PDF Lunes, 23 de abril de 2007

Quién tiene viejo el corazón

ESTÉTICAS. Para mayor belleza o escándalo, para mayor pasión o indignación, la música en español le debe a Silvio Rodríguez una poesía única. El más talentoso y contradictorio trovador cantó ayer ante unas 5 mil personas y recibe hoy el doctorado honoris causa en San Marcos

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

Las canciones de amor le deben a Silvio Rodríguez una revolución. ¿Alguien ha escuchado una descripción más súbitamente bella, para referirse al vuelo de una gaviota, que: lento como un tiempo de amor que se cierra? La revolución le debe a Silvio Rodríguez sus canciones de amor. ¿Alguien ha oído una representación más legendariamente hermosa, para hablar de su utopía, que: Al final de este viaje quedarán nuestros cuerpos tendidos al sol como sábanas blancas después del amor?

En cambio, Silvio Rodríguez les debe a ellas, a la revolución y a las canciones de amor, sus más dignas contradicciones.

¿Quién es este incitador rojo que ha preferido hablar de lo imposible, porque de lo posible se sabe demasiado? ¿Es como dicen sus enemigos: un terco, un cínico, un bipolar que de oveja negra pasó a borrego? En Cuba, Silvio es polémico, hay mucha gente que dice que ya no toca para los cubanos, que vive más en el extranjero, que es un millonario malgeniado, a quien le citan su "Canción en harapos": Desde una mesa repleta cualquiera decide aplaudir la caravana en harapos de todos los pobres. Desde un mantel importado y de un vino añejado se lucha muy bien. Desde una casa gigante y de un auto elegante se sufre también. Pero él dice "que se pone a tiro".

Fiel a Fidel, el sesentón fundador de la nueva trova cubana, con veinte álbumes en el pecho, declaró en su conferencia de prensa en Lima, después de 21 años de ausencia: "Cuba seguirá siendo socialista aun después de la muerte de Castro".

Para Miryam Quiñónez, la cantante que más lo toca en el país, Rodríguez no es servil al Gobierno Cubano, "pero no critica a su familia en público". ¿Es tan hosco como dice su leyenda negra? "Tuvimos un breve encuentro con el grupo Silvio a la Carta en el 99. Sabía de nuestro trabajo, fue amable, agradecido. Dicen que tiene mal carácter, pero yo lo vi cordial y cálido. Es muy tímido e introvertido".Para entender a Rodríguez se debe retroceder a la generación que marcó su vida y su música: la de los años 70.

POR QUIEN MERECE AMOR
Eran tiempos de un totalizante compromiso social para el recluta que empezó a componer y tocar guitarra en 1965. El socialismo seducía a las mentes más sensibles (hasta el Dalai Lama se definió como "socialista compasivo" y Vargas Llosa era más fidelista que Fidel). Indignaba la guerra de Vietnam que a Silvio le inspiró una rabia sin sublimar, en "De la familia, la propiedad privada y el amor": Dios, que hace eternas las almas de los niños, que destrozarán las bombas y el napalm. Sucedía el mayo del 68 y la era está pariendo un corazón. Y el muchacho que participó a los 14 años con otros 100 mil en las campañas de alfabetización, que estudia piano y pintura y fue dibujante de cómics en el semanario "Mella" era un insoportable rebelde. Era el más admirable Silvio de todos los tiempos. El que cantaría: he preferido un golpe de vez en cuando porque la inmunidad me carcome los huesos o solo quiero decir, solo quiero cantar, y no importa que después me suspendan la función.

En el programa televisivo "Mientras tanto", consideró a Los Beatles el mejor grupo musical del mundo y fue censurado. Lo cuenta él mismo: "La fobia ideológica por el rock, algo así como una enfermedad infantil izquierdista, a decir de Vladimir Ilich y llegaba a los extremos kafkianos de buscar células de rock en la música de los compositores, y había listas con calificativos y censuras para compases sospechosos". En 1969, dice una versión, que fue arrestado (él dice que no) y tuvo que enrolarse en el Playa Girón, un barco pesquero que llegó hasta el África; donde compone la famosa "Ojalá".

En 1972 tocó con Víctor Jara en Chile, un año antes de que la dictadura lo torturara y asesinara y "Ojalá", dedicada a la mujer que le regaló su primer libro de César Vallejo, se convirtió en un símbolo de resistencia contra Pinochet por su ambigua letra: Ojalá pase algo que te borre de pronto... a tu viejo gobierno de difuntos y flores.

