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La otra pobreza por combatir, con metas y plazos

Por: Juan Paredes Castro |

La política se ha convertido en el Perú en el oficio más fácil y relajado que se haya visto alguna vez. No tiene exigencias que padecer ni rendición de cuentas que brindar. Es más: quienes podrían mejorarla, desde el sitio ideal para hacerlo, el Congreso, la empobrecen cada vez más.

Para colmo de la ironía, ahora que no hay nada que no tenga metas y plazos, desde el crecimiento económico hasta el cambio climático y la alfabetización, justo la llamada a definir la suerte de tales metas y plazos, es decir, la política, carece de metas y plazos propios.

Digámoslo de otra manera. Todas las actividades de la vida nacional buscan sus propios escalones de ascenso. La política, con todas las responsabilidades que tiene encima, prefiere estar en la calle. ¡Y se lo permitimos!

¿Cómo entonces pensamos en empujar un crecimiento del 7% al 9% de aquí al 2011, con metas y plazos de inversiones altísimas, si el desempeño político del país no se ha impuesto ni le han impuesto ninguna unidad medible de producción ni de competitividad?

El rechazo legislativo al voto voluntario es una vuelta a la vieja política, reclutadora y clientelista, y un favor inmenso que la supuesta clase partidaria pensante y liberal, como la que constituye Unidad Nacional, le hace al antisistema, que sí necesita del voto obligatorio, para luego, con él en el bolsillo, secuestrar la democracia y reemplazarla por cualquier autoritarismo estatista y populista, inclusive prestado de Hugo Chávez.

Todo lo que representa la agenda de perfeccionamiento de la política en el país, como el voto voluntario, la bicameralidad, las elecciones primarias democráticas en los partidos, la fiscalización del financiamiento de estos y el aporte del Estado a su capacitación y desarrollo, es la quinta rueda del coche en el Congreso.

Como muchos de los que han llegado a ocupar un sitio en este poder del Estado lo han hecho a través del corruptor voto preferencial, o de elecciones partidarias más amañadas que reales, o de campañas de promesas que nunca serán honradas, no tienen ni sienten la mínima voluntad de cambiar las cosas en la política. Por el contrario, constituyen la barrera infranqueable de todos los proyectos de reforma constitucional planteados a favor de un sistema político realmente eficiente y decente.

¿Acaso el descuido y la irresponsabilidad de la política no son configurantes de la extrema pobreza huancavelicana, a la que los partidos seguirán arrancándole un voto obligatorio sabe Dios para qué?

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