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CRÓNICA.UN DÍA CON HUGO CHÁVEZ

El chico malo llegó a portarse bien

Lejos del estrépito y la bravuconada, el mandatario venezolano se paseó por la cumbre controlando sus ímpetus. Solo el tema Uribe lo sacó momentáneamente de sus casillas

Por Renato Cisneros

Perseguir ayer a Hugo Chávez fue como hacer deporte de aventura involuntariamente. Desde la mañana hasta la noche, yendo de Miraflores a San Borja ida y vuelta, completamos doce horas de adrenalina concentrada.

Cuando él avanzaba en auto, escoltado por un séquito de seis camionetas polarizadas, había que pisar el acelerador hasta que la aguja del velocímetro temblara. Cuando estaba guarecido en el hotel, había que espiarlo sigilosamente, circulando por el lobby en puntas de pie para evitar ser fumigado por los hombres de seguridad. Y cuando se movilizaba a pie por los distintos ambientes del Museo de la Nación, había que hacer atletismo para alcanzarlo a tiempo.

Por si fuera poco, cada vez que los periodistas queríamos robarle una declaración teníamos que filtrarnos debajo de un grueso cordón de mastodontes clonados: todos con peinado militar, un auricular en el oído izquierdo y una cara con la que parecían decir: "Apenas tenga una oportunidad, te mataré".

Desde el punto de vista político, Chávez trató de no avivar la riña mediática que sostiene con su par colombiano Álvaro Uribe. Dijo que no tenía nada que hablar con él, aunque al final --hincado por la prensa y acaso traicionado por su temperamento-- soltó duros comentarios del tipo: "Uribe es el pregonero de la desunión", "Uribe es el que tira piedras y bombas", "Colombia se está quedando aislado en este continente", "todos estamos bien, menos ellos", "Colombia es el show vergonzoso, la mentira, la manipulación, qué lástima que caiga tan bajo".

Felizmente, Chávez dedicó más tiempo a comentar una serie de interesantes iniciativas. Propuso un fondo para producir alimentos y medicinas para los pobres de América; habló de combatir y erradicar el hambre de esta parte del mundo; y comentó los diferentes avances bilaterales de su gobierno: 1) una alianza con Brasil para disminuir los niveles de pobreza, 2) una serie de acuerdos energéticos con Bolivia, 3) el canje de insumos agrícolas por combustible con Argentina, 4) y tratos con Ecuador para inaugurar muy pronto una refinería en ese país.

EL OTRO HUGO
A pesar de su fama de antipático, Chávez fue uno de los mandatarios que mejor aprovechó las instancias de negociación con otros jefes de Estado. Charló largo rato con el primer ministro francés, luego con el jefe de Gobierno de Austria, y con el presidente del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero.

Y aunque se especuló mucho respecto del altercado verbal que tuvo la semana pasada con la canciller alemana Angela Merkel, fue el propio Chávez quien se encargó de apagar ese incendio.

"Me dio mucho gusto darle la mano. Me acerqué, le dije: 'Si dije algo muy duro, perdóneme, aquí está mi mano', y todo quedó bien. Le di dos besos. Ella luego me invitó a Alemania".

En otro pasaje de la tarde, el polémico venezolano saludó muy afectuosamente a Fernando Lugo, presidente electo de Paraguay, con quien guarda afinidades ideológicas.

"Eres joven. Te ves más viejo en televisión", le bromeó.

Luego, aprovechando la fugaz presencia del boliviano Evo Morales en las inmediaciones, felicitó al sonriente Lugo y lo invitó para trabajar junto con ellos.

"Tenemos un indio (Evo), un soldado (él) y un economista (el ecuatoriano Rafael Correa). Nos faltaba un obispo. Así que cuente con nosotros modestamente. Eso sí, no queremos rayarlo, aquí estamos los chicos malos", le advirtió socarronamente Chávez.

Con modales más suavizados de los que se esperaba y con un buen humor que le concede cierto innegable carisma, Chávez comentó que la primera vez que vino a Lima era un cadete de 18 años. En esa ocasión, recordó, visitó Palacio de Gobierno y conoció a Juan Velasco Alvarado.

"Le rindo tributo a la memoria de ese gran soldado revolucionario", afirmó, aunque le reventó cohetes a una polémica medida como la reforma agraria.

Según contó, no solo intimó con Velasco Alvarado en aquella primera visita. "La pasamos muy bien aquella vez. Recuerdo que paseábamos en coche por el Callao. Es más, ahí tuve una novia. Se llama Elena, pero ahora ya debe ser una abuela, como yo".

Chávez es un tipo muy curioso. De acuerdo con el testimonio de un trabajador del hotel Casa Andina, el venezolano reservó los pisos 16, 17 y 18 del edificio, y ni bien llegó la madrugada del viernes ordenó que le suban 4 botellas de whisky etiqueta azul a su habitación. Además, llenó su cuarto con varias cámaras de vigilancia y pidió que sea su cocinero personal el único que le sirviera alimentos. La fuente asegura que llevó dos perros pequeños y también un cuadro enorme de su ídolo: Simón Bolívar .

Sobre la medianoche, el calmado y risueño Chávez regresó a Caracas. Seguramente pasará poco tiempo antes de que vuelva a interpretarse a sí mismo.

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