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Programas sociales deben identificar a los pobres con nombre y apellido

9:14 | Expertos señalan que asistencialismo no basta para reducir la pobreza y proponen que se concentren programas

Por Luis Felipe Gamarra

En el Perú parece una ironía llamar 'chorreo' al justo anhelo de redistribuir la riqueza con más equidad empezando por los más pobres. El término lo acuñó el presidente (2001-2006) Alejandro Toledo, alentado por un crecimiento del PBI que ya lleva 89 meses sin parar, aunque ahora lo hace a menor velocidad por la crisis mundial. Sin embargo, este desarrollo no benefició a todos los peruanos. Se calcula que 11 millones son pobres y de ellos casi 4 millones son llamados pobres extremos, por sobrevivir con menos de tres soles al día. En su auxilio, el Gobierno ha elevado el presupuesto de los programas sociales hasta S/.4.300 millones. Lo terrible es que todo ese torrente de dinero no mejorará la vida de los más pobres. Mucho se perderá en el camino burocrático y en gente no tan urgida, porque hasta ahora no se tiene un padrón que identifique con nombre y apellido a cada uno de los beneficiarios.

Para definir correctivos a estas dolorosas fallas en la redistribución, El Comercio convocó a un grupo de economistas, antropólogos, psicoanalistas y sociólogos, entre los que participaron representantes del Estado, así como destacados profesores universitarios e investigadores, para preguntarles: ¿Qué necesitamos, además del crecimiento, para reducir la pobreza en los departamentos más abandonados? La mesa redonda fue moderada por Francisco Miró Quesada Rada, director de El Comercio, así como por Juan Paredes Castro, editor central de Política, y Juan Zegarra Salas, editor del departamento de Economía y Negocios.

UNIFICANDO CRITERIOS
Durante el debate, se coincidió en que solo el crecimiento o solo los programas sociales no bastaban para reducir la pobreza. Por un lado, estaban los que pensaban que se necesitaba industrializar a los pobres, con programas intensivos de empoderamiento y generación de capacidades, para que ellos mismos mejoraran sus condiciones de vida, por haberse integrado a la economía moderna. Por otro lado, estaban los que pensaban que se necesitaba focalizar, afinar y concentrar más los programas sociales, como Juntos, para seguir de cerca su efectividad a la hora de combatir la pobreza con la precisión de un láser quirúrgico.

Durante la primera ronda de intervenciones, la ministra de la Mujer y Desarrollo Social, Carmen Vildoso, sugirió aprovechar experiencias como las del Vaso de Leche y de los comedores populares, que se originaron dentro de la colectividad, a las que más tarde el Estado les asignó un recurso. Para ella, la clave está en generar ese tipo de espacios de atención a los más pobres, que han sobrevivido más de 25 años. "La meta debería ser crear escenarios concertados entre las organizaciones para llegar a una focalización consultada", explicó.

Iván Hidalgo, presidente del consejo directivo del programa Juntos, afirmó que reducir la pobreza empieza por identificar a los pobres. Para ello recomendó entregar de manera universal el DNI a todo peruano nacido a partir de 1 año. Además, demandó que se apruebe una norma, con rango de ley, que sirva para unificar los criterios de focalización, es decir a quiénes apoyarán los programas sociales. Hizo también otra acotación clave: los programas sociales solo deberían atacar la extrema pobreza.

Alejandro Afuso, director ejecutivo del Programa de Ciencia y Tecnología de la PCM, recalcó que en ningún país del mundo el crecimiento o los programas sociales per se reducen la pobreza. "Hay que eliminar las restricciones que impiden a los pobres acceder a activos. Un sistema de denuncias, quejas y reclamos es fundamental para empoderar a la población con cierta responsabilidad sobre los recursos que el Estado les asigna", afirmó.

CRECIMIENTO INJUSTO
Tanto Carlos Aramburú, profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, como Enrique Vásquez, investigador de la Universidad del Pacífico, confirmaron que el desarrollo económico de la costa urbana ha tenido como base los incentivos de la inversión privada, que no se ha plasmado de la misma manera en el interior del país. "La política social es un complemento, pero no reemplaza la política económica. El gasto social debería ser anticíclico, cuando la economía crece, se debe invertir en educar y promover negocios entre los pobres. Cuando hay crisis, allí hay que ayudarlos", dijo Aramburú. "No solo hay que ponerle atención a la pobreza monetaria. Pongamos atención a la pobreza calórica. El 32% del país sufre de déficit calórico. ¿Qué significa? Vulnerabilidad para las enfermedades, para aprender y comprender. Esa es una forma más dramática de pobreza", alertó Vásquez.

En otro sentido, Pablo Bustamante, consultor de El Comercio, explicó que el desarrollo social dependía exclusivamente del crecimiento económico. "El Perú tiene 45 años de retraso respecto del resto de países de América Latina. Mientras los países emergentes crecían a 2,7%, nosotros lo hacíamos 0,7%. ¿Cómo entonces queremos tener maestros, enfermeras, policías bien pagados, si hemos tenido un Estado quebrado?", se preguntó Bustamante, quien aunque no coincide con que el crecimiento haya sido inequitativo, sí concordó en que se debería empoderar a los pobres para convertirlos en agentes económicos que aporten al crecimiento del PBI.

El psicoanalista César Rodríguez Rabanal advirtió que mientras las condiciones de precariedad se mantengan, se van a seguir gestando actitudes de pasividad y conformismo, que van a elevarse en descontrol emocional que a su vez degeneran en conflictos sociales, lo que agrava aun más la pobreza. Carmen Rosa Balbi, profesora de la Pontificia Universidad Católica del Perú, afirmó que la falta de concentración de los programas sociales no ha permitido medir los resultados del asistencialismo. "¿Cómo se puede hacer un monitoreo si no hay una línea de base? Un país sin una línea de base es ni africano, con el perdón de África. Escuché que han licitado la elaboración de una línea de base, pero ya han pasado dos años y no se ven los resultados", concluyó.

GENERAR CAPACIDADES
Durante la segunda y última ronda, Aramburú consideró una mentira decir que los pobres carecen de activos para integrarse a la economía moderna. Ellos viven en más de 100.000 lugares de interés geológico y ecológico, añadió. Al respecto, Carmen Rosa Balbi afirmó que faltaban recursos para abrir más órganos capacitadores como Senati o Cenfotur, a fin de que los desfavorecidos gestionen su propio desarrollo. Tanto Vildoso como Hidalgo admitieron que necesitan más recursos para focalizar el gasto social a cargo del Estado.

La mayoría de invitados coincidió en que la capacitación debe ser parte fundamental de la agenda de un Estado, sobre todo en épocas de crecimiento.

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