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Los 75 años de Ricardo Blume

Plenitud en medio de la crisis.

ACABA DE SER NOMBRADO ACTOR DE NÚMERO DE LA RECIÉN FORMADA COMPAÑÍA NACIONAL DE TEATRO DE MÉXICO, PERO ESE NO ES EL ÚNICO MOTIVO PARA CELEBRAR PUES JUSTO AYER, 16 DE AGOSTO, EL PRIMER ACTOR RICARDO BLUME CUMPLIÓ 75 AÑOS. EL DOMINICAL LO CONTACTÓ EN MÉXICO PARA CONVERSAR SOBRE EL TEATRO, SU CARRERA, LAS VICISITUDES DE LA ACTUACIÓN -A CABALLO ENTRE LAS TABLAS, EL CINE Y LA TELEVISIÓN- Y SU RELACIÓN CON EL PERÚ

Por Carlo Trivelli

¿Cómo ves el teatro actual?
-Al teatro lo veo como siempre: en crisis. En el sentido médico de la palabra: como algo que puede mejorarse o empeorar. En realidad, el teatro es una crisis. Un filo de la navaja. Una cuerda floja sin red. Y eso tiene de arriesgado y maravilloso. Me interesa lo contemporáneo. Pero los clásicos son en muchos aspectos nuestros contemporáneos.

¿Qué te resulta más interesante: hacer obras latinoamericanas u otras de corte más 'universal'?
-Me interesa hacer un teatro que hable del ser humano, no me importa si es de aquí o de allá. En esto no hay nacionalidades ni fronteras.

¿Cómo ves el teatro en el Perú en los últimos años? ¿Tienes alguna propuesta o iniciativa para venir a trabajar nuevamente al Perú?
-Tengo noticias del teatro en el Perú (más precisamente, en Lima) no solo por lo que me cuentan los amigos y leo en los periódicos, sino también por lo que he podido ver en los viajes que he hecho. He visto progresos evidentes. Montajes excelentes. En este momento no tengo ninguna propuesta para ir a trabajar. Pero no podría, por algo que te contaré más adelante.

Para alguien que se concibe esencialmente como un actor de teatro ¿el trabajo en las telenovelas es solo un sustento económico o lo encuentras interesante de por sí, como trabajo actoral?
-Es más que un sustento económico. Creo que un actor contemporáneo, al menos en nuestros países latinoamericanos, no puede (y quizá no debe) prescindir de la televisión. Por lo que supone de difusión de su trabajo a niveles de audiencia millonarios y porque hay que estar en las "entrañas del monstruo" para tratar de mejorarlo. A mí las telenovelas me sirven para ejercitarme, para experimentar y para enfrentar el reto de hacer creíbles unos personajes generalmente de cartón (hace cuatro meses que estoy grabando una, después me toca hacer teatro). Recuerdo mucho el consejo de mi maestro Luis Álvarez cuando yo empezaba y me propusieron hacer telenovelas: "Si crees que son una obra de arte, no las hagas. Si estás consciente de que no son Shakespeare, entonces hazlas, nomás, no te preocupes".

Los últimos años has hecho tantas o más películas que en el resto de tu carrera. ¿Es por un interés nuevo tuyo en el cine o por alguna otra circunstancia?
-Se juntó un interés nuevo mío por hacer cine con el hecho de que me propusieron las películas. El cine que hacíamos en México en los 70s no me interesaba, era acartonado. El cine que están haciendo los jóvenes directores, fotógrafos ahora, me resulta muy interesante. Yo siento que de pronto como que me 'descubrieron'. Lo que me gusta del cine que estoy haciendo ahora es que me siento un aprendiz, un principiante. A estas alturas, eso muy agradable.

¿Qué diferencia tu trabajo en cine y en teatro?
-Las diferencias entre la actuación en cine y en teatro son varias. Por ejemplo, la continuidad. En el teatro tú haces trabajo de mesa, análisis de los personajes y sus relaciones y se estrena cuando todo está listo y entendido. Y se da la obra de un tirón, de cabo a rabo. En el cine no siempre se ensaya, al menos no lo suficiente, y filmas 30 días después la continuación de la escena que filmaste hoy. Necesitas una memoria de las emociones, de las situaciones. Y la concentración es mucho más demandante que en el teatro. Otra diferencia es que en el teatro tú tienes que 'proyectar' las emociones hacia la sala; en el cine simplemente piensas, sientes y la cámara lo registra y lo proyecta.

