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El Congreso desquiciado

Rincón del autor. Si este Parlamento no se autocontrola mínimamente y si no se introducen reformas constitucionales urgentes, se estarán abonando las posiciones antisistema

Por Hugo Guerra

Mesurado lector, el caso de Margarita Sucari (UPP), quien descontaba parte del pago de una auxiliar, so pretexto de que "Así es acá, todo el mundo comparte", quizá no sea el más escandaloso entre todos los registrados en esa olla de grillos que es el Congreso de la República desde el 2001. Pero, sin duda, es la gota que derrama el vaso de la paciencia nacional.

Allí hubo y hay de todo: desde violadores sexuales hasta literales mataperros, pasando por nepotistas, requisitoriados penales, coimeros y simples badulaques.

Insisto en que de 120 congresistas quizá apenas 40 tienen calidad ética, profesional y democrática.

¿La pregunta clave, como trilladamente repetía Lenin al inicio de su revolución, es qué hacer?

Provoca cortar de raíz tanta inutilidad y respaldar la propuesta de Aurelio Pastor respecto a ir hacia una renovación total del Congreso. Pero de momento eso es imposible por la vía constitucional.

A mediano plazo, en cambio, puede avanzarse con tres reformas constitucionales claves: primero debe acabarse con el voto preferencial que únicamente sirve para corromper a los partidos, en tanto facilita que el poder del dinero no siempre bien habido de algunos candidatos se imponga por encima de la voluntad de las bases y las dirigencias.

Segundo, debe aprobarse la renovación por tercios, porque mientras a los ineptos se les dé estabilidad laboral, con una inmunidad que ha trocado en impunidad, no existe sanción posible.

Tercero, tiene que restituirse el Senado cuya función vital es filtrar la legislación inmadura de la Cámara Baja.

Entre tanto, se requiere una renovación integral de la mayor parte de organizaciones políticas. Sus ideologías, programas y propuestas electorales deben consolidarse para no actuar con ese veletismo que hoy, penosamente, se comprueba con el uso necio y maniqueo de las etiquetas de 'derecha' e 'izquierda'.

El oportunismo y la improvisación igualmente deben cesar para que no se repitan escándalos como el protagonizado por el llamado Partido Nacionalista que utilizó, a manera de vientre de alquiler, a Unión por el Perú.

Conste, además, que la misma UPP sigue utilizando sin respeto alguno ese nombre y hasta traiciona la propuesta que impulsó su ilustre fundador, don Javier Pérez de Cuéllar.

La concertación necesita, asimismo, revaluarse. Trabajar con respeto por la diversidad no equivale a intentar pactos contra natura, como el que un sector de Unidad Nacional intentó con el humalismo para lograr la presidencia del Congreso, a costa de romper con Solidaridad Nacional. Es decir con la fuerza que sostenía una alianza precaria.

Contra natura también sería el pacto Apra-Fujimorismo, porque como dice Vargas Llosa, eso implicaría una catástrofe para el sistema democrático peruano.

Por lo demás, Javier Velásquez Quesquén, el tercer presidente congresal del oficialismo y los otros miembros de su mesa directiva deben advertir que, si no remontan aunque sea mínimamente la crisis política y moral por la que atraviesa el Legislativo, el 2011 los grupos antisistema utilizarán este caso para desacreditar la democracia.

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