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ALGUNOS AVANCES Y MUCHAS TAREAS PENDIENTES

A cinco años del informe de la CVR

Por Beatriz Merino Lucero. Defensora del Pueblo

Durante las últimas dos décadas del siglo pasado sufrimos la más amarga y dura experiencia de violencia y dolor que nos haya tocado vivir. Para que esta terrible historia de barbarie no se repita jamás se creó una Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), cuyo informe final interpeló nuestras conciencias y, a la vez, nos abrió el camino para construir una sociedad reconciliada con sus víctimas y su derecho a la justicia y reparación.

En este difícil camino se evidencian algunos avances, pero también muchas tareas pendientes. Después de tanta indiferencia, ahora existe un plan integral de reparaciones y se ha iniciado el registro de víctimas. Paulatinamente, el Estado se encuentra otorgando reparaciones colectivas y algunas individuales que buscan resarcir, de alguna manera, el daño que la violencia produjo en incontables familias de las zonas más pobres y olvidadas del país.

Para garantizar una reparación justa es necesario corregir los errores, superar las deficiencias y contar con el compromiso decidido de todas las autoridades del Estado. No debemos olvidar que reparar de manera adecuada y oportuna a las víctimas será una señal inequívoca del reconocimiento de su dolor y la mejor garantía de que estos hechos no se repitan. Tenemos que hacer justicia a las víctimas de la violencia, la persecución y la tortura.

Una nación no puede cerrar los ojos y ser indiferente ante las tragedias y el crimen inhumano; tiene que demostrar que es capaz de hacer justicia. Un Estado que se precie de ser justo no puede dejar de investigar ni aceptar el olvido de los actos que llenaron de dolor a su pueblo.

Como ya lo he señalado: ¿Qué tiene que pasar en el Perú para que, después de 24 años, una masacre de 123 personas --como la ocurrida en Putis-- alcance justicia? ¿Por qué tanta indolencia frente a la muerte de mujeres embarazadas y niños inocentes? Al cabo de tantos años no se pueden admitir como excusas para no investigar "que no existe información" o "que no se cuenta con recursos". Esas trabas solo favorecen la impunidad. Eso es inadmisible en una sociedad democrática y agrede severamente la dignidad humana. No basta con sentir indignación o conmoción pasajera: se requiere dar un paso decisivo y realizar investigaciones que sancionen ejemplarmente estos graves hechos.

Si aspiramos a construir el país que todas y todos queremos, es imprescindible llamar la atención de manera firme y enérgica cuando observemos que las acciones del Estado no se encuentran dirigidas a lograr una sociedad preocupada por sus víctimas.

El futuro nos impone retos no exentos de dificultades. La memoria nos ayudará a construir un país con esperanza para los peruanos de hoy y los que vendrán.

Necesitamos recordar los hechos dolorosos para que estos no vuelvan a ocurrir. Grabémoslos en nuestra memoria para que no sucedan nuevamente: una víctima ya era demasiado. Necesitamos reconstruir la vida de nuestros pueblos. Tenemos derecho a vivir en paz.

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