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ECONOMÍA

Lidia de Olaechea: la dama de los chifles

Pionera en el negocio

Por Antonio Orjeda

PIURA. Lidia no para de llamarme "hijito lindo", y recién me ha conocido. Lleva años sin dejar el segundo piso donde vive y no es que a sus 83 años no pueda ya caminar. A Lidia no le gusta la calle, eso es lo que pasa. Va y viene por su casa, no para de supervisar la preparación de sus chifles, los más populares y los primeros que se comercializaron en el país. Sí, Lidia es una pionera, pero ante todo, Lidia es un amor.

Tuvo que hacer de todo para sacar adelante a sus tres hijas cuando falleció su esposo.
De todo. Mi hija mayor tenía 8 años; la segunda, 4; y ella (Lita, quien ahora administra el negocio), la última, se me quedó de tres meses. ¡Chiquititas!

¿Y usted qué edad tenía?
Treinta y cinco.

¿Qué oficio sabía hacer?
No sabía hacer nada, corazón lindo, pero por el hambre y la necesidad, comencé a tejer. Me levantaba a las cinco de la mañana y hasta las doce de la noche estaba teje y teje; hasta que el doctor me prohibió, porque mis ojitos ya no jalaban.

Su familia pudo haberla apoyado, pero la reforma agraria les quitó sus tierras...
Pero como mi padre había hecho unas casitas, me dejó esta, gracias a Dios.

Este segundo piso que hoy es su centro de operaciones...
Exactamente. Después de tejer, comencé a hacer adornos para matrimonios. Me iba bien. ¡Tenía muy buenas ideas! De ahí la gente se cansó (de sus productos) y comencé a recibir a pensionistas. Metía a mis hijitas en un solo cuarto y los demás los dejaba para pensionistas de colegios, universidades...

¿Ese negocio no funcionó?
No, hijito lindo. La gente se iba sin pagar... Eso era una desgracia.

¿Cómo se sentía?
Abandonada (su voz se quiebra)...

Pero llegaron los chifles.
Un sobrino me dijo... Como mi papá había vivido en el campo, tenía su hacienda en Ocoto (Piura) y le gustaba celebrar su cumpleaños, le gustaba que le hicieran fiesta --bien sonada era--, invitaba a los banqueros, ¡a todos! Hijito lindo, ¡qué laberinto! Los señores bien borrachos... Había un sitio enorme donde se ponía el algodón y ahí se emborrachaban los señores... y lo primero que pedían eran los chifles. En ese entonces mi mamá tenía a unas mujercitas que sabían hacerlos, pero no era ninguna novedad. Mi papá mandaba a matar carneros, pero la carne (seca) no la ponían como ahora --en hilachitas--, sino en hilachas grandes. La gente cómo las comía. ¡Cómo se prendían de los chifles!... Y el sobrino del que te hablo, me dijo: "Tía, haz chifles. Te va a ir bien"... Y a mí, me daba vergüenza.

Lo sé...
Después de ser hacendada, ¿a hacer chifles? Pobrecitas mis hijas --pensaba--, van a decir: "ahí van las hijas de la chiflera".

Pero se mandó, y empezó con todo prestado.
Mi hermana Zulema me prestó.

Si bien los chifles eran una tradición, nadie los comercializaba de manera independiente.
Nadie, pues.

Al principio sintió vergüenza...
¡Por mis hijas! Caracho, pero me llegó la necesidad. ¡Me llegó el hambre, hijito lindo!

Cómo la vergüenza, el qué dirán, nos pueden frenar, ¿no?
¡Fíjate, hijito de mi corazón! Esa es la verdad. ¡Y ahora me siento superfeliz! Porque aquí están mis chifles, y son los que más busca la gente.

Venció el prejuicio.
El hambre y la necesidad me hicieron vencerlo; ¿y para hacer mi propaganda, sabes qué comencé a hacer? Como teníamos bastantes amistades, comencé a llamar a mis amigas por teléfono; y yo no me puedo olvidar que a la primera que llamé --a mi amiga de la infancia Olga Trelles-- le dije: "Olguita, voy a hacer chifles para vender, pasa la voz...". "¡Qué! ¿Estás loca?". "Olguita, no me desanimes, que ya estoy con la idea. Ayúdame a pasar la voz". "Ya, hermanita. Yo te voy a ayudar"... Y así comencé a llamar. Después se me fue la cosita del qué dirán (ríe), y puse un aviso en el periódico. Grandazo, ¡y con todo mi nombre! (ríe más)...

Hoy, a sus hijas, más que decirles: "Las hijas de la chiflera"; les dirán: "Las hijas de la pionera".
¡Las hijas de la pionera! (ríe)...

Si su marido no fallecía, quizás el Perú entero no habría llegado a conocer los chifles.
¿No es cierto? Sí, hijito lindo, porque fuimos las que sacamos los chifles. Las pioneras somos.

¿Y cómo se siente?
Superfeliz, porque he podido sacar a mis hijas adelante, ¡y hasta ahora! Porque hasta ahora nos sostenemos con los chifles.

¿Qué dicen ahora sus amigas?
Fueron las primeras en ayudarme, pero compraban poco, pues antes no eran tantos los deseos de comer chifles... ¿Tú eres de acá?

No, somos de Lima.
¿De Lima vienen?

En busca de mujeres luchadoras como usted.
¡Ah, ya! Gracias.

¿Cuál cree que ha sido el secreto de su éxito?
¡Cuál sería, pues! Pasarle la voz a mis amistades, haber sacado mi aviso en el periódico ¡y el hacerlos bien ricos!

Y haber perdido la vergüenza.
Verdad que sí...

Qué tontos aquellos que se frenan por el qué dirán, ¿no?
Hay que seguir adelante, hijito lindo, porque esa es la forma.

LA FICHA
Estudios: "Solo la media completa, hijito lindo".
Edad: "83 años, que ya me pesan bien feo".
Cargo: Fundadora y supervisora de Chifles Olaechea.

LA EMPRESA
Chifles Olaechea
En 1969 --"con 25 platanitos y un cuarto de kilo de carne"-- Lidia empezó a hacer chifles. Hoy emplea 1.400 plátanos al día y su hija menor administra el negocio. Le han planteado trabajar en sociedad usando otra marca. Ella ha desistido.

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