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LUIS DYER CORIAT, GERENTE GENERAL DEL GRUPO D

"Evaluamos oportunidades pero decidimos no vender"

LOS DYER YA SE PREPARAN PARA ENFRENTAR LA CRISIS. ESTÁN OPTIMIZANDO SUS OPERACIONES PARA OFRECER PRECIOS MÁS ATRACTIVOS Y ALISTAN SU INGRESO A CONGELADO

Por Azucena León T.

La semana pasada el holding D&C, accionista mayoritario de Copeínca y Camposol, anunció en forma sorpresiva su decisión de suspender el acuerdo que mantenía con un banco de inversión para que evaluara alternativas que le permitieran hacer frente a la crisis. Hoy D&C reconoce que entre estas alternativas también se consideró una posible venta de las acciones que posee la familia Dyer en ambas empresas, posibilidad que finalmente optaron por dejar de lado. Para conocer los detalles de esta decisión y sus planes para el 2009, conversamos con Luis Dyer Coriat.

¿Qué llevó a D&C a contratar los servicios del Credit Suisse el 2008? En un primer momento se dijo que esta decisión implicaba la salida de la familia Dyer del negocio agroindustrial y pesquero. ¿Es eso cierto?
El holding vio que la crisis financiera global se venía con fuerza y, como somos un grupo responsable, decidimos contratar a un asesor financiero para explorar una serie de alternativas que contribuyeran a superar ese bache. Dentro de este conjunto de opciones se evaluaron varias que consideraron no solo una venta total, sino una venta parcial, una fusión de empresas y la incorporación de un socio estratégico.

Sin embargo, trascendió que más que el impacto que podría generar la crisis en sus operaciones, la familia se vio obligada a evaluar una venta por los problemas que surgieron con sus colaterales (garantías que se otorgan cuando se adquiere una deuda).
Ese fue un rumor infundado que surgió de una información mal interpretada. Copeínca tiene una deuda con un sindicato de cinco bancos, liderada por el Credit Suisse. Hace poco más de un año, la deuda era de US$185 millones y hoy es de US$150 millones. Esa deuda, tal como está publicada en nuestros informes trimestrales, está al día y no tiene ningún problema. Se pensó que el que D&C decidiera contratar al Credit Suisse para evaluar oportunidades estratégicas era porque este banco de inversión nos estaba presionando para algo, pero nada más lejos de la realidad, pues el grupo que evaluó las oportunidades no tiene ninguna relación con el que otorgó el préstamo.

Pero estamos hablando del mismo banco de inversión y eso genera suspicacias. ¿En algún momento sus acree- dores les exigieron amortiguar deuda o incrementar sus garantías?
No, en ningún momento. Además, somos un grupo cuyas acciones están listadas en la bolsa y si ello hubiera sucedido nos hubiéramos visto obligados a informarlo. Nunca hubo problemas de 'default', de faltas de pago o de colaterales.

¿No generó preocupación la fuerte baja que registraron sus acciones en la Bolsa de Valores de Oslo ?
Es cierto que las acciones registraron un fuerte bajón. Sin embargo, la relación con los bancos es muy buena y cuando se dio esa caída conversamos con ellos y todos entendieron que esta se debía a una coyuntura internacional y que no estaba relacionada con el valor de la empresa. Se analizaron los estados financieros de Copeínca (del tercer trimestre) al detalle y se demostró que se trata de una empresa sólida, que tenía un flujo de caja de US$45 millones y un patrimonio de US$380 millones.

¿Entonces nunca recibieron presiones financieras que los obligaran a vender ?
Le repito que no. Hubo con- versaciones para ver qué pasaba y el porqué de la caída de las acciones, pero en ningún momento se registraron problemas de falta de pago. Todos nuestros cronogramas están al día.

¿Con quiénes mantienen deuda y a cuánto asciende esta?
En el caso de D&C, como es una empresa privada, prefiero no dar montos. Pero lo que sí puedo decir es que mantenemos una deuda con el banco islandés, Glitnir, que está estructurada a mediano-largo plazo. En lo que respecta a Copeínca, los créditos con el sindicato de cinco bancos asciende a US$150 millones y se vence el 2012. El único cambio que se dio hace poco fue con Camposol, un cambio de convenio, pues se prepagó US$6 millones y se extendieron los plazos de la diferencia por la caída en el precio de los espárragos. Sin embargo, esta fue una operación muy puntual

¿Habrá más reestructuraciones?
No, porque no lo necesitamos, al menos por ahora.