Fue en ese tiempo que funda con Pablo Milanés la nueva trova cubana. En 1976, Silvio parte a la guerra de Angola como voluntario de la "brigada artística" no sin antes dejar su "Testamento" de deudas: A la mujer, a la estrella, al sueño que nos lanza. En 1979 canta con urgencia a la revolución sandinista en Nicaragua, luego a El Salvador con el tiempo está a favor de los pequeños, de los desnudos, de los olvidados. Y así por los años 80 se convirtió en ese nombre-ícono que reflejaba el idealismo más inspirado. En los años 90, caído el muro de Berlín, Silvio se amuralla y bautiza el sistema triunfante como el "Reino de todavía"; y canta contra sus enemigos: Aún corre la sangre en mi instrumento, solavaya, aves de malagüero. Mundo feroz, lo digo en juramento: enterrarme le va a roncar el cuero. Y receta: alas de colibrí. A comienzos del siglo XXI se reafirma: Hoy es tiempo de ser fantasma, tiempo de no entregar el alma.

En esta última época se dio tiempo para ser diputado desde 1998, con un discurso de choque por un "socialismo perfectible": "Desde que fui elegido diputado en virtud de la democracia --como nosotros la entendemos--, pienso que soy un signo viviente de la pluralidad de esta asamblea, ya que he sido un hombre cuestionado por conflictivo, por criterioso, por libretero o cuando menos por imprevisible".

Con esto, siempre provocaba preguntarle si, como en una de sus letras, la eternidad no es más que un truco para continuar. Es que era tristísimo, sucedió lo que un comunista libertario como Pasolini advertía: que todo movimiento de izquierda se transforma de derecha cuando asume el poder, cuando debe reprimir.

Su gran compañero Pablo Milanés se atrevió a criticar a Fidel en Bogotá el 2003: "Hay miedo y tensión y es absurdo, porque no se puede seguir siendo revolucionario y teniendo ideas estalinistas de presiones sobre el pensamiento y la libertad". Pero Silvio optó por un silencio casi expresionista: "Aunque tenga milímetros de desacuerdo, más bien prefiero correr la suerte de la revolución que apostó por los desposeídos e hizo una obra social por la que está pagando el precio del martirio".

Pero surgían más preguntas:¿Qué puede significar la libertad para Silvio si los que lo quieren no pueden dejar de creer en su buena fe, en alguien capaz de cantar que la cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes y no en el acólito de una dictadura?Por Internet, el autor de la letra: Yo te quiero libre, como te viví, libre de otras penas y libre de mí... la libertad nació sin dueño y yo quién soy para colmarle cada sueño, le respondió a una fanática: "Parece complicado ser libre. Debe ser por eso que uno se conforma con retacitos de libertad como la hora del recreo, o como cuando nos encerramos en el baño, o como cuando nos vamos una tarde con una chica al cine, o como cuando conducimos por primera vez un automóvil". Y recomendaba leer el cuento de Michael Ende, "Las catacumbas de Misraim", en el libro "La prisión de la libertad". Aquí hay una clave: la libertad en ese cuento es puro desgarro y se entiende como originada de la diferencia, del que piensa distinto a la masa. La libertad de la patria --definida como soberanía frente a una agresión externa-- es más desgarrada para Rodríguez que la libertad individual: solo un "retacito" que no quiere ver.

EL REPARADOR DE SUEÑOS
Las influencias poéticas en Silvio son vívidas. La de Vallejo es estentórea. En una canción existencial dice: Me quito el rostro y lo doblo encima del pantalón si no he de decir tu nombre si ajeno se esconde no quiero expresión. El dislocamiento vallejiano del idioma se nota en: Veo a un perro ladrando a la luna con otra figura que recuerda a mí.

También lo han influido el modernismo con su "Dulce abismo" o Bob Dylan y el surrealismo como en su "Sueño con serpientes". Un cantante capaz de sugerencias como algo nos está pasando, ayer apreté el interruptor de encender la luz y encendí el sol o decirle con ternura a una amante que hasta mi perro me busca en tu puerta cuando me le pierdo tenía preciosos referentes literarios: a Edgar Allan Poe en "Trova de Edgardo", a Alicia en el país de las maravillas en "A Caballo", a el Principito en "Canción del elegido". En Cuba no hubo realismo socialista. Y la fantasía siempre pobló la 'silviedad': con Sinuhé, Simbad, Aladino, Alí Baba, hadas, ángeles y unicornios.

Visitar Cuba también es escuchar a los hijos de Silvio, de la novísima trova. Y que tienen el elemento socavador que perdió Rodríguez. Carlos Varela y su metafórica canción no solo hacia Silvio sino de los cubanos hacia Fidel: Guillermo Tell tu hijo creció quiere tirar la flecha le toca a él probar su valor usando tu ballesta. Y sobre todo, de Frank Delgado capaz de reírse de su ideología: Alguien a mí me preguntó si me había leído El Capital. Sí, pero a mí no me gustó, pues la heroína muere al final. Mientras tanto, de Silvio sus amigos y enemigos sí están de acuerdo en que su canción que mejor lo identifica es "El necio".