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¿Por qué vale la pena ser hincha de la San Martín? Aquí unas respuestas

12:15 | Un vistazo a los aciertos que han hecho del campeón del Clausura un equipo digno de ser admirado, pese a sus pocos hinchas y a sus solo cinco temporadas en Primera

El 22 de diciembre del 2004 (una época en que los hinchas no iban a los estadios peruanos porque se habían dado cuenta que ver los partidos del fútbol local daba menos satisfacciones que ver los de Cienciano en el extranjero), la Universidad San Martín tenía, al menos, once hinchas entre los que no se contaba a Álvaro Barco ni al utilero César Malqui. Las únicas fanáticas de este equipo eran las esposas de los jugadores que ese día enfrentaban a un Sporting Cristal plagado de juveniles y sus gritos se escuchaban en un estadio Nacional casi vacío.

Casi cinco años después, las cosas no han cambiado mucho, aunque la hinchada sí ha crecido. He aquí los motivos que han hecho que, en apenas cuatro años, las 11 mujeres que alentaban a los titulares se hayan convertido en, al menos, quinientas personas que alientan al campeón del fútbol peruano todas las semanas.

Porque los resultados los avalan. Desde el 2004, cuando fracasó el proyecto inicial de formar un equipo lleno de universitarios que compita contra lo más pintado del fútbol peruano, y casi se van a la Segunda, el cuadro santo optó por un trabajo a largo plazo que le permitió un crecimiento progresivo: el 2005 llegaron a la Copa Sudamericana, el 2007, ganaron el derecho a participar en la Copa Libertadores tras ser del Apertura y obtuvieron el título nacional mientras que el 2008 ya lograron el título del Clausura.

Porque su técnico y sus jugadores tienen trabajo fijo. En el fútbol peruano, donde los técnicos tienen la misma estabilidad laboral que un empleado de quinta categoría, que Víctor Rivera haya cumplido ayer dos años como DT del cuadro santo no solo es una buena noticia que indica que han llegado a nuestro vocabulario locuciones antes inexistentes como "largo plazo" y "trabajo serio". El 'Chino' Rivera, por su parte, ha sabido responder a ello con perfil bajo y un trabajo tan minucioso al estilo del mejor de los profesores de matemática financiera.

Porque es la manera más segura de ir a los estadios. Siempre que uno sea estudiante de la Universidad, basta mostrar un carné universitario en la puerta de oriente para acceder gratis a ese calvario que representa el fútbol peruano. A veces, hasta les ponen buses a los alumnos para ir a algunos partidos. Y si uno es hincha de otro equipo, igual puede ir al estadio de turno y luego colarse, 'de contrabando' a la barra del equipo rival.

Porque sus jugadores 'no se sobran'. Basta con ir al campus de Santa Anita un día, muy temprano, para ver a Leao Butrón saludando a todo estudiante somnoliento que se digna a pasarle la voz. De salida, lo mismo sucede con el resto del plantel. Sus pocos hinchas, claro, no los insultan si pierden un partido. Y eso que el sueldo de los futbolistas debe salir de la mensualidad que pagan por estudiar. De más está decir que si uno estira la cabeza hasta la altura de la ventana de su salón de clases, puede ver al campeón peruano entrenando. Es más, cuentan que incluso uno puede tenerlos de compañeros de aula, pues tienen facilidades para estudiar en esa casa de estudios, aunque es casi imposible que uno comparta unas chelas con ellos en alguno de los 'points' universitarios.

Porque sus jugadores no juerguean. Y el club tampoco les aguanta un solo desliz. Desde que Mario Gómez fue expulsado del equipo santo el 2006 tras ser descubierto ingiriendo licor en el campus, se sentó un precedente más que importante: a los jugadores se les paga para jugar y cualquier cosa que atente contra eso puede ser causal de despido. Sino, que lo diga Mario Leguizamón, figura excluyente del título del 2007, quien fue despedido a mitad del año pasado por sugerir que la jueza Silvia Reyes arbitró mal un encuentro entre los santos y Alianza Atlético debido a que no había mantenido relaciones sexuales antes del partido. Y eso que pidió disculpas.

Porque tienen las mascotas más simpáticas del campeonato. O las únicas. Terminada la era del burro Rolando con el título de la Recopa Sudamericana de Cienciano y desaparecidos "Garrita" y "Quintín" (cuentan las leyendas de la Trinchera Norte y del Comando Svr que ambos fallecieron a manos de la barra rival) ninguna otra hinchada ha logrado conseguir un par de figuras de esponja que se aguanten el calor cercano a los 30 grados que torturan a los dueños de cada traje. "La muela" y "el buho", mascotas de la Furia Santa (de la facultad de odontología) y de Oriente Santo (de la facultad de ingeniería y arquitectura), respectivamente, hacen su fiesta solitos en la tribuna y hasta ahora no hay atentados en contra de ellos.

Porque están en contra de Manuel Burga. Fuera de que su posición sea más una orden del actual ministro de Educación que otra cosa, lo cierto es que la Universidad es uno de los pocos clubes que no ha claudicado en su postura de pedir la salida del presidente de la FPF y se ha enfrentado a todos los presidentes que están a favor de Manuel Burga en la ADFP. Lo cierto es que sus títulos son una cachetada a aquellos directivos que, por lo bajo, quieren que los santos desaparezcan del fútbol peruano porque representa un orden inexistente en otros equipos.

Porque uno se siente especial. Digamos que formar parte de alguno de los pocos cientos que siguen a su equipo todos los fines de semana es digno de elogio. Más aún si uno es campeón.

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