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Con aliento creativo... y lucrativo

ESTADOS UNIDOS. Para los Roethil no fue fácil admitir que el engreído de la casa los hacía sufrir con sus besos. Iván, el samoyedo que en 1996 llegó a vivir con los cuarentones esposos, los hizo buscar medicamentos y juguetes que redujeran la placa y la halitosis canina. "Nada le hacía efecto, pero Judy me obligó a buscar una solución. Me puse a crear una mixtura comestible", recuerda el señor Roethil. Trigo, clorofila, aceite vegetal y otros comestibles secos fueron moldeados con forma de hueso y dieron inicio a Greenies, la marca que probó en Iván que era posible desaparecer el mal aliento de los perros. Buscaron un préstamo de US$200.000 pero todos los bancos se burlaban de la idea y tardaron tres años en reunir el dinero, rogándole a amigos, familiares e ingenuos. El gran quiebre vino cuando convencieron a sus proveedores de materia prima de las bondades de Greenies. Tras un crecimiento imparable, en el 2007 los esposos vendieron la marca, que ya se había convertido en la octava compañía de alimento canino en el mundo. ¿La razón? Como buenos inventores, querían seguir creando. Actualmente, la línea incluye pelets para gatos, que también reducen la placa y el sarro animal.

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