Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

La mamá grande del otoronguismo parlamentario

Por: Juan Paredes Castro |

La mejora de la representación parlamentaria no pasa por cinco comisiones éticas ni por tratar de evitar que un señor Anaya o una señora Benites estafen al Estado. Pasa por donde la ley nunca quiere pasar porque el Congreso se lo impide. Pasa, efectivamente, por los partidos políticos.

Si hay que llamarla de otra manera, la mejora pasa por esta mamá grande de la antidemocracia que suele instalarse en los partidos, y de la que genéticamente proviene el otoronguismo parlamentario, para decirlo metafóricamente.

Por eso es bueno para el país que en esta última semana la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) haya refrescado sus proyectos de ley destinados a asegurar la democracia interna dentro de las organizaciones políticas, y que el secretario general del partido Adelante, Rafael Belaunde, haya querido ponerse en la primera fila de demostración de que sin democracia interna no hay manera de construir ni promover una selección cualitativa de dirigentes y candidatos al Gobierno y al Congreso.

La fuente primigenia de delegación de poder presidencial y parlamentario, a través del voto, son sin duda las organizaciones políticas. Irónicamente, con todo lo que llegan a controlar (desde las riendas de mando del país hasta la hacienda pública) se trata de una fuente absolutamente desprotegida por la ley y librada a su suerte.

De esa fuente (la mamá grande de la política), tirada al azar, donde cualquier cosa puede nacer y cualquier cosa puede pasar (entre lo bueno y lo malo) nacen nuestros aspirantes a gobernar, a legislar, a manejar alcaldías provinciales y distritales y a conducir regiones bajo parámetros físicos departamentales.

Después de que durante años se creyera que la mejor ley de partidos políticos es la que no existe, sobrevino por fin un instrumento normativo de las organizaciones políticas. Pero lamentablemente con el propósito de apartarlas de obligaciones tan fundamentales como la elección de dirigentes y candidatos en votaciones democráticas internas supervigiladas por la ONPE. ¿Cómo podrían representar democráticamente al pueblo y en un ámbito componente del sistema democrático, candidatos provenientes de elecciones no democráticas y muchas veces antidemocráticas?

Producto de este anómalo sistema de tierra de nadie es el otoronguismo parlamentario de los últimos tiempos, una mezcla de ineficiencia, de espíritu de cuerpo contra la ley y de desafío a la inmunidad, convertida en impunidad.

Esto tiene que llevarnos a la necesidad de impulsar urgentes y drásticos cambios en la ley de partidos y en la ley electoral, de modo que las presencias de la ONPE y del JNE sean decisivamente reales, vigilantes y vinculantes.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook