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La vida del padre Juan Serpa Meneses: el vicario de la fe solidaria

15:55 | Fundó un comedor en una zona ultrapeligrosa para dos mil niños. Lea esta crónica publicada el 2007

Por Miguel Angel Cardenas M

LA FE COMO DESINTERÉS
A media cuadra del jirón Callao y a un cuarto de cuadra del jirón Ica, en el Cercado de Lima, se detiene un hombre que no quiere tener rostro para ningún retrato ni nombre para algún reconocimiento ni palabras que expliquen lo que hace. El incesante padre Juan Serpa -un cura que para su lucha sí debe tener rostro, nombre, palabras y además el corazón campeador- lo toma del brazo en esa simbólica calle.

"Hace ocho años este señor nos trae el pellejito de chancho que calienta nuestros panes. Él tiene con las justas su negocito de sánguches en Polvos Azules y desde ahí se viene con su carretilla a darnos alegría", lo intenta retener el padre de 75 años. Pero el milimétrico empresario le dice: "no lo diga, padre", se suelta y corre con su identidad por los cielos; como un representante del otro corazón del Perú globalizado. Este país con una macroeconomía boyante, pero que hace rabiar a Serpa: "En épocas con recesión e inflación había más solidaridad, pero ahora son poquísimos los grandes empresarios que ayudan; es lamentable que el hombre cuanto más rico, más avaro".

DESINTERÉS COMO INDIGNACIÓN
Esta media esquina es crucial. En el jirón Callao está el comedor y el colegio parroquial Nuestra Señora de Monserrate: un terreno baldío que el padre baldeó hace 21 años con fumones, pirañas y prostitutas ("también hijos de Dios"); y que ha convertido -"gracias al sombrero de Cristo"- en un centro de cinco pisos donde se alimentan y educan dos mil niños de bajos recursos los días de semana y 600 adultos de 40 y 50 años que no han terminado el colegio, los sábados y domingos. (Aquí nunca se impidió el ingreso de niños con padres divorciados o madres solteras).

En la otra media cuadra, en el jirón Ica, está el segundo orgullo triunfante del padre: la iglesia de San Sebastián, la segunda más antigua de Lima (construida en 1585), que Serpa encontró en pedazos, con huecos hediondos, sin techos y afrentada como hostal de delincuentes. Y que en 1985 rehabilitó con pasión diluviana y apocalíptica para dedicarla a los provincianos en Lima. Hoy que se habla del nuevo rostro que le dieron los migrantes a la ciudad, San Sebastián se ha convertido en el museo interactivo e interdivino de los santos que también migraron con su devoción, desde los años 50.

En la segunda mitad de los años 80, época aprista de vacas desnutridas, aquí se dio el prodigio de la solidaridad. Con ganas de mandar todo al infierno, Serpa fue buscado por otro hombre sin nombre, esta vez un gran empresario. Él había perdido todo cuando Velasco le confiscó sus propiedades e iba a lanzarse desde el Salto del Fraile. En el camino vio una capillita y rezó mucho. Sintió un consuelo inefable y se aferró a la vida. Empezó de nuevo, hizo empresa y cuando se enteró de la desesperanza del padre con su capilla, lo buscó para ser recíproco con la divinidad. "Le dije que solo había reunido los materiales, pero que no tenía para pagar las planillas. Y él mismo vino a pagarlas hasta que se restauró".

A fines de la primera década del siglo XXI, época aprista de vacas engordando, parece ocurrir el portento del egoísmo. Y Serpa cree que la indignación es cristiana: "En la última CADE en Ica se habló de la lucha contra la pobreza. Y ahí estaba la doctora Blume. Me dijo: 'ahorita con los empresarios hacemos algo'... No pudo lograr que uno solo dé un sol. El doctor Morales, ex presidente de la Confiep, me llenó de ilusiones. Igualito, le llamo en la semana y me dice: 'he tocado, en tres, cuatro puertas y nadie quiere ayudar'". Serpa le viene tocando la ventana polarizada a Gonzales Posada, Del Castillo, Pilar Nores. Y no se ve ni huele ni oye, padre.

INDIGNACIÓN COMO VOCACIÓN
Pese a que él nació en Huarochirí, afuera de la iglesia de San Sebastián -que en tiempos coloniales era el sitio preferido para duelos de espada por el honor- se han originado contiendas callejeras entre los cusqueños, ayacuchanos y puneños para definir su origen. "Es tremendo, yo soy peruano, no extraterrestre y se acabó".

Juan Serpa se decidió a ser cura por puro luchador social. "Luego en el seminario sentí esa dimensión espiritual". Todo empezó cuando escuchaba a un profesor anticlerical en el colegio, "e hizo que a los 12 años por curiosidad me vaya a la Biblioteca Nacional y lea sobre el cura Hidalgo, que montado en un burro con un palo botaba a los españoles en México. Después me cautivó la vida de Fray Bartolomé de las Casas, que era defensor de los indios ante la corte. Y lo que más me robó el corazón fue la historia de Toribio Rodríguez de Mendoza, fundador del colegio San Carlos, donde se formaron los próceres de la independencia". Y Juan se fue a estudiar al seminario de Ayacucho, porque quería ser defensor de indios, "de los míos".

