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UNA HISTORIA ILUSTRADA DE LOS INCAS

El código Murúa

LOS MANUSCRITOS DE UN PADRE MERCEDARIO Y LOS EXTRAORDINARIOS DIBUJOS DE SU COLABORADOR, EL CRONISTA INDIO GUAMÁN POMA DE AYALA, SORPRENDEN EN UNA EXPOSICIÓN EN EL INSTITUTO GETTY DE ESTADOS UNIDOS. SE TRATA DE UN CASO RARO EN QUE UN EUROPEO Y UN INDÍGENA TRABAJARON JUNTOS, ALLÁ EN LOS ALBORES DEL SIGLO XVII

Por Jorge Paredes Laos

1996. Dublín, Irlanda. Después de veintiséis años de búsqueda, el antropólogo Juan Ossio da con el manuscrito del mercedario Martín de Murúa en una biblioteca particular. Su propietario, el coleccionista John Galvin, acababa de morir y toda su herencia bibliográfica pasaba a manos de su hijo Sean. El documento estaba prácticamente intacto a pesar de que había sido escrito y pintado cuatro siglos atrás. De sus cuatro capítulos, los dos primeros estaban referidos a los reyes incas, sus coyas, y los capitanes del imperio y los otros dos restantes detallaban diversos aspectos de la vida social y religiosa, y describían algunas ciudades de los cuatro suyos. Pero lo más sorprendente era la gran factura de las ilustraciones, que habían sido realizadas en su mayoría por el pintor y cronista indio Guamán Poma de Ayala. Se trataba de una obra producida al alimón entre un europeo y un artista indígena del siglo XVI.

El manuscrito de Murúa era hasta entonces una especie de tesoro incompleto. Las primeras señales de su existencia se habían producido a fines de los años cuarenta cuando el profesor español Manuel Ballesteros había dado a conocer el hallazgo de un manuscrito colonial que contenía ilustraciones de los principales incas, en poder del duque de Wellington. En 1962 Ballesteros publicaría la copia de los 38 dibujos en blanco y negro. Años después, Juan Ossio encontraría en la Biblioteca Nacional un expediente que ofertaba algunas copias de esta edición, por lo que partió hacia Inglaterra para ver los dibujos a color; allí los fotografió y posteriormente donó las imágenes a la Biblioteca Nacional.

En ese momento -recuerda Ossio- se pensaba que existían dos copias y que solo una era la original. Pero el tiempo aclaró las dudas. Hoy se sabe que tanto el manuscrito hallado en Irlanda, en poder de Galvin, como el encontrado en Inglaterra, en manos del duque de Wellington, eran originales. El primero tiene cuatro capítulos y es más voluminoso y fue realizado por Murúa y Guamán Poma de Ayala en 1590, aunque tiene anotaciones hasta 1604; y el segundo es una especie de edición reducida realizada por Murúa entre 1605 y 1613 aproximadamente.

Es innegable que los dos manuscritos de Murúa guardan relación con la Nueva Corónica y Buen Gobierno, la obra desarrollada por Guamán Poma de Ayala entre 1615 y 1616. No solo comparten los mismos temas y el estilo de las ilustraciones, sino que mencionan algunos nombres de los hermanos Ayar, que no son registrados por otros cronistas.

"Lo extraordinario -enfatiza Juan Ossio- es que tenemos tres documentos emparentados. Uno inicial donde vemos las manos del sacerdote y del indígena y dos posteriores, hechos por cada uno de ellos de manera independiente. Si los ponemos en una gradiente, veremos que en un extremo está lo indígena y en el otro lo europeo, y en la instancia intermedia hay una obra que conjuga las dos visiones". Incluso es probable que la Nueva Corónica haya sido concebida por Guamán Poma en respuesta a lo expresado por Murúa, luego de que el cronista indio se enemistara con el español.

***

1590, La Merced, Cusco. Virreinato del Perú. El padre Martín de Murúa, mercedario y encomendero, apura en su taller la redacción de un manuscrito que contará a las autoridades toledanas la verdadera historia de los incas, en colaboración con su adoctrinado Guamán Poma de Ayala y un grupo de amanuenses. Sus informantes son miembros de la realeza inca, vinculados a determinadas parroquias del Cusco. Su objetivo es contar la vida de los soberanos incas y sus coyas, desde Manco Cápac hasta Túpac Amaru, el último inca de Vilcabamba, ejecutado por órdenes del virrey Toledo, así como las acciones de los míticos capitanes de los ejércitos imperiales.

