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ESPECIAL. Alejandro Yori, In memoriam

Las pasiones de un cronista

UN SEÑOR COMO LOS DE ANTES. CULTO, SENSIBLE Y GENEROSO. RECIENTEMENTE FALLECIDO, EL PERIODISTA DE EL COMERCIO ERA UN HOMBRE DE PASIONES Y DE COMPROMISOS CON NUESTRA CULTURA. AQUÍ NUESTRO HOMENAJE

Por Daniel Roca Alcázar

Es difícil resumir en pocas líneas una vida tan larga y fructífera como la que tuvo don Alejandro Yori, uno de los personajes más conocidos de nuestro medio cultural, muy activo colaborador del diario El Comercio. Un señor como los de antes. Una persona culta, muy generosa, sensible, que prodigaba enseñanzas y consejos por doquier. Periodista, gestor cultural, cronista, observador de ingenio agudo y sutil. Poseedor de un oído tan fino que podía diferenciar con seguridad una nota de otra. Decía con admirable certeza "ese es un Mi sobreagudo" o aquel "un Re bemol".

Había nacido en la soleada ciudad de Paita y luego de aprender sus primeras letras en Salaverry llegó con su numerosa familia a Lima para proseguir sus estudios en el colegio San Agustín. Desde muy joven tuvo gran inclinación por las letras y por el arte en general. Sus pasiones eran la música, la actuación y la danza, se vinculó durante muchos años con la Asociación de Artistas Aficionados y tuvo a su cargo la organización de numerosos eventos culturales.

Por largos años fue el responsable principal de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Lima y bajo su atenta mirada nacieron y crecieron la galería Pancho Fierro y el museo del Teatro Segura, este último constituido con material de su copioso y extraordinario archivo personal. Tuvo una importante participación en la tarea de reconstruir el Teatro Municipal del Callao, al que se rebautizó como teatro Alejandro Granda, en honor del tenor chalaco con quien tuvo una gran amistad. Fue muy amigo de Chabuca Granda, Mocha Graña, Ricardo Roca Rey y destacadas personalidades internacionales, como las primeras bailarinas Alicia Alonso y Maya Plisetskaya, así como del legendario Alfredo Kraus, por quien sentía una enorme admiración: "un caballero, un gran señor de la escena", escribió Yori sobre el tenor español.

Lo recuerdo en las tradicionales temporadas de ópera de "Prolírica" dirigidas por el tenor Luis Alva, haciendo observaciones específicas sobre la cadencia de la orquesta, o el color de una voz que encontraba excepcional o la intención del iluminador sobre un cuadro romántico de piezas como "La Traviata" o "Lucía di Lamermoor". Era también un hombre de convicciones y pasiones hasta sus últimas consecuencias. Resultaba difícil mencionar un punto contrario sobre algún cantante que él amase si no se esgrimía un argumento conciso y convincente. Entre sus intocables estaban el ya mencionado Alfredo Kraus, los tenores Nicolaj Gedda, Franco Corelli, Jan Kiepura o José Mojica. Ellas eran, invariablemente, Lily Pons, María Callas, Victoria de los Ángeles, Beverly Sills y Jeanette MacDonald. Pero también amaba las voces populares, como Pedro Vargas, Imperio Argentina y sobre todo Libertad Lamarque, "la artista más profesional y querida del continente", decía, a quien conoció en Lima en el lejano 1935 cuando ella debutó en el teatro Segura.

Uno se podía pasar horas escuchándolo en sus interesantes anécdotas sobre los inicios de las carreras de las grandes figuras del espectáculo nacional, como Luis Alva, Ofelia Montesco, Alicia Maguiña, Yma Súmac, Ricardo Blume o Saby Kamalich. Tuvo la oportunidad de alternar con los artistas más grandes de la escena. Son memorables sus entrevistas con genios de la interpretación, como Vittorio Gassman, Vivien Leigh y Jean Louis Barrault. Amaba profundamente el cine, especialmente las películas en blanco y negro. No ocultaba su admiración por las bellezas latinas de Dolores del Río y Lupe Vélez, o las divas hollywoodenses, como Joan Crawford, Greta Garbo y Marlene Dietrich.