En el seminario ocurrían los claroscuros canónicos que ocasionaron que pedir perdón en la Iglesia sea de lo más divino. A un amigo suyo que tradujo al quechua la liturgia de la misa lo expulsaron. El latín era moneda única. Pasarían más de dos décadas para llegar a aquel hito-rito histórico de 1974: cuando Serpa ofició la primera misa en quechua en la catedral de Lima. "Y se llenó como no tienes idea, a mí me indignaba el racismo y que los provincianos tuvieran vergüenza de su idioma". El hoy vicario de los quechuahablantes en Lima se fue a Radio Victoria para transmitir su misa en quechua, haciendo una simbiosis del quechua dulce ayacuchano y el gutural cusqueño. Hoy San Sebastián recibe a 4.000 fieles los domingos y en épocas de fiestas patronales -Corpus Christi y Qoyllur Riti- queda diminuta.

VOCACIÓN COMO CERTEZA
Siempre hay un texto de la Biblia que lo refugia: "cuando Cristo dice: si el grano de trigo no cae del suelo, no es pisoteado, no se pudre, no podrá germinar, no podrá ver frutos". Porque Serpa llegó a la parroquia de Monserrate a los 44 años en 1975 y le arrebató con uñas y liendres el sitio a la delincuencia: con sus voluntarios llevaba a misa a los palomillas y pirañas. La situación fue denigrante, porque enfrentó otra delincuencia retrógrada. "Empecé a hablar de pobreza, de hambre. Y de repente me llamaban para decirme: te vamos a matar, cura desgraciado, qué hambre hay. Las secretarias temblaban, un día no aguanté y le dije: yo voy a ir a pie a radio Victoria; y si te encuentro, te voy a moler a patadas, y me salieron lisuras, Dios me perdone. Fui y no había nadie. Y por radio dije que tenían que venir a buscarme y no han venido, ya me voy. No pasó nada".

CERTEZA COMO DEFENSA
El padre Serpa nunca ha esquivado temas controvertidos. ¿Usted que ha vivido en Roma, qué opina cuando se dice que el Vaticano tiene tanto boato mientras el mundo se muere de hambre? "No es tal cosa, igual dicen de los obispos del Perú, que ganan millonadas, y es mentira. No llegan ni a 600 soles mensuales y los del interior a 300 soles. Y eso como retribución a todos los bienes que el Estado confiscó de la Iglesia, como restitución. En Roma, riquezas yo no he visto, pero si hay algo que no he podido realizar en mi vida y me hace sufrir, es que no he logrado crear la casa sacerdotal para el clero diocesano. Porque aunque digan que la Iglesia es rica, muchos curas mueren en la extrema miseria".

Es amigo de Gustavo Gutiérrez y del cardenal Cipriani, ¿su pensamiento está en el centro? "Yo no estoy ni al centro ni en el extremo, estoy dentro de la Iglesia. Porque estoy en comunión con el Papa, con el obispo, pero sobre todas las cosas con Cristo y con mi prójimo". La leyenda negra dice que la madre Teresa aceptaba donaciones de personas dudosas, ¿usted las aceptaría porque podría ayudar? "Nunca. Los he rechazado... debe ser por eso que no recibo mucho".

¿El catolicismo popular que usted apoya no tiene acaso dosis de paganismo? "Esa es la interpretación de quienes no conocen el idioma. El que sabe quechua sabe que esos diablitos que danzan delante de la imagen están pidiendo perdón a Dios, le están diciendo que al lado de su muerte no los abandone. Cómo les voy a prohibir eso".

DEFENSA COMO DICHA
"En esta pila donde se bautizaron Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres hasta el coronel Bolognesi y el poeta José María Eguren, aquí te bautizo a ti", dice siempre el padre en San Sebastián antes de bautizar a un niño en esa apoteósica pila a la que los fumones le robaron el colonial enchapado de plata. Aquí el altar lo preside la misma Virgen Inmaculada que mandaron a hacer sus padres (que vivieron hasta los 101 y 98 años) para pedirle que Juan volviera de Roma y les cumplió el milagro. Y hay altarcitos de todas las provincias del Perú, especialmente del Cusco: el Señor de Torrechayoc, el de Pampacucho, la Virgen Asunta de Coya, la Virgen de las Nieves de Cora Cora y el santo sepulcro policromado que sale en procesión cada Viernes Santo. Serpa ha esculpido feliz sobre el púlpito al santo cura de Arce, el patrón de los diocesanos. Aunque la gente grite al final de la misa que ese es el padre 'San Serpa'.

DICHA COMO FE
Mientras en el comedor de Monserrate, de más de 40 bancas, continúa la frase de bandera: "La especialidad de hoy: alimentar la mente y el estómago", tanto la iglesia de Monserrate (que fue la de virreyes y nobles en la Colonia) como en San Sebastián (las dos están a su cargo), Serpa clama: Ama maqlla: no seas tacaño. Y habla de su proyecto en Huachipa, donde ha formado un instituto superior tecnológico parroquial para darle una carrera de tres años a 130 muchachas de las provincias más alejadas, con el apoyo del Estado y la policía.

En Cuyo, un pueblito de Puno, han comprado insumos para que una dirija una empresa panificadora, pero "a los burócratas no les da la gana de nombrarlas alfabetizadoras, por ejemplo, y algunas se regresan a Lima por falta de dinero. Es injusto, y así quieren eliminar el analfabetismo para el 2011". Serpa necesita ayuda para seguir con Huachipa y pasa el sombrero. ¿Llegará la leche de las vacas gordas de la macroeconomía? Hinataq kachun significa amén.

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