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MÚSICA. Caribe clásico

La gran lección de Cartagena

DVORÁK, SCHUMANN, BEETHOVEN Y OTROS GRANDES MAESTROS REUNIDOS EN EL CARIBEES LA OBRA DE UNA FUNDACIÓN CON METAS MUY CLARAS SOBRE EL ALTO NIVEL MUSICAL QUE SE EXIGE A SÍ MISMA Y UN PROGRAMA SOCIAL QUE CONTRIBUYE A LA FORMACIÓN DE LAS NUEVAS GENERACIONES

Por Alberto Servat

No hay manera de resumir siete días de música sin pensar en algunos momentos que despertaron nuestra admiración y entusiasmo como el estreno mundial de "Divertimento", el concierto escrito especialmente por Diego Vega para este festival; la 'Meditación' de "Thaïs" a cargo de la violinista Anne Akiko Meyers y Emmanuel Ceysson, arpista de la Ópera de París; la participación de los muchachos de Ensamble Sinsonte junto con el piano de Stephen Prutsman; la presentación del cuarteto de cuerdas St. Lawrence; la orquesta City of London Sinfonia bajo la batuta de Scott Yoo; y la sorprendente ejecución de Santiago Cañón en el chelo y José Luis Correa al piano en el concierto Jóvenes Talentos. Todo esto fue ejecutado en los increíbles escenarios de las capillas de los conventos de Santa Clara y Santa Teresa, convertidos hoy en hoteles; en el teatro Heredia, construido sobre la iglesia del convento de la Merced; y en el atrio de la iglesia de San Pedro Claver. Edificios claves en el recorrido de la ciudad amurallada de Cartagena.

FUNDACIÓN SALVI
Más allá del arte mismo y sus momentos inolvidables, hay un mensaje que tenemos que rescatar y dar a conocer: es el de la Fundación Salvi, que llega a nosotros a través de Julia Salvi, su presidenta, y Sandra Meluk, directora ejecutiva.

Ellas nos explicaron la manera cómo se ejecuta y financia el festival, con una participación mínima del Estado, pues apelan a capitales privados a los que se invita a participar activamente.

Claro, los recursos no llegan a cubrir todas las necesidades. "Tenemos que optimizar nuestros recursos teniendo claro que no podemos sacrificar la calidad artística del festival", nos explica Sandra Meluk. "Podemos ahorrar, pero manteniendo nuestro nivel. Eso significa una inversión alta porque es la única manera de hacerlo. Tenemos la suerte de que la empresa privada ha respondido de una manera increíble y también de una manera nueva. Son pocos los proyectos a largo plazo en los que la empresa privada invierte y este felizmente es uno de ellos. No basta que nos den los cheques: las empresas privadas tienen que mantenerse relacionadas con el proyecto", puntualiza.

El Estado se mantiene prácticamente al margen. "Nunca pensamos en un festival con la ayuda del Gobierno --señala Julia Salvi--. Teníamos un proyecto con una estructura fundamental que teníamos que respetar. Y del Gobierno solo pedimos el apoyo".

"Encontraremos la manera de que el Estado intervenga y nos ayude a articularnos con lo que ya hemos logrado --dice Meluk--. Esa es la manera como trabajaremos juntos".

TRES PUNTOS CLAVES
Como observador privilegiado del III Festival Internacional de Música de Cartagena no puedo dejar de expresar mi sorpresa y respeto por la labor de quienes lo hacen posible, capaces de sacar adelante un proyecto que en nuestra realidad habría resultado un sueño inalcanzable.

Porque el festival como institución no solamente es un programador de conciertos. Su labor va más allá y se centra en tres aspectos que uno no puede dejar de apreciar:

1. El alto nivel artístico de los participantes. Sin esta exigencia, el festival no dejaría de ser una simpática oportunidad de visitar el Caribe colombiano. Todo lo contrario, el cuerpo de músicos que participa en las actividades musicales es el principal atractivo del festival.

2. La responsabilidad social que el festival se ha trazado. De esta manera, no estamos solamente ante una exhibición de talento, sino frente a la tarea de llevar la música a la población, de educar a los niños y jóvenes para que encuentren en la música una opción de vida.

3. Y, finalmente, la promoción de una imagen diferente de Colombia, apartada de los viejos clichés de una Latinoamérica asolada por la corrupción política, el narcotráfico y el terrorismo. De esta manera, Colombia adquiere una identidad cultural que debe convertirse en un ejemplo por seguir.

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