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Asesinatos vinculados al narcotráfico se han incrementado en la ciudad

7:49 | Varios de los ejecutados por los sicarios han sido extranjeros. Los expertos advierten que el crecimiento de estos crímenes podría tornarse incontrolable

Por Mario Mejía / Gustavo Sánchez

Cuando aún estaba fresco el hallazgo del cuerpo descuartizado del dominicano Juan Custodio Isidro Minyotti --implicado en narcotráfico y con beneficio de semilibertad--, hace dos noches se conoció del asesinato en Surco del peruano Juan Pablo Gagliardi del Águila y del colombiano Diego Jaramillo Cardona, quien estuvo procesado por tráfico de drogas. Aún no está claro si el victimario fue un sicario o un socio del colombiano, pero lo cierto es que este crimen, así como otros que se han producido en los últimos meses en Lima, está relacionado con el narcotráfico.

En los dos últimos años se han producido más de una decena de casos de ajustes de cuentas en la ciudad, muchos de los cuales están vinculados al narcotráfico y a ciudadanos de nacionalidad colombiana y mexicana. Sin duda, se trata de una situación preocupante que genera inseguridad en la ciudadanía y cuya tendencia, según los especialistas, es a incrementarse.

"Es una peligrosa escalada que se viene dando desde hace un par de años. El narcotráfico se está trasladando a las ciudades con el consiguiente enfrentamiento entre mafias y el asesinato de funcionarios públicos. Es un signo de alarma muy grave, así empezó en Colombia y México, y cuando eso se desata, se pierde el control", explicó Carlos Basombrío, ex viceministro del Interior.

Por su parte, Gabriel Prado, del Instituto de Defensa Legal, dice que esta sistemática eliminación de personas vinculadas al tráfico de estupefacientes va tomando más fuerza e incrementa la sensación de inseguridad. "Los crímenes a manos de sicarios ya no son eventuales; son algunas expresiones de la fuerza que viene adquiriendo el narcotráfico en el país", sostuvo.

En opinión del coronel (r) Carlos Pércovich, ex jefe de la División de Investigación Financiera de la Dirandro, estos ajustes de cuentas que antes solo ocurrían en la selva, ahora se dan cada vez más en Lima, debido a que las organizaciones criminales trabajan más en la capital, porque la droga se exporta por el mar y ya no por la selva.

El director de la Policía Nacional, general Octavio Salazar, aseguró ayer que el asesinato de Jaramillo y Gagliardi no significa que se esté perdiendo la lucha contra la delincuencia. "La ciudadanía debe saber que la policía se mantiene alerta en las calles, pero que nadie nos está ganando la guerra", dijo tras sostener que en los últimos meses hubo un leve incremento de los asesinatos selectivos, pero no debe alarmar.

Basombrío dice que se debe evitar el triunfalismo gubernamental, según el cual se tiene al narcotráfico bajo control, y se debe fortalecer a la policía, que está pasando por una etapa de crisis. "Hay que hacer un trabajo más profundo en las unidades antidrogas, pues sus resultados, por ahora, no son muy buenos", precisó.

Prado cree que se debe fortalecer la acción policial, sobre todo de las unidades especializadas, y que se debe insistir en las labores de inteligencia. Además, exige que la investigación policial vaya de la mano con las sanciones que le toca imponer al Poder Judicial.

La procuradora Sonia Medina dice que el Perú tiene penas muy severas contra el narcotráfico, pero el problema son los operadores del Poder Judicial y del Ministerio Público, que no toman al narcotráfico como un grave delito y suelen pedir y dar sanciones mínimas.

Como indicó ayer un ex jefe policial que pidió mantener el anonimato, una de las causas por las que no se han resuelto las diversas ejecuciones cometidas por sicarios es que generalmente estos son extranjeros que tras el crimen fugan del país por la frontera y no se sabe más de ellos.

De otro lado, algunos jefes policiales indicaron que la actividad de los sicarios no es generalizada en el país, que son casos aislados. Sin embargo, como recuerda Basombrío, tratar de minimizar el problema puede ser peligroso. Aún estamos lejos de los niveles de criminalidad en México y Colombia, pero si no se ejecutan acciones drásticas, podríamos alcanzarlos.

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