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Los jugadores peruanos son víctimas de un sistema perverso y hostil

9:26 | Un análisis de Jorge Barraza, columnista de Deporte Total, sobre la situación de la selección peruana tras la goleada por 6-0 en Montevideo

"Perú campeón, Perú campeón, es el grito que repite la afición Perú campeón, Perú campeón, dice en cada palpitar mi corazón Hay que ir a triunfar al Mundial, venceremos a todo rival, con el lema Perú va a campeonar Siempre arriba, Perú debe ganar Con Rubiños en el arco, la defensa es colosal Gonzales, Orlando La Torre, Nicolás Fuentes y Chumpitaz".

El valsecito suena tan simpático y a la vez tan anacrónico, hiere tanto el recuerdo De aquel magnífico grupo mundialista del 70 a esta caricatura actual, la selección peruana sufrió una radical mutación. Pasó de ser un orgullo, una sonrisa, una ilusión popular, a un karma, un martirio. Cada partido es nueva sal sobre la herida. El fútbol, pese a transformarse en un fabuloso negocio, no deja de ser un juego, pero un juego que alegra o entristece a una nación.

Si la que hubiera caído 6 a 0 con Uruguay hubiese sido Argentina, el título estaría cantado y tendría letra de tango: "Dan ganas de balearse en un rincón". Cuando los goles uruguayos comenzaron a caer, uno tras otro, ciertamente dio pena por los jugadores. Ellos debían estar ahí dentro, soportando la paliza. No podían escapar. ¿Qué culpa tienen de ser inferiores a sus rivales? ¿Por qué se los conmina a ganar si no están capacitados?

En el fondo son víctimas de un sistema perverso y un ambiente vampiresco, que hasta parece disfrutar con su hostilidad y se escandaliza luego por la falta de resultados. Hablar de la infantilidad de Guerrero (inadmisible en un jugador profesional), de las continuas ventajas otorgadas por Rodríguez, de la inexistencia de Hidalgo, la liviandad de Solano, la flojera general, suena redundante. Todos lo vieron. Este será, una vez más, el momento de alimentar la gran hoguera. Hinchas, periodismo, ex futbolistas, entrenadores, desde el dolor, querrán avivar el fuego lanzándole zagueros, volantes, delanteros, técnico y dirigentes. Que tienen su cuota de culpa, desde luego. Pero son lo que hay. Si alguien sabe de algún crack inadvertido, que avise. No hay jugadores porque no se trabaja en producirlos. Los clubes no cumplen su principal tarea: la formación. ¿Cuántas estrellas germinan en este momento en el semillero de Cienciano, de Universitario, de Sport Boys? ¿Cómo luce el complejo de divisiones menores de Municipal? ¿Cuántas canchas tiene? ¿Quiénes componen la red de ojeadores de Sport Áncash?

Crisis afrontaron y afrontan todos los medios futbolísticos, con derrotas y eliminaciones temporales, críticas y acusaciones; todas pueden solucionarse habiendo jugadores. Si no hay Unos hablan de remover a todo el equipo y apelar al recambio, ¿cuál recambio? De poner jóvenes que se vayan fogueando.

No es serio. Este nivel es bravo, ¿Y si pierden 9 a 0? ¿Cómo alguien podría adquirir experiencia y templando su carácter mientras recibe una humillación tras otra? Es el problema de poner las expectativas muy altas y la planificación muy baja. Soñar con un Mundial sin poseer una estructura mínimamente digna de inferiores es como querer ingresar en la universidad sin pasar por la primaria. Imposible. Entrando en el terreno de los nombres propios, el apreciado Chemo debería formular un mea culpa. Diez meses y medio después de asumir el cargo de entrenador, su balance es claramente negativo: no pudo formar un equipo competitivo, ni darle un estilo de juego, ni cambiar la disciplina de los jugadores, ni ponerlos de su lado, ni atenuar la hostilidad del medio, ni generar un mínimo optimismo. Todo empeoró. Aunque la carrera tiene 18 vueltas, parece haber finalizado en la sexta para Perú. Para peor, el triunfo de Bolivia lo dejó en la cola. Sin embargo, hay que seguir. No se puede tirar la toalla 13 fechas antes. Se clasifica con 27 o 28 puntos y faltan disputarse 39; Perú debería obtener 24 o 25. ¿Cómo lograrlo con este plantel, con este técnico, con esta atmósfera asfixiante? Es imprescindible recrear la esperanza. Para ello hay que dar un cambio de frente de 50 metros que limpie la jugada. Así, no va más.

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