Yori fue jurado imprescindible en concursos de canto y danza, y cuando hace unos años cumplió sus bodas de oro como cronista de espectáculos, recibió homenajes por doquier. Argentina, Chile, Cuba, México le hicieron llegar pergaminos y reconocimientos por una trayectoria que podemos considerar única en nuestro medio. Luchador incansable, batalló hasta el final para que el arte y la cultura fueran vehículos accesibles a todos los sectores del público. Hace unos días partió para siempre, casi en silencio con una modestia muy suya. Nos ha dejado muchas enseñanzas que permanecerán en el tiempo. La más importante: el amor y el respeto por nuestras tradiciones, por nuestra cultura.

Sería provechoso para las nuevas generaciones que se recopilara y publicara el numeroso material que escribió a lo largo de estos años y, en especial, una historia del espectáculo en el Perú que habría terminado de redactar hace algunos meses. Don Alejandro Yori supo granjearse la admiración, el respeto y el afecto de todos. Deja un vacío muy significativo entre nosotros. Sinceramente lo vamos a extrañar. Fue uno en un millón. Un hombre imprescindible.

MUSEO MUNICIPAL DE TEATRO
Cuarenta años protegiendo la memoria de nuestro teatro
Inaugurado el 26 de julio de 1966 y situado en el primer piso del teatro Segura (jirón Huancavelica 265, Lima), el Museo Municipal de Teatro fue una gestión de don Alejandro Yori Ringold, quien sería su director por más de 24 años. Alberga la más amplia colección de artículos de grandes intérpretes nacionales e internacionales incluidos compañías de ballet, ópera, folclor, etc. y el más completo registro de la actividad teatral local, entre estos una interesante colección de obsequios y recuerdos valiosos de artistas que actuaron en nuestros más prestigiosos teatros.

Considerado en su época como el mejor de Latinoamérica, el museo fue tomado como modelo por instituciones de distintos países. Además ha servido de fuente de consulta a escritores e investigadores de distintos países.

En la colección del museo pueden encontrarse piezas tan curiosas como las zapatillas de la famosa bailarina cubana Alicia Alonso, los zapatos de la inigualable bailarina de flamenco Carmen Amaya y la batuta del maestro Arturo Padovany, quien dirigiera a los músicos en la inauguración del teatro Forero (más tarde denominado Teatro Municipal). También se exhiben la batuta y el piano de la famosa artista Rosa Mercedes Ayarza de Morales, primera artista peruana que dirigió una orquesta. Asimismo, atesora una valiosa colección de álbumes fotográficos, en los que sobresale la fotografía de Ana Pavlova, dos álbumes fotográficos y discos de dos óperas completas que grabó el insigne tenor chalaco Alejandro Granda, o la fotografía auténtica del autor de la letra del Himno Nacional, José Bernardo Alcedo.

Entre sus más célebres visitantes figuran la famosa crítica francesa Irene Lidova, la crítica norteamericana Ann Barzel, el estudioso teatral argentino Luis Ángel Torres, el director de cine Luis Salavsky, la bailarina cubana Alicia Alonso, el famoso actor italiano Vittorio Gassman, el pianista Glorgy Sandor, así como el director de teatro español José Osuna.

MEMORIA CRÍTICA
En defensa de Yma Súmac
Como todo admirador de la diva Yma Súmac, Alejandro Yori fue uno de los críticos más entusiasmados por el homenaje que las autoridades oficiales le tributaron en mayo del 2006. Entrevistado por El Comercio, Yori supo denunciar el maltrato que la artista recibió de los intelectuales de la época. "Cuando a finales de los años cuarenta, Yma Súmac regresó al Perú después de su exitosa primera gira internacional por Brasil, Argentina y Chile, quiso ofrecer un concierto en Lima y para ello pidió el Teatro Municipal. Pero no se lo concedieron por una supuesta "falta de calidad". Curiosamente, a la semana siguiente, los mismos administradores cedieron la sala para la presentación de una compañía extranjera de perros amaestrados. A ese extremo había llegado el desaire de este país hacia la diva. Cuando regresó al Perú después de su éxito en Estados Unidos, al visitar el Cusco la recibieron con pedradas", recordaba amargamente el veterano crítico de canto lírico y amigo de la diva peruana.

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