.

En síntesis, ¿qué es De lo barroco en el Perú? Para el desenfadado Luis Alberto Sánchez no es ni tratado científico ni trabajo académico, es un "capricho", expresión fuerte, pero que él asumía como uno de naturaleza brillante, con estilo "genuino y clásico". Para el egregio crítico, la densa tesis del poeta sirve para "mecer sonrisas de plácido regusto, a veces para entregarnos a la ironía, a veces para ejercitar el ensueño, a veces para avivar la reflexión, a veces para cotejar juicios, y siempre para disfrutar de un estimulante espectáculo (.), y mantenernos en alerta contra el adocenamiento y la rutina".

Puede ser eso, pero es también mucho más: es un texto que, como dijimos al comienzo de esta nota, requiere de una nueva disposición interpretativa. Porque la poesía no suele andar atada a un volumen. Es más libre de lo que pensamos. Y Martín Adán o Rafael de la Fuente Benavides, lo entendió así. Tan claro y tan sencillo, así lo haya expresado en su antojadizo y genial barroquismo.

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