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El despertar del deseo

Por Ricardo González Vigil

Edgardo Rivera Martínez (Jauja, 1933), rodeado de un reconocimiento creciente como uno de los grandes de la narrativa peruana actual, sigue enriqueciendo su universo literario, tan personal como rico en matices expresivos y fuentes culturales (andinas y 'occidentales', realistas y fantásticas, real-maravillosas y simbolistas).

Hace poco, en el 2006, nos entregó dos nuevas colecciones de cuentos, una de ellas para niños; y nos brindó este año una reunión de sus narraciones breves en "Cuentos del Ande y la neblina", donde figuran algunos inéditos. Y, ahora, nos obsequia su tercera novela, llena de vasos comunicantes con sus magistrales novelas anteriores: "País de Jauja" (1993), juzgada por muchos como la mejor novela peruana de los años 90, y "Libro del amor y de las profecías" (1999).

La protagonista, Felicia, es de Jauja y varias páginas están dedicadas a las visitas a su familia, feliz de estar en su casa y de deleitarse con el paisaje jaujino, liberada de la opresión del internado religioso de Santa María. Siendo mujer (en las dos novelas previas los protagonistas eran hombres), invita a tejer redes con la obra de la esposa del autor, Bertha Martínez Castilla, cuya novela "El despertar de las sombras" (2001) ocurre en Ocopa, con frailes permeables a la tentación amorosa; pero también con "Ximena de dos caminos" (1995) de la recientemente fallecida Laura Riesco, en tanto es una novela ubicada en La Oroya (donde había vivido antes Felicia). Recordemos que Riesco hizo que Ximena enviara una entrañable carta al protagonista de "País de Jauja", ambos nutridos por los "dos caminos" (andino y occidental) del mestizaje peruano.

Como sus dos novelas anteriores, "Diario de Santa María" narra una desazón amorosa, aunque esta vez se trata del despertar del deseo (más que del amor) con la indeterminación erótica de la adolescencia: "Aún estamos en la adolescencia, y por eso más abiertas a lo desconocido, e incluso expuestas a cosas que pueden resultar no muy normales" (pág. 142). Algo semejante pintó Thomas Mann en su novela corta "Tonio Kröger". La atmósfera tendiente al lesbianismo (y a la liberación feminista) remite a fuentes librescas citadas explícitamente en conexión con Solange: Safo, Louise Labé, Flora Tristán, Anna de Noailles... En contraposición, lo heterosexual se apoya en yaravíes, danzas andinas y Vallejo, lo cual comulga más hondo con Felicia. Resulta irónico, eso sí, que el título del diario mencione a la personificación máxima de la pureza, Santa María, y que el libro se dedique a registrar turbulencias sexuales.

ARGUMENTO
Ambientada cerca de Ocopa, en el imaginario Colegio de Educandas de Nuestra Señora de Santa María, esta novela narra un año decisivo en la 'educación sentimental' de Felicia de los Ríos: 1935, cuando estudió interna el último año de secundaria, pasando de los 17 años a los 18 de edad. Sintió el ardor sexual, no solo despertado por un novicio de Ocopa, sino sobre todo por una compañera de cuarto, la francesa Solange, desinhibida y más madura que ella. Y, a la vez, escribiendo el diario y compartiendo lecturas con Solange, confirmó que su vocación era la creación literaria.

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