Si alguien te dijera que quisiera escribir un papel para ti y que le dijeras más o menos cómo sería ¿qué le dirías?
-¡Preséntame a ese alguien! Le diría que hiciera un personaje complejo, con contradicciones humanas. ¡O lo que fuera su voluntad!

¿No tienes algún personaje favorito?
-Soy un actor bien raro: no tengo un personaje favorito ni tengo pensado uno que quisiera hacer. Siempre me ha pasado lo mismo. No he escogido. Me han ofrecido y yo he optado por hacerlo o no.

Has comentado antes que los personajes con los que más te has identificado han sido los personajes 'intelectuales': Freud en Feliz Nuevo Siglo, Doktor Freud, el profesor en Yepeto, Richard Rowan en Exiliados. ¿Esos han sido tus mejores papeles?
-Podíamos añadir a la lista el intelectual en Emigrados de Mrozek. Sí, creo que podría decir que esos han sido algunos de los papeles con que más he disfrutado y en los que he tenido críticas más generosas y hasta premios. Habría que averiguar por qué.

De tus papeles en telenovelas ¿cuáles han sido los que más te han gustado?
-Más que de papeles hablaría de las telenovelas que más me ha gustado hacer. Y habría que empezar, obviamente, por las de mayor repercusión, como Simplemente María, Muchacha italiana viene a casarse, Mundo de juguete, Amor real, pero también de otras menos conocidas como Ramona y Los hijos de nadie.

Has comentado en más de una ocasión que ahora ya no sientes apuro con respecto a tu carrera. ¿Vive un actor a los 75 años en plenitud?
-Mira, a esta edad uno está más allá del bien y del mal. No quieres más de lo que tienes ni compites con nadie. Si trabajas es por placer. Si has vivido sencilla, sanamente, tratando de que tus actos correspondan a tus convicciones, no tienes frustraciones ni amarguras. A los 75 años tienes la plenitud de un actor de 75 años.

¿Más allá de ser una profesión, qué crees que le aporta el teatro a la vida de las personas?
-Las humaniza. Jean-Louis Barrault dijo: "El teatro devuelve la ternura a los hombres". Y mira lo que son las cosas (y esto es lo que te quería contar): a esta edad venerable, a propuesta de la Universidad Nacional Autónoma de México, me acaban de nombrar Actor de Número de la Compañía Nacional de Teatro que se acaba de formar. De un elenco estable de 40 personas, somos solo 5 actores de número; tres actrices y dos actores (de número, en el sentido de "miembro de número", como en la Academia de la Lengua). Un cargo rentado, permanente, vitalicio, que para mí es un honor.

Has sido el primer actor en recibir un doctorado Honoris Causa en este país, has fundado una de las más importantes escuelas de teatro del Perú, has ido y venido ¿cómo sientes el Perú en relación con tu carrera? ¿Qué extrañas?
Aquí empecé, en mi tierra, a los 18 años. Aprendí las primeras letras teatrales con mis amigos maestros Luis Álvarez y Ricardo Roca Rey. Mediante una beca que me concedió el Instituto de Cultura Hispánica, que presidía entonces Raúl Porras Barrenechea, viajé a España a seguir mis estudios y me quedé cuatro años actuando como actor profesional. Regresé, seguí actuando con la AAA y con el TUSM. -ya había empezado la televisión- Y fundé el TUC. Toda la base de mi carrera está, pues, en el Perú. Como si dijéramos, mis raíces teatrales están aquí; lo que me enseñaron de técnica y de ética está aquí. Siento al Perú en el fondo de mi corazón. ¿Qué extraño? Mi familia, mis viejos amigos, el mar, algunos rincones y el cariño de muchos paisanos a veces anónimos que me saludan sonrientes cuando voy a Lima.

Viéndola en retrospectiva ¿hay algo que cambiarías en tu carrera?
-Mira, mi carrera se dio así, en mis circunstancias. Yo la dejaría como está. La vida ha sido muy generosa conmigo.

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