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Involucrados en muerte de policía durante la cumbre serían inocentes

9:06 | Un video y los testimonios de dos testigos exculparían de responsabilidad a los choferes Lizando Díaz y Edison Tejada

Foro: opine sobre este caso

Por Gonzalo Galarza Cerf

La escena no registra la dimensión de lo que el accidente ha causado en la vida de cada uno de los protagonistas de esta historia y sus familiares: el video muestra al chofer Lizandro Díaz Vigo cuando detiene su taxi tras pasar el cruce peatonal en la intersección de las avenidas Javier Prado y Jorge Basadre, a la suboficial PNP Lady Anaya Gómez al chocar su motocicleta con la parte posterior derecha del vehículo y a sus 22 años caer contra la pista y perderse en la brumosa imagen por unos segundos. Después, se aprecia la furgoneta conducida por Edison Tejada Bravo, se la ve pasar y esquivar hasta estacionarse a un costado derecho de la vía.

El video, al cual accedió El Comercio y que fue visto en presencia de los implicados y sus abogados en el penal para reos primarios de Lima, antes San Jorge, no evidencia si el taxista Díaz Vigo frenó en cumplimiento de la orden de un policía ubicado en la caseta de la Javier Prado, como asegura él y los dos pasajeros que llevaba ese día y cuyos testimonios no fueron tomados en cuenta al elaborar el atestado policial. Tampoco si Tejada Bravo arrolló el cuerpo de la suboficial que apareció intempestivamente delante de su vehículo. Ni mucho menos se ve pasar a la comitiva oficial del canciller de Bolivia David Choquehuanca.

Lo que sí exhibe es a la policía cercada por su propia sangre que va tiñendo el gris asfalto ante la presencia de algunos de sus colegas. Lo que sí es cierto es que el sábado 17 de mayo Lady Anaya murió a causa de una "contusión y laceración encefálica, y traumatismo severo en segmento cabeza, tórax y abdomen", según el certificado de necropsia del Instituto de Medicina Legal del Ministerio Público. Ella no tenía experiencia como escolta ni liebre. Solo se dedicaba al plan Telaraña en Surco.

Lo que sí es preocupante es que haya dos hombres encarcelados desde hace veintitrés días, y que existan testimonios que resquebrajan la decisión tomada por el juez Segundo Zarria Carbajo, del Juzgado de Turno Permanente.

Lo que sí es estremecedor es escuchar las historias de los dos choferes, sus temores por el estado de salud de sus familiares, su angustia por pasar un día más encerrados. Ellos, que nunca pisaron una comisaría, ahora están tras los barrotes y solo les queda despedirse cada miércoles, sábado y domingo de visita de sus hijos, esposas y amigos y esperar su libertad.

CASO DIAZ VIGO
La mañana del sábado 17 de mayo Lizandro Díaz Vigo llevaba a Máximo Rodríguez Velásquez y a su empleada María Inuma a la clínica Ricardo Palma. Díaz dice que conoce el cruce de las avenidas Javier Prado con Basadre como si fuera su propia casa, que todos los días hacía movilidad a unos niños del colegio San Agustín, y que esa era la primera vez que le hacía taxi a Máximo Rodríguez, quien vive cerca de su casa de Maranga.

La versión de los tres es la misma: avanzaban cuando, de pronto, un policía en la caseta los detiene con la mano. Después solo sintieron dos impactos. Para Rodríguez, quien fue policía durante treinta años, "él no tiene la culpa porque obedecía una orden de un policía". Además, Díaz Vigo fue chocado por detrás.

Él vio a la suboficial Anaya hacer un giro con la pesada moto tras chocar el guardafango derecho y caer por ese lado. Cuenta que nadie la atropelló, que muchos querían tocarla pero la policía lo impidió hasta que llegó la ambulancia, que luego tomó otro taxi para ir a dializarse. Sus palabras no fueron registradas en el atestado. Los únicos testimonios son los de los policías.

