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VIDA & FUTURO

Nacen primeros osos de anteojos en cautiverio

Son de Lima y Tingo María

Por Carlos Necochea Flores

Hace ya algunos lustros El Comercio informaba de la matanza de osos de anteojos y de la comercialización de sus pieles en ferias dominicales como la que se realizaba en Abancay, Apurímac. Desde esa época, el problema parece no haber cambiado mucho, pues --según científicos y expertos reunidos en el Segundo Simposio Internacional sobre el Oso Andino que se realiza en nuestra capital-- la matanza y la comercialización subsisten en varias regiones del país.

En esos lugares todavía es posible encontrar pieles, grasa y hasta garras de este mamífero considerado el único oso de América del Sur y el único, también, del hemisferio sur.

Isaac Godstein, de Wildlife Conservation Society; Heinz Plenge, del Proyecto de Conservación Chaparrí; Laura Secada y Juan Carlos Riveros, de World Wildlife Fund Perú, coincidieron en señalar que la existencia de este preciado animal se encuentra en peligro, debido principalmente a que su hábitat ha sufrido en las últimas décadas una serie de recortes y problemas como deforestación, avance urbano y narcotráfico. Además, persiste "su caza incluso en zonas protegidas, lo que diezma su población".

Aunque no hay estudios o censos que indiquen la cantidad de animales tanto silvestres como en cautiverio, los expertos revelan que en el caso del Perú su número probablemente supere los 2.000 ejemplares. Nuestro país y Bolivia concentran el 70% de esta población, mientras que Ecuador, Colombia y Venezuela comparten el otro 30% de animales.

Pese a que en el Perú se han creado áreas protegidas para estos plantígrados, existen zonas no identificadas y sin delimitación donde este animal sufre la agresión y caza permanentes.

Ante este problema, en los últimos años se han impulsado proyectos que buscan la protección del oso de anteojos y que, además, son esfuerzos sostenibles que involucran la participación de la población, la cual se beneficia por el ingreso de recursos, entre ellos del turismo.

Ese es el caso del proyecto Chaparrí, liderado por el conocido fotógrafo Heinz Plenge, en Lambayeque, donde se protegen a más de una treintena de osos, siete de los cuales fueron rescatados de circos o estaban a punto de ser sacrificados.

También destaca el proyecto del zoocriadero del colegio La Inmaculada, en Surco, donde se logró uno de los pocos casos de reproducción en cautiverio. Tuki, una osa de año y medio y cría de Yogui y Cindy, es la engreída de los alumnos.

Hace solo tres meses y medio, se logró otro caso exitoso de reproducción en cautiverio en el Centro de Rescate Mundo Natural, en Tingo María.

Allí el osito de tres meses y medio llamado Marcelo, hijo de Buggy y la osa Pili, se ha convertido en un atractivo turístico y, al mismo tiempo, motivo de estudio para los biólogos.

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