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PARA NO PERDER EL TREN DE LA HISTORIA

No nos entendemos

Por Eduardo Gómez de la Torre. Arquitecto

Así es, efectivamente, no nos entendemos (somednetne son on). Básicamente, no tenemos la disposición para hacerlo, dado que ya ni nos escuchamos, y mucho menos leemos. Y lo más grave es que cuando nos damos el tiempo y hacemos el esfuerzo por leer, la mayoría de los peruanos no entendemos el contenido de lo que estamos leyendo; y no me estoy refiriendo a los escolares que fueron sometidos a objetivas pruebas en años recientes.

Parapetados en nuestras propias ideas y posiciones, nos cerramos a las ajenas, en una posición similar a la de la fábula de los ciegos que describían a un elefante: aquel que tocó la trompa aseguraba que era como un tubo, mientras aquel que abrazó una pata lo comparaba con un tronco, y el que palpó la oreja aseguraba que parecía a una hoja de palmera, aunque el que tocó el colmillo aseguraba que se asemejaba a una espada, cada cual proponía 'su verdad' limitada en lugar de colaborar en la búsqueda de 'la verdad' entre todos, aportando sus percepciones y complementándolas con las de los otros, que muchas veces por su ubicación o situación ven lo que nosotros no vemos.

Además, y para agravar la situación, no prestamos atención a lo que se supone que estamos escuchando; es decir, oímos pero no escuchamos, no ponemos atención a lo que se nos está comunicando: miramos a la persona, sentimos el ruido de las palabras que está emitiendo, pero estamos pensando en 'otra cosa', o estamos preparando una respuesta que ya teníamos 'prefabricada' o 'enlatada' para contestar rápido, sin siquiera haber terminado de escuchar... 'no tenemos tiempo para eso...', mientras otros, peor aún, se creen muy ágiles mentalmente, muy 'inteligentes', por contestar cualquier pachotada con rapidez en tono contundente y con expresión de solvencia. Esto no es un problema nuevo, hace ya más de dos mil años. En el libro de los Proverbios se puede leer el versículo: "Es una necedad y una vergüenza responder antes de escuchar" (18:13).

Vivimos ensimismados o atolondrados por haber concentrado nuestro interés en un solo tema, materia o persona (que puede incluso ser uno mismo --egocentrismo--), o por estar totalmente dispersos, fragmentados, desintegrados, en un permanente aturdimiento causado por el ruido o desorden interno y externo que nuestra situación pluricultural fomenta y promueve, generando condiciones de inestabilidad debido a la simultaneidad y diversidad de código que dificultan la comunicación y el entendimiento, llegando a una situación aun más compleja que la anecdótica, simbólica y bíblica Babel.

En este contexto, creo que deberíamos darle prioridad a la solución del problema de la comunicación que, a mi entender, constituye una amenaza mucho más cercana y directa para la desintegración de nuestra sociedad y cultura o, más claramente, sociedades y culturas que 'el calentamiento global' que, además, estoy seguro de que podríamos enfrentar en mejores términos una vez que resolvamos el problema de la comunicación y búsqueda de un mejor entendimiento, de nuestra interculturalidad, escuchando con atención y disposición los mensajes de 'los otros' para así poder también entendernos mejor a 'nosotros'; es decir, tener conciencia de quiénes somos y qué podríamos ser, si nos escucháramos y entendiéramos mejor, respetando y valorando nuestras diferencias, puesto que esta diversidad cultural constituye nuestra riqueza, fortaleza.

Esto último es sabiamente reseñado por José Ignacio López Soria en su provocadora recopilación de ensayos bajo el título "Adiós a Mariátegui", que como oleadas sucesivas impactan nuestra sensibilidad.

Escuchar con atención y buena disposición a los demás nos permitiría, además, entendernos mejor a 'nosotros' mismos, situándonos correctamente en relación a los demás.

Tenemos que desarrollar rápidamente la voluntad y disposición, no diré de 'amar al prójimo', pero por lo menos de dar un primer paso escuchándonos, puesto que si seguimos siendo 'sordos', seguiremos siendo 'ciegos' y 'mendigos' y, lo más triste, seguiremos 'sentados', pero ya no sobre un mítico 'banco de oro' sino sobre una real bomba de tiempo, perdiendo así nuevamente la oportunidad que nos presenta una serie de circunstancias favorables externas e internas que, como rara convergencia astrológica, difícilmente se volverán a presentar y que le han costado literalmente 'sangre, sudor y lágrimas' a muchísimos peruanos. O nos ponemos de pie y nos subimos, y despegamos ahora o habremos perdido el tren de la historia, no habrá 'buenos' o 'malos', 'ganadores' o 'perdedores', toda nuestra generación será responsable por lo que hoy no supimos, pudimos o quisimos hacer.

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