Díaz Vigo nos cuenta su historia en mesa del patio del pabellón 1 A del penal de Lima, antes San Jorge. Temprano había llamado a su hijo Cristian para hacerle un pedido: "Trae a Ariel". Al ver a su nieto de 5 años, lo abraza y lo besa y le dice a Cristian que el pequeño está con el pelo largo. Señal del paso del tiempo.

El taxista tiene treinta y dos años de experiencia y una sola multa por estacionarse en una zona restringida. El día del accidente no estaba borracho ni drogado, por más que un policía se lo insinuó al verlo ojeroso por estar resfriado. Él está acusado de homicidio culposo por una supuesta acción temeraria que la han considerado como una infracción a las normas técnicas de tránsito. En este caso podría recibir una condena no menor de cuatro ni mayor de ocho años. Algo impensable para su familia .

A su esposa la han tenido que llevar a la casa de su hijo y ahora pasa los días con relajantes. Su hijo, que es abogado, espera que la jueza del Juzgado Penal 48 de Lima, Gloria Silverio Encarnación, cambie mediante oficio la orden de detención por comparecencia, pues le parece un abuso. Su hija, que está en Japón y que dio a luz hace menos de un mes, se enteró pese a que trataron de ocultarle la noticia para cuidar su salud, y papá tuvo que tranquilizarla en tres minutos vía el teléfono público del penal. Sus cuatro hermanos, hipertensos, se resquebrajan al pensar cómo pasa las noches.

Díaz Vigo está preso y su familia también. Presa de la angustia, del dolor . "Me han tenido enmarrocado con una cadena hasta los pies como a un delincuente, tantos que hay en la calle y a uno lo traen", protesta. Tres días durmió entre el piso de la comisaría, de la carceleta del Poder Judicial y del penal junto a Tejada Bravo. Acaba de cumplir sus veinte días de descanso médico tras perder sangre a causa de hemorroides. "Ahora lo que más quiero es salir para estar con mi nieto, que lo quiero mucho", se quiebra.

CASO TEJADA BRAVO
La mañana del accidente Edison Tejada Bravo se iba a recoger a unos pasajeros a un hotel de Miraflores a bordo de la furgoneta de la compañía de turismo Cóndor Travel. Temprano había dejado a unos turistas en el aeropuerto y tenía una hora y cuarenta y cinco minutos para llegar a su próximo destino. No tendría por qué haber conducido a excesiva velocidad, como dice la policía.

Él manejaba por el carril central cuando sintió un impacto y vio caer un cuerpo delante del vehículo, a escasos tres metros. "He esquivado a la chica , he cruzado la avenida y me he estacionado allí. Luego veo mi espejo para bajar y miro a la comitiva grande como de diez carros pasando, todos por su costado", narra junto a su padre , quien lo visita.

Tejada es acusado de homicidio culposo por supuestamente haber arrollado a la suboficial Anaya y por omisión de auxilio, al pretender, según la policía, darse a la fuga. ¿Cómo acusan a alguien de atropello si de pronto ve un cuerpo caer delante de su vehículo? Habría que preguntarle al juez Zarria Carbajo. Tejada asegura que se bajó a preguntarle a la policía qué tenía que hacer, que luego se subió a su vehículo y avanzó lentamente para estacionarse más adelante, que nunca quiso irse.

La sangre de Anaya no ha quedado registrada en la prueba biológica realizada a la furgoneta . Así lo asegura su abogado, César Ramírez, quien espera obtener la orden de comparecencia pronto. "Al parecer la chica estaba distraída", dice. Sus palabras parecen respaldar la versión de un suboficial y de sus padres, que aseguran que no estaba entrenada para ser escolta.

Mientras espera su libertad, Tejada trata de conciliar el sueño y dejar atrás las pesadillas. Su caso parece el de una víctima más, como lo fue la suboficial Anaya.

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