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EN VIVO. Whitesnake en Lima

Rock en el paraíso de la serpiente

LA BANDA DE DAVID COVERDALE ARMÓ UNA NOCHE DE PODER Y SENSUALIDAD EN EL ANFITEATRO DEL ESTADIO NACIONAL. UNO DE LOS MEJORES CONCIERTOS EN LO QUE VA DEL AÑO

Por Rafael Valdizán

Fue imposible no caer en la tentación. La manzana tendida por la serpiente fue irresistible y convirtió el anfiteatro del Estadio Nacional en un edén de rock and roll, frenético, sensual; en una plataforma de hedonismo insaciable (¿quién no quedó con ganas de más?). Lo de Whitesnake en Lima llegó al corazón y mereció, cómo no, un mejor marco de asistentes (¡lo que se perdieron!).

Nueve de la noche del martes 20. Sin prolegómenos, la rauda salida a escena del guitarrista Reb Beach nos tomó por sorpresa. Entonces giramos la mirada hacia el centro de la tarima: segundos después, David Coverdale aparecía por primera vez ante miles de ojos peruanos y de ahí en adelante todo fue una sinfonía de motores encendidos.

El ex vocalista de Deep Purple estuvo en buena forma, sin rezagos de una laringitis que obligó a la banda a cancelar el concierto en Chile. Jugó con el parante del micrófono como una alegoría fálica (coreografía típica del británico), derrochó energía y manejó a la platea con toda la cancha de un zorro viejo que se las sabe todas.

El inicio fue con "Best Years", de su nuevo disco, a la que siguieron muestras históricas como "Fool for Your Loving", "Love Ain't No Stranger", la inevitable balada "Is This Love" (que Coverdale dedicó a Mel Galley, antiguo guitarrista de Whitesnake, que hoy padece de cáncer y tendría poco tiempo de vida), "Guilty of Love", "Crying in the Rain", entre otras, matizadas con un solo a doble guitarra, cortesía de Beach y Doug Aldrich, y uno de batería del cumplidor Chris Frazier. (Nos gustó mucho "Ain't No Love in the Heart of the City").

A casi dos horas de iniciado el concierto, Whitesnake entregó dos piezas que culminaron la noche con el termómetro disparado hacia arriba: "Still of the Night" y "Burn" (del repertorio de Deep Purple) con un breve interludio en el que sonaron las notas de "Stormbringer".

Para entonces las gargantas ya estaban desgarradas, las manos doloridas de tanto aplauso, las palpitaciones que bombeaban a mil y la sensación de que una vez más habíamos asistido a una cita irrepetible.

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