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A FAVOR DE LOS TRANSGÉNICOS

No se sabe si causen daño

Por Ernesto Bustamante. Colegio de Biólogos del Perú

Recientemente asistí, como miembro del Consejo Directivo del Conam, a la presentación de Antonio Brack como ministro del Ambiente y le formulé públicamente una pregunta respecto de sus planes para impulsar la biotecnología ante los estragos del cambio climático. El ministro destacó la importancia de la ingeniería genética y respondió que no quería ver a peruanos enfrentados contra peruanos, puesto que la biotecnología moderna tenía en el uso de los transgénicos un arma potencialmente útil contra el cambio climático.

Al día siguiente, El Comercio publicó declaraciones del Ministerio de Agricultura en las que anunció que, en una reunión celebrada en Bonn, el Perú había defendido exitosamente una posición soberana al no apoyar una postura (fundamentalmente de países atrasados del África) en el marco del obsoleto Protocolo de Cartagena, mediante la que se concedería jurisdicción supranacional a sanciones posibles contra --hasta ahora imaginarios-- daños no definidos del movimiento transfronterizo de organismos genéticamente modificados. Esta no fue una posición solitaria del Perú sino que fue acompañada por Japón y Paraguay, y cuenta con el respaldo explícito de otros, como Estados Unidos y Canadá (con quienes nos vinculan tratados de libre comercio), Australia, países europeos y sudamericanos (excepto Bolivia, Ecuador y Venezuela).

No obstante, en las pasadas semanas se desató una campaña mediática, plena de insultos y ataques ad hóminem, pretendiendo desacreditar al representante peruano que sustentó la posición nacional en Bonn. Se presentó el tema como si Alexander Grobman --distinguido científico peruano con larga y brillante trayectoria-- hubiera actuado motivado por una subalterna vinculación (inexistente, por cierto) con empresas multinacionales.

Transgénesis es la introducción permanente de características deseables a plantas o animales. Es esencialmente lo mismo que hace la naturaleza mediante la evolución de las especies, solo que con la biotecnología esto ocurre en meses y no siglos. Se puede introducir genes que confieren resistencia a plagas, heladas y sequías. Precisamente el uso de la biotecnología nos permitirá desarrollar variedades transgénicas resistentes a los cambios en el ambiente que inevitablemente afectarán nuestra agricultura. Esto es crítico para asegurar nuestro aprovisionamiento de alimentos. Nuestra respuesta adaptativa como sociedad no puede hacerse en siglos, sino en pocos años; de otro modo pereceremos.

El 80% de la soya y del maíz cultivado en el mundo tiene modificaciones transgénicas que confieren propiedades que redundan en enormes beneficios para los agricultores y las economías de sus países. Ya son 27 países los que siembran transgénicos en el mundo (por ejemplo, EE.UU., Canadá, Australia, Argentina, Brasil, Colombia, España, Francia, Cuba, India, China, Paraguay y, recientemente, El Salvador). Contrariamente a los mitos, hasta hoy no se ha demostrado ningún daño a la salud, ambiente o biodiversidad.

Los transgénicos se han politizado y convertido en bandera de guerra de las ONG antitodo y especialmente de organizaciones no representativas de consumidores, enemigos políticos del desarrollo empresarial y la globalización y --peligrosamente-- de asociaciones de productores y hasta de consumidores de hoja de coca. Hay varias ONG que han hecho de su oposición visceral a los transgénicos un lucrativo modo de vida.

La mitad de los productos procesados de los supermercados es transgénica; nuestros pollos comen maíz transgénico. Oponerse a los transgénicos es tan descabellado como oponerse a los celulares. Los transgénicos están en el Perú desde hace años.

Pero hay que ser no solo consumidores sino productores de nuevos transgénicos que nos confieran seguridad alimentaria ante la inminencia de los estragos climáticos. La regulación de su uso debe hacerse por científicos peruanos. No permitamos que la seguridad alimentaria y el desarrollo tecnológico del Perú sean afectados por ONG financiadas por poderosos intereses extranjeros.

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