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Clausura el teatro desde su casa y alista libro de memorias

Guillén sin máscaras.

ACABA DE CUMPLIR SETENTA AÑOS (Y PRONTO CUMPLIRÁ CINCUENTA AÑOS EN EL ESCENARIO), POR ESTE MOTIVO EDGARD GUILLÉN PREPARA UN LIBRO QUE RECOGE ARTÍCULOS Y FOTOS SOBRE SU LARGA CARRERA TEATRAL. MIENTRAS ANDA A LA BÚSQUEDA DE UN EDITOR, CONVERSAMOS CON UN "OUTSIDER" QUE NUNCA DEJÓ DE ESTAR SOBRE LAS TABLAS

Por Jorge Paredes Laos

Es raro encontrar la sala de Edgard Guillén poblada de sillones, un escritorio y una mesa de centro. Es raro ver las paredes cubiertas de cuadros, fotografías y afiches que nos llevan por las diversas etapas de su larga carrera teatral. Nosotros que nos habíamos acostumbrado a ver ahí un escenario desnudo, solo con una tarima algunas luces, le preguntamos por qué el cambio y es más extraño todavía oírlo decir que decidió cerrar, quizás para siempre, el "teatro desde mi casa", que por más de quince años le permitió montar distintos unipersonales ante un público pequeño pero fiel, con pasada de sombrero al final de cada función. Ya no más la adaptación del Fausto de Goethe (ocho años en escena) o el Ricardo III de Shakespeare o el atormentado hombre encerrado en una caverna en una inolvidable pieza de Juan Gonzalo Rose. No hay vuelta atrás. Edgar Guillén guardó el sombrero, apagó las luces y volvió en agosto (esta palabra no le gusta porque dice que nunca se alejó del teatro) a invitación de la ENSAD a realizar una corta temporada en el Teatro La Cabaña del Parque de la Exposición.

Y así como un día se refugió en su casa porque no encontraba escenarios donde actuar, ahora decidió bajar los muebles y abrir, a los setenta años, una nueva etapa en su vida: preparar un taller dirigido a actores, actrices y novatos que quieran montar su propio unipersonal y ordenar el libro que recoge sus memorias como actor.

***

En dos cajas negras, Edgar Guillén guarda decenas, tal vez cientos de fotografías, una memoria personal desde los tiempos en que formaba parte del Teatro Universitario de San Marcos y tenía a Luis Álvarez como maestro, un archivo que, según confiesa, estuvo a punto de irse a la basura, pues no sabía adónde meter tantos papeles. Era como echar por la borda tantos años de trabajo, entonces se compró una computadora y un escáner, digitalizó todo el material y empezó a dar forma al libro que, bajo el título de Memoria de mis memorias, está listo para su publicación.

Si los jóvenes solo recuerdan a Guillén como el actor casi escondido que montaba unipersonales en su casa, es bueno saber que desde los años sesenta él formó parte de las compañías más importantes de Lima, que fue el primero en llevar a escena el tema de la homosexualidad, y que asistió a dieciocho festivales mundiales de teatro, y que actuó con éxito en Holanda, España, Alemania y Bélgica. Un actor que no tiene nada de huraño, y que en su implacable ironía esconde una pasión irrefrenable por el teatro y el juego, y que con el tiempo ha hecho suya esa teoría del espacio vacío que tanto proclama Peter Brook.

***

¿Cómo llega a los setenta años?
-Muy feliz. Pasé un momento bajetón en el 2000, cuando estrené Fausto, la crisis de los sesenta años me dijeron los médicos, pero ahora estoy bien, y creo que soy uno de los pocos actores peruanos que nunca dejó de hacer teatro, porque tengo montones de compañeros de mi generación que están metidos en un clóset, esperando a que los llamen. Otros están tratando de salir del clóset también (risas).

Algo que usted ya hizo hace mucho tiempo.
-Así es.