También el manuscrito refiere las costumbres religiosas, los sacrificios humanos de los aborígenes, los severos castigos a las mujeres adúlteras y los amoríos de los pastores y acllas. Describe, además, las ciudades más importantes y datos variados recogidos o copiados de diversas fuentes. Sin embargo, lo que más llama la atención es la minuciosidad de las ilustraciones, que ponen énfasis en los personajes y sus atuendos, en las vestimentas, tejidos y tokapus, que obsesionan tanto la imaginación del religioso. La fidelidad de los hechos narrados motiva a los indígenas a enviar una carta, fechada en 1596, en la que piden a las autoridades virreinales la publicación del manuscrito.

Pero, de pronto, la relación entre Murúa y Guamán Poma se rompe. El mercedario realizará con el tiempo un segundo manuscrito, recortará algunas páginas, y reducirá los cuatro capítulos iniciales a solo tres. Guaman Poma, por su parte, acusa a Murúa de haberse querido robar a su mujer, lo que coincide con la sensual fama del religioso, e inicia la ejecución de su propia obra.

***

2008, Los Angeles, Estados Unidos. El Instituto Getty ha montado una exhibición denominada La maravilla y medida del Perú, tres siglos de historia visual 1550-1880. Como parte de ella se exhiben hasta el próximo 19 de octubre los dos manuscritos del padre Martín de Murúa, bajo los nombres de Historia del origen y genealogía de los reyes incas (1590), cuyo propietario, Sean Galvin, ha accedido prestar para la muestra, e Historia general del Perú, códice que pertenecía al duque de Wellington, y que desde finales de la década del setenta ha pasado a ser propiedad del Instituto Getty.

El interés por estos dos manuscritos ha sido creciente en los medios académicos norteamericanos, sobre todo a partir de los aportes de estudiosos como el historiador de la Universidad de Harvard Tom Cummins y del antropólogo peruano Juan Ossio. Es así como el Instituto Getty decide emprender una investigación (con especialistas de la institución y otros invitados) para dilucidar todo lo que hay detrás de los manuscritos de Murúa: los pigmentos y colores usados en los dibujos, el proceso de elaboración, el número de copistas, la veracidad de los datos mostrados, la fidelidad de la vestimenta de los personajes y la posible participación de otros dibujantes.

Según Juan Ossio, quien también participó del proyecto, se ha logrado diferenciar los dibujos hechos por Guamán Poma de los realizados por Murúa y se ha descubierto cuatro estilos caligráficos que suponen la participación de cuatro amanuenses. Otro descubrimiento ha sido el hallazgo de textos ocultos detrás de algunos dibujos, lo que hace suponer que Murúa trabajó una tercera copia que finalmente decidió tachar. Todas estas investigaciones serán presentadas en octubre próximo durante la clausura de la muestra y nos darán nuevas luces sobre el testimonio de un religioso que anduvo entre los siglos XVI y XVII y que por esos azares del destino nunca pudo ver publicada su obra. Cuatro siglos después el texto comienza a revelar sus secretos. Ojalá algún día pueda ser exhibido en el Perú.

LAS ACLLAS DESNUDAS
De la vida de Murúa se sabe poco. Se cree que nació en el País Vasco, en Guipúzcoa, y que llegó al Perú entre 1570 y 1577, en la época del virrey Toledo. Se instaló en el Cusco y luego pasó a ser custodio de algunos bienes de los jesuitas. Se sabe que estuvo en Arequipa en 1600, durante la erupción del volcán Huaynaputina. Luego por algunas cartas se le encuentra en Potosí, Charcas y La Plata. Es probable que en 1615 se haya embarcado para España con la intención de gestionar la publicación de su manuscrito. Se sabe que era bastante débil a las tentaciones de la carne. Guamán Poma no solo lo acusó de pretender robarle a la mujer, sino que en uno de sus dibujos muestra a un religioso (¿Murúa?) que lleva a unos "mesticillos" en una mula. Esos párvulos serían los hijos que el religioso tenía regados por el mundo. Otro detalle: Murúa se regodeaba con la descripción de los personajes femeninos. Dice, por ejemplo, que las acllas (a pesar del frío) se paseaban desnudas por el Acllahuasi y que solían ajustar sus rodillas con cuerdas para ensanchar sus pantorrillas. ¿Imaginación o realidad?

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