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Antes fue una chica de TV y hoy es gerente general

8:48 | Verónica Pflucker asumió una fábrica sin saber qué iría a hacer. Se moría de miedo. Su administrador le robó lo ganado todo un verano. Ella asimiló el golpe y, en ocho años, cuadriplicó sus ventas

Por Antonio Orjeda

Cuando Verónica Pflucker tomó el reto, Iglú producía 120 mil bolsas de hielo al año. Los socios de su hermano, pese a su experiencia en negocios, no habían podido hacer más. Él vivía en EE.UU. y aunque Verónica no tenía cartón que la respaldase, creía en ella. El medio millón de bolsas con que Iglú acaba de cerrar el 2008 certifican que no se equivocó.

Su primer administrador le robó la ganancia de todo un verano.
Él fue a quien al comienzo yo le preguntaba: "Y ahora, ¿qué hacemos? ¿Cómo hacemos?"... Y bueno, me robó.

¿Qué sintió cuando eso pasó?
Impotencia, porque ya no podía hacer nada. Frustración, porque sentí que estaba defraudando a mi hermano: él me había dado la fábrica, había acabado el primer verano y yo estaba perdiendo. Pero él me dijo que esa era la escuela de la vida (ríe)... que eso que había aprendido nunca más me iba a volver a pasar; y es verdad: a mí ya no se me escapa nada.

¿Qué hizo?
Lo primero, poner orden. ¿Y segundo? Salir a vender, y fue lo que hice: Me pasé todo un año en la calle: vendiendo y vendiendo.

Tomó la empresa que compraron los entonces socios de su hermano, ellos eran hombres de negocios. ¿Cómo entender que no hayan sabido hacerla?
Yo pienso que fue porque Verónica salió a vender, a tocarle la puerta a cada restaurante, a cada local, y que yo saludase al almacenero o al encargado de compras y les dijera: "Cómprame a mí, mira lo que te ofrezco: mira la calidad, la atención...". Mi llegada fue mayor que la de un vendedor. Es muy diferente que vaya la dueña --mujer, simpática--. ¡A mí nadie me iba a decir que no!

Acababa de llegar de Inglaterra --divorciada, con una niña de 2 años--, ¿por qué se metió en algo que no sabía?
Trabajé un año en la cadena Alfresco, pero no era un trabajo en el que yo pudiera decir: "¡Guau, qué bien lo estoy haciendo!". Mi hermano había invertido en esta fábrica, y me ofreció la oportunidad de manejarla. Al principio me dio miedo. Tú dices: "Caracho, ¡yo cómo voy a poder!". Pero acepté el reto, y poco a poco, la escuela de la vida, el estar acá, me ha ido enseñando.

Es guapa. Muchas mujeres se buscan un marido con plata ¡y ya! ¿Por qué no hizo eso?
Porque una mujer independiente es mucho más interesante. Mi mejor logro en la vida es que no dependo de nadie: tengo mi negocio, soy libre, independiente, estoy al lado de quien quiero estar, tengo una hija maravillosa. ¿Qué más puedo pedir?

En los 80 trabajó en la TV. ¿Cuál era entonces su plan de vida?
Quería ser actriz, quería estar en la televisión, quería seguir siendo el rostro lindo de Canal 2. Pero la vida no termina siendo como tú te la imaginas, y yo terminé en Inglaterra. Estudié administración, pero no terminé porque conocí al que fue mi esposo. Trabajé en una franquicia de accesorios de modas: empecé como vendedora y llegué a gerenta regional. Me retiré porque salí embarazada.

¿A qué se debió su ascenso?
A que, como en todo, yo siempre he sido muy perfeccionista. Yo no trabajo porque me pagan, lo hago porque quiero ser la mejor.

Entonces debió ser muy frustrante cuando empezó en Iglú y la estafaron.
¡No sabes cuánto lloré! Estaba defraudando a mi hermano: no habían pasado ni seis meses ¡y ya estaba 'en menos' no sé cuántos miles de dólares!

Pudo haberse convertido en una persona ultradesconfiada.
No es que sea desconfiada, pero ¡todo lo chequeo!

No solo ha diversificado su producto, sus clientes saben que la pueden llamar a cualquier hora...
Incluso en las noches he tenido llamadas: "¡No ha venido el vendedor!". Y yo siempre les he solucionado el problema, porque yo soy la cara de Iglú.

Precisamente, usted es una mujer que cuida su imagen y, como empresaria, ha llevado esa preocupación a su marca.
Sí. Mi hermano me dice: "De repente estás cansada, ¿por qué no pones la fábrica a la venta?".

¡Pero por qué le plantea eso!
Es que este es un trabajo bien estresante. Es fuerte: los viernes hay que ir a chequear al sur, hay que visitar a los clientes y todo eso lo hago yo, porque el contacto entre mi cliente e Iglú soy yo. En el verano el trabajo es realmente fuerte --es cuando más vendo-- pero yo sé que es fuerte, y ya estoy acostumbrada.

¿Cuando llegó de Inglaterra tenía idea de qué quería hacer?
No. Pasó por mi mente: "¿Y si vuelvo a la televisión?". Pero habían pasado ya casi 18 años, y hoy ya no puedes ir a la televisión sin estar preparada.

Es curioso que lo diga, pues sin estar preparada usted se mandó a dirigir una empresa.
Es que --ahora sí lo puedo decir-- llevar una empresa es fácil, solo que tienes que ponerle todo.

Haber logrado lo que ha logrado debe haber redundado en su autoestima.
Me ha dado más confianza. Mis amigas se ríen cuando entro a un bar o a un restaurante, porque lo primero que hago es preguntar: "¿Qué hielo usas?".

¿Y ha cambiado también su vínculo con los hombres?
Hay quienes se intimidan ante alguien con éxito, tan independiente, ¡pero es natural! Y bueno, yo tampoco quiero a un hombre que se sienta intimidado. Hacia eso no apunto (ríe)...

Los prejuicios dirán: "Así cualquiera, ¡a ella su hermano le puso la empresa!".
He escuchado comentarios: "¡Qué suerte!". Pero no solo es suerte, porque pude no saber manejarla o no saber aprovecharla. Yo tomé ventaja de la oportunidad que me dieron: uno tiene que aprovechar todas las oportunidades que pasan por su vida. Así te equivoques, porque el que no arriesga, no gana.

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