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La buena relación entre Woodman y Manuel Burga se degradó en pocos años

9:27 | Más que conversar, los titulares del IPD y la FPF se mandan recados a través de los medios de comunicación. Siga la historia de un desencuentro

Por Jaime Cordero

Hoy por hoy casi ni hablan, apenas se mandan mensajes a través de los medios de comunicación. Manuel Burga sale en una radio diciendo que ya suscribió la famosa carta que espera la FIFA para no suspendernos. Arturo Woodman contesta el teléfono más tarde y replica que no pasa nada, que él no firma. Así de quebradas están las relaciones. Solo la inminencia de la sanción ha propiciado tibios acercamientos.

Cuesta creer que hace unos años casi podría decirse que eran socios. Dúo dinámico. Si no amigos, buenos compañeros. Fotos de no hace mucho los muestran juntos, sonriendo, celebrando éxitos, como la organización de la Copa América del 2004 y el Mundial Sub 17 del año siguiente. En esos tiempos, no tan lejanos, el doctor incluso salió a defender al ingeniero, luego de que la ADFP lo declarara 'persona no grata' por una discusión acerca de las entradas de cortesía para la Copa América. Woodman renunció a la organización del Mundial y Burga se compró el pleito hasta que logró convencerlo de que volviera al cargo. Así de importante era Woodman para el hombre fuerte de la Videna. Y luego de los torneos, considerados un éxito de organización, ambos siguieron siendo dupla: apadrinaron juntos instalaciones deportivas y hasta fueron condecorados por Prom-Perú. ¿Qué pasó desde entonces?

Pasado sin conflicto
Woodman, hombre polifacético y multitarea, capaz de subirse a un parapente un día y al otro firmar artículos sobre urbanismo en este mismo Diario, llegó tarde a la dirigencia deportiva. En su currículo figuran cargos tan importantes y disímiles como la jefatura de Foncodes (durante el gobierno de Fujimori), y la presidencia de gremios empresariales, como la Sociedad Nacional de Exportadores, la Confiep y la Asociación de Empresas Privadas de Servicios Públicos (Adepsep).

En 1996 llegó al IPD y duró cuatro meses, escaso tiempo en el cual tuvo el atrevimiento de postular al Perú, junto con Ecuador y Colombia, para organizar un Mundial de Fútbol. Pasó de ser gerente de empresas, hombre vinculado al Grupo Romero y amigo de los policías, a candidato a una vicepresidencia en el 2006. Ambicioso siempre ha sido. ¿Conflictivo? No que se tenga noticia. Recuérdese que en el 2004, cuando Alfredo González, entonces nefasto presidente de la 'U', quiso poner condiciones para que el Monumental fuera escenario de la Copa América, Woodman evitó las polémicas y dejó a Ate-Vitarte sin fútbol. Tampoco se hizo problemas cuando Fujimori resolvió que el IPD pasara a depender del Ministerio de la Mujer: expresó su desacuerdo y renunció. Así de práctico solía ser.

Con Burga todo era cordialidad hasta setiembre del 2006, cuando Alan García (el mismo que meses antes lo 'agarró de punto' en la campaña presidencial) lo convocó otra vez para el IPD. Desde el comienzo tuvo que lidiar con el tema de Burga, que ya había sido sancionado por el Consejo Superior de Justicia y Honores del Deporte, pero que seguía en el cargo.

Se reunieron por primera vez a mediados de aquel mes y entonces el ingeniero le advirtió al doctor, que se planteaba la reelección: "Manuel, si la elección se hace bajo ese contexto, lo lamento, pero no podremos reconocerte oficialmente", le advirtió.

La reconsideración del castigo que pidió Burga fue rechazada, pero igual se presentó a la reelección y ganó, en octubre del 2007. Allí terminaron de romperse los palitos, pues el IPD insistió en no reconocer el resultado. Las posturas se tornaron más radicales, hasta llegar a la gran crisis actual.

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