Usted fue uno de los primeros que puso en escena el tema de la homosexualidad.
-Cuando vine de Europa traje Ejercicio para cinco dedos de Peter Shaffer, pero siempre traté la homosexualidad con una gran clase, porque a este tema se le ha rodeado de mucho escándalo. Luego vino una serie de obras, Greta Garbo quien diría vive en un cuchitril, La locura de la señora Bright, Los muchachos de la banda, siempre digo un poco en broma y un poco en serio que con esta obra medio Lima salió del clóset. Yo no sé por qué la gente se asusta tanto si la homosexualidad es una condición humana. Jean Genet decía yo no puedo explicarme cuando la gente me pregunta por qué se es homosexual o qué es ser homosexual, es como tener ojos verdes. Yo no quiero hablar de opción porque la homosexualidad no es una opción, si fuera así la mayoría de homosexuales no optaría por ella, porque les hacen la vida imposible, a quien se deja, por supuesto.

Se dice que usted ha sido un outsider porque decidió salir de la escena teatral y empezar con los unipersonales en su casa.
-Pero es que nunca salí de la escena teatral. El teatro está donde está el actor, el autor y el público, entonces yo preferí traer al autor, al actor y al público aquí, a mi casa. El que no haya actuado en La Plaza ISIL o que no haya pisado el auditorio de la Católica no quiere decir que yo no haya hecho teatro. ¡Qué tontería! Es más me llamaron para participar en un festival de unipersonales en el Centro Cultural de España y les dije que no porque yo no me podía hacer la competencia. Yo quisiera borrar de la cabeza de mucha gente eso de que Guillén vuelve al teatro. No, yo nunca lo dejé. Jamás. Para hacer teatro no necesitas telón ni decorados ni lentejuelas porque para eso está el cine y la televisión. Por eso mi propuesta es un teatro sin nada. Sin decorados, sin luces. Lo elemental. Acá yo he trabajado así.

¿Es muy difícil hacer eso?
-Claro, es más difícil que tratar de copiar la realidad. Mi maestro (Luis Álvarez) siempre decía que lo más difícil era actuar solo porque no tienes ni en qué ni en quién apoyarte. Encima me dicen outsider porque me dirigía a un público que no podía pagar y venía gente que no había visto teatro en su vida. ¿Cuánto ponían en el sombrero? Un sol o diez céntimos, no sé, pero lo importante es que venían a ver teatro. Y no he parado. En mi casa he estado encerrado dieciocho años, pero haciendo teatro.

¿Y por qué decidió no hacer más teatro en su casa?
-Coincidieron varias cosas: yo quería darme unas vacaciones y fui de visita a la Escuela Nacional de Teatro y me invitaron a hacer Ricardo III, dije que sí, y al otro día bajé el escritorio a la sala y decidí que mi vida iba a cambiar. Ahora voy a hacer un taller sobre cómo preparar un unipersonal, porque tampoco quiero salir de acá.

¿Ahora es un actor en busca de editor?
-Es todo el material fotográfico que, como te dije, estaba a punto de botar a la basura. Pero no es una memoria del teatro, yo no soy historiador ni mucho menos, solo se trata de una crónica personal con fotos y textos. Es un libro que espero pueda compartir con mucha gente, tiene 180 páginas, y si no consigo editor otra vez volveré a pasar el sombrero.

FRAGMENTO
Memoria de mis memorias (libro inédito)

Peter Brook nos dice más o menos así: "Un hombre cruza un espacio vacío, otro lo observa, ha nacido el teatro". Y es así siempre, siempre lo fue y lo será. Cada cual toma su vacío y hace en él lo que quiere: danza, representa, personifica, se transforma, ríe, llora, canta, en suma juega a que lo tomen por aquel otro que no es y que tal vez quiere ser o se parece, pero ese es su rollo personal.

Lo que aquí importa es cuan honesto, serio y consecuente eres contigo mismo, si tu juego es verdadero como lo era cuando niño y creías en lo que estabas haciendo. A ese espacio vacío entra cada loco con su tema y viva la democracia. Claro que a ese espacio vacío lo encerraron en coliseos, anfiteatros, estadios y los teatros más ortodoxos que hoy conocemos. Tespis, hace siglos, anduvo por calles y plazas en su carreta, creo, haciendo los primeros unipersonales de aquel tiempo en aquella Grecia, cuna de la cultura.

Hoy hice de mi casa ese espacio vacío que necesito para vivir, para vivir doblemente.

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