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PUNTO DE VISTA

Kósovo y Osetia del Sur

Por Juan A.Velit Granda. Internacionalista

El retiro de las tropas rusas de Georgia, producto del compromiso del presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, con su par francés, Nicolas Sarkozy, que ahora dirige la Unión Europea, nos deja algunas lecciones. Una de las primeras es que existe una voluntad de solucionar los problemas territoriales por la vía de la negociación de parte de Moscú y de no reeditar una nueva guerra frí, debido a que las condiciones políticas y económicas distan mucho de las que se dieron hace apenas veinte años.

La segunda lección es que la autarquía en esta época de globalización ya no es posible. En este caso se tuvo que buscar actores exógenos de los elencos en conflicto para encontrar fórmulas de resolución. La presencia del ex presidente finlandés Martti Ahtisaari en este drama, y que le ha permitido ganar recientemente el Premio Nobel de la Paz, es una prueba de ello.

La otra enseñanza que Occidente muestra a la comunidad internacional es una suerte de arbitrariedad jurídica al considerar que Osetia del Sur y Abjasia, regiones que buscan convertirse en autónomas de Georgia, se les impida esta aspiración sin dar una argumentación suficientemente convincente. Esto sucede a diferencia de Kósovo, que estando bajo el mandato de las Naciones Unidas se apoya su independencia. Como se recordará, el Perú fue uno de los primeros países en reconocer su autonomía.

Sin lugar a dudas, este respaldo es una llave que abre una compuerta de imprevisibles consecuencias. La "tentación autonomista" ronda el planeta y la hemos visto también en nuestra "América mestiza", iniciando con ella un peligroso proceso de vulnerabilidad y debilitamiento a la geopolítica de sus países.

Esta "tentación" se ve reforzada por la ausencia de una autoridad jurídica supranacional que compulse los casos y que ha obligado a Serbia a recurrir a la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya para que sea el derecho el que acerque una solución ante el entrampamiento que plantea la política.

Además, es importante considerar que el derecho internacional no solo no tiene una corte realmente supranacional con posibilidades de investigación concienzuda, sino que es un derecho incompleto y con normas que no son vinculantes, lo que la limita notablemente en el entendido de que el respeto a la ley da legitimidad a la fuerza y fuerza a la legitimidad.

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