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El abrazo colombiano

Un repaso por la historia de la industria fílmica de Colombia, a propósito de las películas que se proyectarán en la FIL Lima

El abrazo colombiano

El abrazo colombiano

En un acto inesperado de justicia poética, en pleno auge de la globalización y la disolución de las fronteras culturales, cuando el libre mercado reclama productos homogéneos fáciles de consumir y desechar, la producción más autóctona de todas, la más influida por su geografía tropical y cosmovisión indígena, resultó ser la más universal. Desde su triunfal estreno el año pasado en el Festival de Cannes, "El abrazo de la serpiente" se ha convertido en la embajadora oficial del cine colombiano. Su fama aumentó cuando obtuvo la nominación al Óscar a mejor película extranjera, algo sin precedentes en la cinematografía del país. En el mes que celebra su fiesta patria (el 20 de julio fue su día nacional), y en el marco de la 21 FIL Lima (donde es país invitado de honor), hacemos un repaso por sus películas más notables, aquellas que mejor representan su diversidad de temas y miradas. 


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Podríamos remontarnos a la época del cine mudo, cuando la antiimperialista "Garras de oro" (1926) incendiaba la pradera; o ir directamente a la ruptura del cine clásico, cuando "Tres cuentos colombianos" (1962) y "El río de las tumbas" (1964) centraban su atención en la gente del campo y su lucha diaria por sobrevivir al hambre y la explotación laboral. La década del setenta estuvo principalmente animada por los integrantes del Cine Club de Cali, los amigos y compañeros de ruta del escritor Andrés Caicedo, quizá el primer ícono del cine colombiano. Pero Caliwood —como se denomina al movimiento de cineastas caleños, amamantados por la contracultura y los valores políticos de Mayo del 68— llegó a ser lo que fue gracias a la obra de Luis Ospina y Carlos Mayolo, cineastas con marcado gusto por la irreverencia, como lo demuestra el cortometraje "Agarrando pueblo" (1977), falso making off de un documental de “pornomiseria”. Asimismo, fundaron el “gótico tropical”, género fantástico y delirante poblado por caníbales, vampiros y otras raras especies. "Pura sangre" (1982), de Ospina, y "Carne de tu carne" (1983), de Mayolo, son imperdibles para cualquier cinéfilo amante de las historias inusuales. 
    Por otro lado, no es ningún secreto que el cine latinoamericano de la década de los ochenta y noventa se caracterizó por la sequía de propuestas audaces. A pesar de ello, es posible hallar un puñado de verdaderos clásicos colombianos, por ejemplo "Cóndores no entierran todos los días" (1984), adaptación a la pantalla grande de la novela homónima de Gustavo Álvarez Gardeazábal, exponente del cine político y del revisionismo histórico, como también lo es "Confesión a Laura" (1990), de Jaime Osorio Gómez. Podemos sumar a la lista "Tiempo de morir" (1985), especie de wéstern caribeño, basado en un guion de Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes; y "La estrategia del caracol" (1993), de Sergio Cabrera, comedia de enredos que es una parábola de la sociedad colombiana y sus crisis. Es indiscutible que el realizador más talentoso y valiente surgido en Colombia en aquella época de violencia y convulsión social fue Víctor Gaviria, creador de tres películas claves: "Rodrigo D: No futuro" (1990), "La vendedora de rosas" (1998) y "Sumas y restas" (2005); a pesar de que varios de sus proyectos se han visto frustrados por su método particular —confía mucho en la improvisación y trabaja con actores naturales—, la buena noticia es que después de muchos años ha vuelto a completar un largometraje: "La mujer del animal". 


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El nuevo siglo ha traído una considerable cantidad de cintas ancladas en la violencia urbana. Así lo demuestran títulos como "Rosario Tijeras" (2005), "Satanás, perfil de un asesino" (2007), "Paraíso Travel" (2008), "Perro come perro" (2008). Dos de las mejores obras siguiendo esta línea son coproducciones internacionales firmadas por cineastas foráneos: "La Virgen de los sicarios" (2000), del francés Barbet Schroeder, y "María, llena eres de gracia" (2004), del estadounidense Joshua Marston. Luego tenemos ese nuevo cine colombiano que tiene presencia constante en festivales internacionales, un cine joven y sabio a la vez, de enorme sensibilidad y belleza plástica, mucho más identificado con escenarios rurales; más allá de "El abrazo de la serpiente", tenemos "Los colores de la montaña" (2010), "La sirga" (2012), "La playa D.C." (2012), "Chocó" (2012), "Gente de bien" (2014), "Tierra en la lengua" (2014), "La tierra y la sombra" (2015). Pero hay otro cine colombiano prácticamente desconocido dentro de sus propias fronteras, capaz de ofrecer trabajos altamente sofisticados de animación, como por ejemplo "Los extraños presagios de León Prozak" (2010), de Carlos Santa; o comedias marginales de bajo presupuesto que hacen gala de incorrección política, como la excéntrica "El cielo" (2009), de Alessandro Basile. 
    La búsqueda de películas colombianas contemporáneas nos lleva por estos días a la Feria del Libro de Lima. Allí se exhibe una muestra que reúne distintas facetas de esta industria en ciernes. Desde lo más mainstream hasta lo más independiente, pasando por un documental consagrado a la vida y obra de Gabriel García Márquez: "Gabo: la magia de lo real" (2014), a exhibirse el domingo 31. Especial atención el jueves 27 a "Los hongos" (2014), ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno, segundo largometraje de Óscar Ruiz Navia, el mismo de "El vuelco del cangrejo" (2009), celebrada ópera prima que confirma la enorme proyección de este cine con orgullosas raíces latinas.

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