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Autora de 'Sexografías': "No quiero ser solo alguien que va, mira y juzga"

16:29 | La cronista Gabriela Wiener asegura que quiere diferenciarse de muchos que solo son simples testigos, ella optó por experimentar y luego contar

Por César Torres Aguirre

La escritora y periodista Gabriela Wiener presentó el 14 de diciembre su primer libro, Sexografías, una recopilación de sus crónicas y ensayos gonzo sobre la familia Badani, un club de swingers, actores porno y dominatrices, entre otros personajes. "No quiero ser simplemente una persona que va, mira y juzga, como muchos que tocan este tipo de temas y no se mojan ni se contaminan", dice.


¿Qué tan difícil es hablar de ti misma en un tema tan íntimo como la sexualidad?
Me he dado cuenta, un poco sobre la marcha, de que tratar de las cosas íntimas de un montón de gente me ponía en una posición tal que la misma historia me pedía hablar de mí misma. Era inevitable en un club de swingers poner el cuerpo y ver de qué estamos hablando. Siempre siento casi como una obligación casi moral o ética devolver la intimidad que nos han entregado los personajes de las historias. Siempre he tendido a ser muy confesional. A mis parejas les he contado mi pasado: a algunos les gustó, a otros los intimidó.

¿Fue fácil pasar de observadora a participante?
Creo que la verdadera salida del clóset fue con la crónica del club de intercambio de parejas, de los swingers, donde ya fui aposta con mi pareja, que ya no es solamente mi exposición sino la de él. Curiosamente ya estaba fuera del Perú.

¿Hubiera sido más difícil hacer este tipo de crónica en el Perú?

Igual lo hubiera hecho. Probablemente me hubiera demorado más, tal vez hubiera tenido más recelos. Lima ha madurado también. Si bien hay gente a la que todavía le puede parecer que soy demasiado directa, es imposible ser tan inocente y escandalizarse cuando en los blogs y en todos lados se habla directamente de sexo.

Hablemos de la imagen de Luisa Lane, a quien le dedicas un ensayo, esta reportera totalmente entregada a la noticia. ¿Te ves como ella?

Este texto yo lo considero como una poética, pero del todo irónica. Es un texto en el que hablo de la periodista gonzo que pasa una noche con Superman. No le interesa tanto la noticia, sino ser besada apasionadamente por él. Quería un poco quitarle la típica solemnidad al periodista y hacer una reflexión sobre la mujer moderna, periodista y realizada, que en el fondo quisiera algo un poco más sentimental o un momento de amor.

¿Qué es lo que te atrae de personajes como Ricardo Badani o el actor porno Nacho Vidal?

