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Delirio

EXPRESIONISMO FIGURATIVO DE GRAN BELLEZA Y ENVOLVENTE AGRESIVIDAD TONAL EN "FISCHBLUT"

Por Alberto Revoredo

Una diferencia cardinal entre el ojo de un pez y el ojo humano es que el primero carece de párpado, ello implica que el animal acuático, aunque lo desee, no puede dejar de ver los objetos que lo rodean. La otra es que, al enfrentarse a un ambiente acuoso, su sangre debe fluir más lentamente, como en un viaje lisérgico (de ojos abiertos).

Es ese mismo pez el que irrumpe en "Fischblut" ("Sangre de pez"), un pequeño dibujo a tinta de Gustav Klimt, en el que húmedas y lascivas ninfas discurren, serenas, boca arriba, entre pútridas aguas. Inspirado en esa ilustración y tomando el plasma prestado, José Luis Carranza inaugura hoy, a las 7:30 p.m., en la galería Moll (Av. Larco 1150, Miraflores), su tercera muestra individual.

En terrenos mundanos como un mercado, el pez yace sobre una tabla, con los ojos abiertos, mientras su sangre chorrea por las canaletas y se mezcla con otros restos, agua y nauseabundos despojos dentro de las subterráneas tuberías. Ello se asemeja --como dice Carranza-- al color final de la trementina y del aceite de linaza después de un día de trabajo en el taller: suero cambiante que engaña a la vista, suero surreal y maloliente acumulado en el fondo de una jeringuilla hipodérmica.

El artista inyecta esa combinación letal sobre sus lienzos y da vida a las más increíbles criaturas: furiosos trompetistas, cándidas niñas y animales de mirada nada amistosa, insectos, liebres, bocas, caras macilentas de movimientos desarticulados. Todos, confrontados en situaciones psicológicas, religiosas, sexuales, que desencadenan encierros, persecuciones, delirio, histeria pura. "Como si estuvieran bajo una sobredosis de calmantes", ironiza el talentoso pintor limeño.

"Lo que busco son asociaciones libres y expresivas formas que se mimeticen con mi propia vida y con la vida de los demás. Una fragmentación que se funde en el suero final, fluidez y mutación de las formas, antídoto eficaz contra la peste de la realidad más ordinaria", explica Carranza.

La pintura --dilucida José Luis--, al igual que un embrión de canguro, se abre camino por sí sola; se arrastra, repta, gatea, avanza penosamente en medio de la inmundicia hasta llegar al saco materno o a lo que muchos vemos como un lugar lejano, el ideal absoluto, el núcleo, el origen de toda idea y toda acción; "Fischblut", una vez más, es el término adecuado para redondear este concepto.

"La pintura, mi pintura, no dejará de ser un cúmulo de tentativas en estado larvario", dice el creador de esta convulsiva fábula.

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