¿Qué originó la caída del precio de sus acciones, que pasaron de cotizarse a 45 coronas a 9?
El precio de las acciones de todas las empresas en el mundo retrocedieron afectadas por el tema de la crisis. En el caso de Copeínca, ello coincidió con el hecho de que cotiza básicamente en una bolsa (la de Oslo) en la cual la mayoría de empresas que la integran son salmoneras. Y como el año pasado hubo un virus que afectó a la industria, eso redujo su producción en 50% y generó una fuerte caída en el precio de las acciones, la misma que arrastró a Copeínca, pues los inversionistas siempre lo ven como un paquete y no distinguen entre harineras y salmoneras.

¿Por qué desistieron de una posible venta?
Evaluamos varias alternativas con Copeínca, la mayoría de ellas muy buenas. Sin embargo, después de ver todas esas opciones y revisarlas con más calma, decidimos seguir en el negocio. Además, sabemos que la crisis no durará para siempre y que los sólidos fundamentos de nuestras empresas nos ayudarán a seguir realizando una gestión exitosa.

Pero si evaluaron la posibilidad de retirarse, ¿no fue porque no se sentían lo suficientemente consolidados para capear la crisis? ¿Qué pudo haber cambiado?
No necesariamente. El hol- ding, como cualquier gru- po que no sabe la intensidad que podría tener una crisis, optó por asesorarse para considerar diversos escenarios en el caso de que esta se profundizara. Al final no creímos necesario inclinarnos por ninguna de estas opciones y más bien decidimos seguir adelante.

Entonces, ¿eso significa que mañana no nos sorprenderán con un anuncio de venta?
Por el momento, la familia no tiene interés de vender. Ahora estaremos abocados a aprovechar el potencial que ofrecen Camposol y Copeínca, con la próxima implementación del sistema de cuotas.

¿Nos les preocupa la alta volatilidad que registra el precio de la harina?
Es cierto que hubo un bajón con el aceite y la harina. Sin embargo, en el caso de la harina las cosas ya empezaron a regularizarse: de US$750 ya recuperó su cotización de US$950 y esperamos que se mantenga esta tendencia, ayudada por una mayor demanda de China, que sigue fuerte.

¿Parte de su cambio de posición no tendrá que ver con el hecho de que las ofertas económicas no fueron lo suficientemente atractivas?
Existieron propuestas muy buenas pero, es cierto, nada lo suficientemente convincente como para vender.

¿Con quiénes conversaron? Se dijo que en la carrera estaban Brescia y Austral...
Hubo ofertas de los grupos locales y extranjeros más grandes, pero no puedo decir nombres por los convenios de confidencialidad.

¿Qué viene ahora?
En Copeínca se vienen cambios importantes por la implementación del sistema de cuotas individuales de pesca, para lo cual invertiremos US$15 millones.

¿Ya sabe qué porcentaje de su flota se irá de baja?
No daremos de baja a nada. Saldremos a pescar con el 60% de nuestra flota y un 40% quedará parqueada. Tampoco tenemos previsto despedir personal, la mayoría se mantendrá con un esquema rotativo.

¿Y la flota que no utilizarán para pescar la reconvertirán para el negocio de consumo humano directo?
En el largo plazo quizá, pero no por el momento.

¿Replantearon sus planes por la crisis?
Hemos optado por tomar las cosas con calma. El ingreso al negocio de congelado y conservas ahora se concretará de la mano de Marinasol (empresa subsidiaria de Camposol). La producción (en el caso de conservas pueden producir un millón de conservas al año) arrancará el próximo mes. Se harán algunos aportes de barcos de Copeínca para pescar jurel y caballa, pero no creceremos más allá de lo que tenemos hasta ver qué nos depara la crisis.

¿Y en Camposol ?
Lo que hemos hecho en estos últimos años es diversificar lo más posible. El año pasado se invirtió fuerte en la ampliación de sembríos de palta, uva, mandarina y algo de espárrago blanco. Todo ello se hizo pensando en el largo plazo, pues cuando estos alcancen su nivel de producción la crisis ya habrá pasado.

Pero los precios de los productos ya empezaron a descender ...
Es cierto, y por eso estamos buscando maximizar eficiencias para bajar precios. La gente no dejará de comer, pero sí buscará precios más baratos y para darles esas alternativas ya nos estamos preparando.

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