Domingo, 1 de abril de 2007
Cuando se oscureció la democracia


Crónica 4 EL AUTOGOLPE DE 1992
Este jueves se cumplirán 15 años de que Fujimori dejó el libreto demócrata que le vendió a sus electores dando paso a un tenebroso proyecto apoyado por cúpulas militares y Montesinos.

Por Renato Cisneros

El 5 de abril de 1992 dejó de ser un domingo cualquiera a las 10 en punto de la noche. Si hacen memoria, esa era la hora perfecta para despanzurrarse en el sofá y ver "Goles en Acción", el exitoso espacio deportivo que dirigía Alberto Beingolea en canal 13 y que por entonces era el mejor digestivo luego del atracón de "Panorama" y del resto de dominicales.

Sin embargo, menuda sorpresa se llevó la teleaudiencia cuando, en lugar de la cara de Beingolea, apareció en pantalla el rostro enjuto de otro Alberto: Fujimori. El programa que estaba por empezar aquella noche podría haberse llamado sin problemas: "Golpes en Acción".

Quince años han pasado desde aquel sísmico mensaje presidencial y no parecen haber sido suficientes para restañar del todo las heridas que dejó. Hoy sabemos de memoria cómo se cocinó la disolución del Congreso y cuál fue la magnitud de sus secuelas. Por eso, más que explicar el 5 de abril, apenas queremos reconstruirlo a partir de cuatro testimonios, cuatro historias de gente que sintió muy de cerca la prepotencia del último golpe de Estado que ha vivido el Perú.

TENGO ÓRDENES DE DISPARAR
Felipe Osterling es un clásico. En 1992 era presidente del Senado. Por eso los periodistas siempre lo buscan en esta fecha, y él, felizmente, siempre responde.

"Recuerdo ese día con pelos y señales. Estaba en mi casa, en bata, viendo televisión. Cuando terminó el mensaje pensé que era una pesadilla".

Aquella noche Osterling pretendió dirigirse en su auto al Congreso, pero al abrir el portón un escuadrón ocupó la casa. Un oficial lo apuntó con una metralleta y le pidió que le entregara las llaves del carro: "No puede abandonar esta casa. Si lo hace, tengo órdenes de disparar" .

El ex senador recuerda que hubo mucha gente de su entorno que apoyó la medida de Fujimori y que prefirió no respaldarlo ante su arresto domiciliario. "De mis cuatro edecanes, solamente el de la Marina me llamó para solidarizarse conmigo. Es más, la noche que quedé libre, acudí a la recepción del matrimonio de la hija de un amigo mío. Una señora se me acercó, me miró como si fuera un apestado y me dijo: 'Deberías estar encerrado en tu casa'".

Osterling afirma que, antes del domingo 5, buscó comunicarse con Fujimori distintas veces, pero siempre recibió negativas. Su tesis es que el japonés sensibilizó a la ciudadanía con el rollo de que los congresistas obstruían la renovación. "Le dimos facilidades para combatir el terrorismo y la economía, pero él prefirió desprestigiarnos".

EL COSTO DE LA LEALTAD
Jorge del Castillo sufrió el autogolpe no tanto en su condición de diputado, sino en su calidad de aliado de Alan García . Juntos vieron el mensaje de Fujimori y, cuando estaba por concluir, un agente les avisó que 200 efectivos del Ejército y cuatro tanquetas estaban cerrando las rutas de acceso al domicilio.

"Todo pasó muy rápido, pero recuerdo que alguien gritó: 'En nombre del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas salgan con las manos en alto'".

En ese momento --narra Del Castillo-- hubo que pensar muy rápido para lograr que García evadiese a los soldados. "Yo contuve el ingreso de la tropa con un disparo al aire y Alan escapó en la maletera de un auto. Estuvo escondido en la casa de Judith de la Matta y luego en la de (Juan Carlos) Hurtado Miller".

Cuando la patrulla militar ingresó, el hoy primer ministro ya no puso resistencia. Lo empujaron contra la pared, con los brazos en la nuca y un fusil en la cabeza, y por cada vez que se negaba a dar detalles del paradero de García, le aplicaban un golpe. Hartos de hincarlo sin resultado, los soldados lo encapucharon y se lo llevaron. "Estuve incomunicado seis días en el cuartel Alfonso Ugarte de Las Palmas. No me quebré, pero sí sentí miedo".

ALFONSO, EL SABIO
El doctor Alfonso de los Heros era primer ministro de Fujimori en 1992 y, con el resto de miembros del Gabinete, vio el mensaje en el Pentagonito, poco antes de que se difundiera en cadena nacional. Si hoy lo contactamos, es porque De los Heros fue el único de aquel grupo que tomó distancia del gobierno y evitó avalar la infracción constitucional

"Me dio mucha pena lo que ocurrió. Me dolió porque estábamos en un buen camino", confiesa el ex ministro.

Él asegura que todos los ministros renunciaron en bloque y que luego, cuando el Gabinete se recompuso, los demás optaron por continuar entusiasmados por el respaldo popular que había. Sin embargo, resalta que no hubo mansedumbre en ningún caso: "Todos pusimos objeciones. Nadie dijo 'sí, señor' así nada más".

De los Heros prefiere tomar su alejamiento, no como un épico acto de heroicidad política, sino como una cuestión natural, coherente con su forma de ser y de pensar. Además, se apura en aclarar que durante todos estos años la prensa le ha achacado una frase que nunca pronunció ("Señor presidente, lo acompaño con el corazón, pero no con la razón"). "Eso se ha convertido en parte del anecdotario. Al día siguiente, lo único que le dije al presidente es que esperaba que tuviera suerte, pero que su metodología no me parecía la mejor. Visto desde ahora, creo que tuve razón al recomendarle que no hiciera lo que hizo".

LA INTERVENCIÓN ABUSIVA
La noche del 5 de abril todos los medios de comunicación fueron intervenidos. El Comercio fue uno de ellos. Alejandro Miró Quesada Cisneros, actual director del Diario y subdirector en esa época, apagó la televisión de su casa y salió corriendo hacia nuestra sede central. "Vine inmediatamente y encontré soldados en la redacción. Decidimos no escribir nada mientras hubiera gente con fusiles en la mano".

El oficial encargado de la intervención dijo que necesitaba verificar la información que iba a publicarse, no sin antes confesar que era un asiduo lector del Diario y que se sentía incómodo por asumir esa responsabilidad.

"Estuvimos dos días censurados", sostiene Miró Quesada. Subraya que si El Comercio se opuso al golpe fue por una cuestión doctrinaria: "Había que defender la democracia. Nosotros no nos dejamos llevar por el 80 % de los limeños que estaba a favor de la disolución del Congreso".

Dos días después del autogolpe, el propio Alberto Fujimori se presentó en El Comercio para intentar explicar a sus directores la naturaleza de su medida.

Más información:
4 ¿Impunidad para responsables?



¿Cree que la situación de nuestro fútbol mejorará si Manuel Burga y su directiva salen de la FPF?
4 Deje su mensaje


Copyright Empresa Editora El Comercio S.A.
Derechos reservados
Contáctenos

Edición impresa