Voy acumulando esta galería de personajes sin darme demasiada cuenta, pero sí me interesa lo abyecto, lo marginal, las sexualidades que no son las convencionales. Cuando hablo de un actor porno no lo pongo como si fuera una maravilla, sino que veo su lado más humano y en el momento en que probablemente debería excitarte esa crónica, te da risa. Es interesante que podamos ver otras maneras de vivir la sexualidad. Me siento identificada con esta manera de ir por la vida.
En el perfil de Nacho Vidal, siento que por momentos él trata de intimidarte con su sexualidad.
Agresiva.
¿Cómo lo toreaste al final?
Supongo que lo toreé a la hora de escribirlo. Al final, esta historia es mía. Probablemente yo haya querido quedar mejor de lo que quedé en la realidad. Supongo que decirle no a un hombre que está que se muere de deseos, de alguna manera te permite tenerlo un poco dominado, sobre todo si es una estrella del porno que está acostumbrado a que le digan que sí y se le abran de piernas. Yo también le abrí las piernas pero fue simplemente un flash y él eyaculó en mis zapatos.
Y perdió.
No sé si perdió. Le encantó porque también es un voyeurista. Un actor porno, para divertirse, necesita un poco de pelos, un gesto simple que pueda llevarlo a la gloria. Creo que Nacho no perdió sino que se complació con ese gesto tan simple.
En cambio, tienes a alguien un poco más refinado como Badani, que resultó un poco conservador.
Es que Badani es muy conservador. Él lo dice directamente, es un señor de su casa y sus mujeres se encargan de ella y no trabajan. Viven una sexualidad que para todo el mundo podría parecer absolutamente arriesgada y loquísima ­-imagínate, siete en la cama -, pero al mismo tiempo es como en el siglo XV. Creo que esta crónica ve un poco ese choque entre una mujer como yo, periodista y moderna, que entra a una casa conservadora donde las mujeres se rinden y sirven al marido. Al final, el bicho raro fui yo. Me podría haber pasado un montón de años de mi vida así. Me pareció súper divertido que te mantengan, te complazcan y te engrían así.
¿Qué es lo que has aprendido al convivir, por un tiempo, con estos personajes?
No sé. Es un intercambio, también. Supongo que después de los swingers me puse un poco viciosa sobre el tema, iba mucho a los clubes y eso. De hecho también tuve mi etapa Badani, y con mi marido quisimos enrolar a una mujer y estuvimos a punto de poner un anuncio en el periódico. Y pasé por mi etapa sadomasoquista. Pero me da por temporadas cortas, como a mucha gente. Como periodista o escritora, al meterme en estos mundos, al final los experimento pero creo que hay muchísima gente que también lo quisiera hacer.
En una entrevista dijiste que tu pareja te apoya en lo que haces. ¿Fue fácil para ustedes conciliar una vida de pareja con tu trabajo?
A él le gusta mucho lo que hago y si está presente, aún más. Cuando fuimos al club de intercambio de parejas, queda claro -espero- el hecho de que sentimos muchos celos, mucho temor, nervios, y se ve cómo nos arrepentimos y después volvemos a la carga. Realmente esa es la dinámica en general de una pareja, consensuar ciertas cosas, exponerse, arriesgarse, ver si se puede llegar más lejos. Nosotros lo vivimos así. Las cosas las conversamos muchísimo y la mayoría de veces él no intenta limitarme, pero yo no haría nada que lo joda demasiado.
Hay celos en algún momento, de tu parte o de su parte en la vida cotidiana.
No somos tampoco tan modernos. También tenemos ataques de celos por momentos. Igual tengo una relación peculiar con los celos. Siempre he sido una persona muy voyeurista y me gusta mucho ver a mi pareja con otras mujeres, pero también tengo mis límites. Todo es cuestión de coordinar hasta dónde puedo llegar yo o él. Nos gusta jugar.
¿Qué te atrae de la pornografía?
Yo me masturbaba con Caretas, con la calata. ¿Tú también?
Creo que todos.
Pero eso era por la falta de material. Eso era lo único que tenían mis papás, la calata de Caretas. Después tuve un novio que era un poco mayor que yo y tenías sus casetes y me puso uno de incesto.
Tabú 1.
Fue una de las primeras que vi. Después me puso una con la Cicciolina en la granja. Es evidente por qué me quedé enganchada y hasta ahora soy consumidora. Mi relación con la pornografía creo que es la de una persona normal, que es básicamente para satisfacerse y masturbarse y tener un orgasmo. Ahora ya no necesitas ni conseguirte películas porque todo está en Internet. Depende de qué me provoque, porque también puedo buscar cosas más hard. Lo bueno es que, según tu gusto, puedes buscar algo suave para calentar y luego buscas sexo anal o algo para terminar.
¿Tiene la pornografía un lado intelectual?
Hay muchos clichés sobre lo que a una mujer le puede gustar del porno. Siempre se habla de qué le gusta lo soft, lo erótico en blanco y negro, y no es así. A nosotros también nos gusta lo duro, lo fuerte.
Lo que le gusta a los hombres, usualmente.
Hay cosas del porno de toda la vida que ya no nos excita ni a hombres ni a mujeres porque es esta repetición de siempre de eyaculaciones en la cara, que es un poco cansino. El postporno tiene que ver con eso, porque te habla de un porno inclusivo, donde puede estar un discapacitado, una mujer fea, un gordo, un enano. Todos tenemos derecho a hacer porno. El postporno lo hacen muchos artistas visuales, performers, que lo que quieren es criticar y cuestionar lo que hasta ahora hemos entendido como porno, que ha sido algo hecho para heterosexuales, blancos y dominantes.
¿Es todavía parte del atractivo de la pornografía su aura de prohibido?
Me imagino que cuando el porno deje de tener esta cuestión secreta, clandestina, de esconderte y correrte la paja, perderá gracia. Este componente es súper importante para la excitación. Si no es así, será en otras dimensiones, como tirar en la calle o el voyeurismo. Hay cantidad de webs donde la gente lo que quiere es colgar sus videos. Todos queremos ser ahora directores porno y estrellas de porno, y lo somos. Nos gusta mirar y ser mirado y ahora Internet lo permite y me parece esto también fantástico.
¿Sobre qué te ves escribiendo después de Sexografías?
Ahora estoy en El País, donde cada dos semanas publico una pequeña crónica gonzo (sobre temas de sexo), con webcams o furries. Pero el próximo libro, que ya lo tengo determinado, es sobre la maternidad, mi embarazo, la biogenética, mis abortos, la relación con mi madre, vivir fuera y tener un hijo. En general, son esos nueve meses pero desde el punto de vista de una mujer que no intenta darte clases de nada sino dar un testimonio de una época de su vida absolutamente demencial y creo que haciendo un poco de reflexión ahora mismo en un mundo donde todo el mundo quiere ser padre y madre.
Tú hablabas de que la experiencia de ser madre ha sido mucho más fuerte que otras que has tenido.
Que ha sido la experiencia más gonzo de mi vida, en definitiva. Es muy duro, sobre todo viviendo fuera, sin madre, abuela o tía, y donde tener una empleada es un privilegio. Es extenuante y es precioso.
¿Siempre quisiste que el libro haga reflexionar también sobre la sexualidad?
A mí nunca me ha gustado la escritura simplemente erótica. Bueno, ya hubiera querido escribir como Sade, pero como género no me satisface. Lo mío siempre ha sido como una crónica real, son testimonios, y  nuestra sexualidad no siempre es tan exuberante ni está llena de esas figuras típicas de la literatura erótica, de formas voluptuosas. A mí me interesaba algo más real, como la campaña del jabón Dove (sobre la belleza auténtica).

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