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A PROPÓSITO DE TOSCA

Atrapada en el pasado

Los intentos por revitalizar nuestra escena lírica necesitan prestar más atención a nuestro tiempo, tomar el pulso al público y mirar lo que sucede en el mundo para devolverle a la ópera su gran lugar

Por Alberto Servat

Mientras en el mundo se vive un redescubrimiento de la ópera a todo nivel, en el Perú son muy pocos quienes se esfuerzan por convencer a nuestro público de que la lírica es un arte vivo y de extraordinarios alcances. La gente de Pro Lírica ha sido pionera en su difusión durante mucho tiempo y, en los últimos años, ese papel recae en Romanza. Justamente a esta última asociación debemos la más reciente temporada de zarzuela y ópera, con Tosca, de Puccini, como la gran atracción del programa.

Tosca es sin duda uno de los títulos emblemáticos de la ópera. Y una de las razones para esta aceptación masiva se debe a su origen teatral. Cuenta la leyenda que fue escrita por Victorien Sardou para celebrar el talento de la gran Sarah Bernhardt. De manera que, desde el inicio, la necesidad de contar con una auténtica diva para el papel estelar ha sido un requisito incuestionable. Estrenada en 1887, la obra se centra en las tribulaciones de una cantante durante las guerras napoleónicas. El escenario es Roma en 1800 y Floria Tosca se debate entre los celos y su amor por el pintor Mario Cavaradossi. Ella no lo sabe, pero su amante no le es infiel y su aparente desinterés se debe a su participación en una intriga política. Scarpia, jefe de la policía, manipula de tal manera a la cantante que esta termina por delatar a Cavaradossi.

Un drama de tanto nervio no podía pasar desapercibido para la ópera que, convertida en un espectáculo de multitudes en el siglo XIX, tomaba prestados todos los argumentos que encontraba a su paso, tal como lo hace el cine desde su invención. Fue Giacomo Puccini quien se encargó de darle a Tosca la dimensión musical que habría de convertirla en un fenómeno de perseverancia en el tiempo desde su estreno en 1899. La soprano rumana Hariclea Darclée fue la elegida para dar vida a la primera Tosca musical. Y a lo largo del siglo XX muchas otras cantantes de gran genio le darían vida hasta que Maria Callas se encargó de definir por siempre el carácter, la imagen y el tono.

La actual propuesta de Romanza -esta no es una crítica musical, sino teatral- mantiene la estructura más convencional de la obra. Pero la directora Vivien Hewitt falla a la hora de darle movimiento o ritmo a la propuesta escénica. Es cierto que hay un notorio interés en hacer de este un espectáculo digno pero hay errores insalvables como la inadecuada dirección del coro, que invade la escena sin rumbo fijo, o la poco imaginativa planificación de cada acto, dejándose llevar por una apuesta realista y de recreación de época que se queda a medias.

Incluso la actuación de los protagonistas es dispar, impidiendo la perfecta ejecución del drama. La soprano italiana María Pía Ionata se entiende bien con la partitura aunque no sabe dar con la intensidad dramática de la heroína. Menos interesante resulta Francesco Petrozzi que como actor resulta inadecuado por una sucesión de gestos y movimientos que hacen de su Cavaradossi una creación superficial. Quien se destaca en el grupo mereciéndose los aplausos es el barítono italiano Giuseppe Altomare. Inquietante en cada una de sus acciones, no solamente por el papel que interpreta, se revela como un gran cantante y un actor muy convincente. Es por ello que el segundo acto logra distinguirse dentro de la producción.

Uno de los grandes defectos de la puesta en escena es ese recurso decimonónico que conduce a cada uno de los cantantes a ocupar el centro del escenario para interpretar sus arias. Vistos así, de cara al público, parece que estuvieran en un concierto. Lo que entorpece el desarrollo dramático al quebrar cualquier proceso narrativo.

Grave error también el hacer partícipe al coro del monólogo de Scarpia durante el Te Deum, al final del primero acto. El coro no tendría que enterarse de los pensamientos del malévolo personaje, cuya presencia debería quedar al margen del rito litúrgico.

Una visión moderna y más creativa debería presentar propuestas diferentes. Adaptaciones a otros escenarios. Tomar riesgos. ¿Por qué no traer la historia de Tosca al Perú de tiempos de Montensinos? Scarpia es la perfecta idea del poder corrupto tras el trono y Tosca podría convertirse en una conductora de televisión.

En su intento por revitalizar nuestra escena lírica, Romanza necesita prestar más atención a nuestro tiempo. Tomar el pulso al público y mirar lo que sucede en el mundo para devolverle a la ópera su gran lugar como espectáculo, arte e industria.

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