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El ‘ayuno tecnológico’

Recuperar las relaciones reales no pasa solo por borrar aplicaciones o alejarse de los dispositivos, sino por analizar las conductas y desarrollar un uso saludable.

Uno de los efectos de las redes sociales es el uso compulsivo de  los teléfonos celulares.

Uno de los efectos de las redes sociales es el uso compulsivo de los teléfonos celulares.

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Janina Marcano / El Mercurio

A Estefani Cardier (26) le tomó varios años decidirse, pero la semana pasada borró Instagram de su celular y le pidió a una amiga que la acompañara en el proceso.

“Lo revisábamos demasiadas veces, aunque no hubiese nada nuevo que ver y eso no me parecía normal”, cuenta. “Era como un tic nervioso”.

Decisiones como esta se enmarcan dentro de la ‘desintoxicación digital’, un concepto en auge que plantea desconectarse totalmente de dispositivos electrónicos por períodos largos. Su principal argumento es que el bombardeo continuo de datos digitales impacta varios aspectos de la vida de las personas, como las relaciones cara a cara.

La tendencia se ha popularizado al punto que existen empresas que ofrecen “descansos digitales”.

Digital Detox es una compañía del Reino Unido que organiza retiros para sus clientes, los cuales excluyen los dispositivos móviles y se enfocan en la meditación.

También existen ‘hoteles detox’, como la cadena Vincci en España, la cual solicita al cliente todos sus aparatos y a cambio le entrega juegos de mesa, o como la Westin de Dublín, que ofrece alternativas de entretenimiento no tecnológicas, como un kit para plantar un árbol.

Pero los especialistas entrevistados creen que abstenerse de la tecnología sin una reflexión sobre las propias conductas de consumo digital podría ser un esfuerzo perdido, porque los malos hábitos volverán al retomar la conectividad.

“Más que una desintoxicación, lo que la gente necesita es replantearse cuáles son las razones por las que estaría abusando de la tecnología y actuar a partir de allí”, opina Domingo Izquierdo, psicólogo de la Universidad Andrés Bello. “Solo prohibirse los aparatos no te lleva a un verdadero cambio porque no hay un replanteamiento real del comportamiento”, asegura.

Incluso, el psicólogo cree que no es adecuado hablar de desintoxicación. “Esta idea supone que uno está intoxicado de algo malo, como las drogas, y esa idea es arbitraria. Efectivamente hay un uso importante, pero no significa que estemos adictos o intoxicados”, argumenta.

                              —¿Diversión o escape?—
Pablo Curvil, psicólogo de la unidad de adicciones de la clínica Las Condes, tiene una opinión muy similar. “La idea no es satanizar la tecnología, sino aprender a darle un uso equilibrado”, dice.

El especialista también concuerda en que borrar una aplicación o tomarse unos días de desconexión total no resuelven el problema por sí solo. “No son estrategias que permitan aprender a controlar los impulsos”, asegura.

Estefani coincide en que haber eliminado Instagram no fue suficiente. De hecho, a la semana volvió a descargar la aplicación. “Hacer algo a corto plazo no es suficiente, porque a los días volví a revisar las redes muchas veces al día”, comenta.

El cambio debe ser progresivo, dice Curvil. Él recomienda partir por evaluar si los niveles de ingesta tecnológica son una forma de distraerse o más bien de escapar de los problemas: “Al igual que cuando se tratan las adicciones, que uno le pregunta a la persona qué significa esa sustancia en su vida, uno tendría que pensar si la tecnología no está supliendo una carencia y después tomar decisiones”.

La psicóloga Sandra Troncoso, directora del centro Psiquis, opina que pretender desconectarse de los dispositivos por períodos largos es poco realista: “Vivimos en una era digital donde las redes sociales están presentes para trabajar y comunicarnos con la familia, así que no creo que apartarnos sea la solución”. En cambio, ella propone lograr el equilibrio a través de la autorregulación.

Programar más encuentros cara a cara y evitar mandar correos de trabajo fuera del horario de oficina o durante las comidas son algunas estrategias, comenta.

Coincide Karem Celis, doctora en psicología de la Universidad Santo Tomás. “La abstinencia es un tema complejo de manejar y, si hablamos de una población normal, lo mejor es reflexionar y hacer pequeños cambios todos los días”, puntualiza Celis.


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