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PUNTO DE VISTA

La historia de las capullanas

Por Maritza Villavicencio. Historiadora*

Consideradas las matriarcas del antiguo Perú por historiadores connotados como Juan José Vega, las capullanas o tallaponas fueron las gobernantas de la costa norte.

Los tallanes, cultura a la que pertenecieron estas emblemáticas mujeres, tuvieron su centro en Piura y se expandieron hasta Tumbes. Autónomos entre los años 1000 y 1350, fueron luego anexados por los chimúes e incas hasta la Conquista.

Precisamente, los primeros cronistas dan cuenta de la verdad incómoda que ellas representaron: mujeres en pleno ejercicio del poder con capacidad administrativa, política, militar y libertad sexual.

Algunos explicaron la posición privilegiada de las capullanas por la ausencia de varones. Según esta versión, sustituían a los caciques capturados por los chimúes e incas, o recibían el mando por viudez. Sin embargo, el que este sistema de gobierno local femenino persistiera hasta el siglo XVII, en pleno dominio español, revela su fuerza.

Los testimonios sobre estas curacas tienen un halo de admiración. Tal es el caso de las hazañas de la cacica Quilago. Ella dirigió con belicosidad y pericia la resistencia militar contra Huayna Cápac. El inca no entendía cómo una mujer podía capitanear tropas con tal destreza y mantenerlo a raya por dos años. Sin embargo, Quilago fue vencida. Siguiendo las costumbres, se realizaron las ceremonias de rendición, pero la cacica no se daba por derrotada e ideó una estratagema. Sedujo al inca y lo llevó hasta sus aposentos, donde previamente había preparado un pozo para arrojarlo. Huayna Cápac se dio cuenta de la trampa y cambió la suerte de Quilago y la de su pueblo.

El desafío directo fue un rasgo característico de las capullanas. Durante el segundo viaje de Francisco Pizarro a tierras norteñas, fue invitado por la poderosa capullana del lugar. Él, desconfiado, se resistía a aceptar. Entonces, ella tomó la iniciativa. Con una numerosa comitiva fue hasta el navío y subió a bordo, obligando al capitán Pizarro a recibirla y a aceptar la invitación. Este hecho fue calificado de "atrevimiento sin duda estremado".

Pero ocurre que las capullanas, llamadas así por su singular vestimenta, "capuces, con que se cubren de la garganta a los pies", tenían mucho que defender. Las señoras de Achira y de Amotape, además de tener muchas posesiones, manejaban la economía local rica en productos del mar y un intenso comercio en la zona.

Las gobernadoras tallanes fueron verdaderas lideresas locales, con influencia en el sur y el oriente. Los incas y españoles respetaron sus fueros. Atahualpa reconoció a una capullana como señora de los curacazgos de Mórrope y Pacora. Durante el Virreinato recibieron repartos y su voluntad era temida. En 1572 el párroco de Catacaos se quejó ante el alcalde porque la capullana se negaba a reconocerlo. Este hubo de intervenir.

Pero la historia continúa. En las emprendedoras piuranas de hoy habita el espíritu de sus antepasadas: las capullanas.

*MUSEOMUJERPERUANA@YAHOO.COM.MX

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