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EDITORIAL

¿Empezó el racionamiento?

Por Aurelio Ochoa Alencastre. Analista

Viene de confirmarse oficialmente la temprana saturación de la capacidad del ducto Camisea-Lima, conforme lo advirtiera esta página (El Comercio, 24/6/2008), por tanto, el racionamiento de gas natural y los efectos inherentes que penden sobre el suministro eléctrico, entre los cuales, la inesperada próxima elevación de tarifas, parámetro varias veces descartado.

El contrato de concesión de transporte de gas natural estipula que el titular deberá garantizar la disponibilidad oportuna (no el uso) de 450 millones de pies cúbicos diarios (Mmpcd) a cambio de la Garantía de Red Principal (GRP) que pagamos los usuarios eléctricos. La capacidad del ducto en el City Gate de Lurín llega alrededor de 300 Mmpcd, volumen hoy copado y que las estadísticas lo advirtieron a fin de tomar acciones oportunamente, las que debieron formularse en las modificaciones contractuales que propició el régimen pasado.

El Ministerio de Energía y Minas (MEM) informó que viene negociando con el concesionario la ampliación de la capacidad del ducto en una primera etapa, a través de la instalación de un sistema de compresión a culminar en setiembre del 2009, el mismo que permitirá garantizar un adicional gasífero entre 80 y 100 Mmpcd para Lima-Callao (y el diferencial para Ica), modestos volúmenes que probablemente serán absorbidos en menos de un año, dado el incremento vertiginoso de la demanda, consecuencia del crecimiento sostenido de nuestra economía. ¿Y después qué? ¿Seguirá el racionamiento de gas a las termoeléctricas? ¿Cómo garantizar el tema energético de los TLC?, etc. Se anuncia que en una segunda etapa se ampliaría una capacidad adicional. Preocupa sin embargo que el costo de esta ampliación prevista contractualmente (y la complementaria que pueda producirse), vaya a trasladarse a los usuarios, lo que restaría competitividad al aparato productivo, no por el precio del gas, sino por el sobrecosto del transporte.

Ante aquel escenario de solo ampliaciones que seguramente igual pronto se saturarán, resulta imperativo optar por la impostergable construcción de un nuevo ducto Camisea-Lima, tecnológicamente confiable, lo que debiera inducirnos ya a una Convocatoria Internacional para una capacidad mínima de 1.200 Mmpcd, la cual sí garantizaría por buen tiempo el crecimiento del consumo, incluidos la petroquímica y los ductos regionales (Lima-Chimbote, Pisco-Marcona, y otros proyectados). Mientras dure esa construcción, el ducto de exportación sería utilizado para abastecer la prioritaria demanda interna.

En la masificación del gas natural automotor poco hemos avanzado, pese al alto precio del petróleo y derivados. Más aún, el subsidio indiscriminado que representan los enormes recursos del Fondo de Estabilización (más de S/.2.500 millones a la fecha), en la práctica --y en desmedro del gas--, han congelado el precio de los combustibles petrolíferos, incentivando su masivo consumo que en el caso del diésel (el más contaminante), se ha incrementado en 23 %, mientras seguimos esperando el varias veces ofrecido bono del 'chatarreo' vehicular, al igual como fueron los recurrentes anuncios de replantear aquel fondo, cuya insostenible inequidad viene de ser confirmada por el MEF al señalar que solo el 5% del mismo favorece a los pobres (El Comercio, 5 y 8 de agosto). Sobre el particular, compartimos las declaraciones hechas en la víspera por el presidente García, pues resulta inaudito que el fondo subsidie entre otros a la minería, existiendo tantas otras necesidades sociales.

Finalmente, bajo aquel preocupante escenario energético, viene de producirse una muy plausible decisión gubernamental: apostar por el (o los) gasoducto(s) andino(s), proyecto(s) que sin demandar al Estado una GRP ni subsidio alguno, su construcción, independizará el actual ducto de Camisea, e indudablemente será decisiva para garantizar el desarrollo socio-económico de la macrorregión sur en los próximos decenios.

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