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Britpop: los 20 años del fenómeno que cambió la música popular

Hace 20 años, un movimiento cultural pretendió recuperar la identidad de la música británica. Repasamos sus orígenes

El 27 de mayo de 1990, Noel Gallagher, un joven inglés desempleado fanático de los Beatles, tuvo una visión que le cambió la vida. Junto con otras 27 mil personas, Gallagher había llegado al concierto que los Stone Roses ofrecían ese día en Spike Island, una isla localizada en un estuario del río Mersey, al noroeste de Inglaterra. Alucinado por el calor y por todo lo que acababa de tomar, vio a los Roses y comprendió lo que estaba buscando. “Los Stone Roses en Spike Island fueron el boceto para mi banda —admitiría después—. Al salir de ese concierto decidí formar el grupo de rock más grande del mundo”. De regreso en Manchester, fue a un ensayo de The Rain, la banda donde cantaba su hermano Liam. Al final del ensayo les hizo una oferta: “Déjenme tocar la guitarra y escribir sus canciones y los convertiré en estrellas”. Los integrantes de The Rain aceptaron. La primera medida que Noel tomó fue cambiar el nombre de la banda. Desde entonces se llamarían Oasis.

Mientras Gallagher planificaba su futuro, los Stone Roses se desmoronaron. El concierto multitudinario en Spike Island había sido su momento de gloria, pero antes de empezar su gira por los Estados Unidos entraron en pánico, se pelearon con su disquera y acabaron enredados en una batalla legal de la que nunca se recuperaron. Su lugar en los medios fue ocupado rápidamente por Nirvana, la banda estadounidense más exitosa del momento. Liderada por el iconoclasta Kurt Cobain, Nirvana llegó a Inglaterra en noviembre de 1991, y su canción más famosa, “Smells Like Teen Spirit”, inundó la programación de las radios locales. Las disqueras inglesas se sintieron amenazadas y decidieron contraatacar. Algunas lograron que la revista Select pusiera en portada al cantante del grupo Suede, Brett Anderson, posando sobre la bandera del Reino Unido. El titular rezaba: “Yanquis, ¡váyanse a casa!”.

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En retrospectiva, la portada de Select fue el primer paso para el surgimiento del britpop, el movimiento cultural que pretendió recuperar la identidad de la música británica a comienzos de los años noventa. El siguiente paso fue el segundo disco de Blur, “Modern Life Is Rubbish” (1993), fuertemente influido por el sonido clásico del rock inglés. Su primera canción, “For Tomorrow”, marca la pauta de todo el álbum. En ella encontramos sonoridades que se anclan en distintos momentos de la historia del rock británico: la temática de un hombre cuya sensibilidad no encaja con la del siglo XX llegaba directamente de “20th Century Man” de The Kinks, el mellotron que simulaba un ensamble de cuerdas era un eco de “ The Court of the Crimson King” de King Crimson, los coros dos octavas más altas que la voz principal recordaban al “Electric
Warrior” de T. Rex y la combinación de guitarras acústicas con una banda de rock remitían a la era Ziggy Stardust de David Bowie. La inteligencia del productor Stephen Street hizo que todas estas influencias se combinaran de tal forma que el resultado fuese novedoso y familiar. La estrategia histórico-sonora de “Modern Life is Rubbish” se convirtió, con distintos matices, en el modelo para todos los grupos de britpop que llegaron después.

Este vínculo con un pasado idealizado de la música inglesa bastó para que los medios empezaran a hablar del surgimiento de un rock eminentemente británico, al que llamaron justamente así, “britpop”. Un año después, cuando Blur lanzó su tercer álbum, “Parklife”, Kurt Cobain había muerto y ellos ocupaban el quinto lugar en las listas de ventas de su país. En una rueda de prensa, el cantante y compositor del grupo, Damon Albarn, declaró que “Parklife” estaba inspirado en “Campos de Londres”, la gran novela de Martin Amis, y que las canciones habían sido escritas desde el punto de vista de un cronista que describe la vida de los londinenses. Al igual que los Beatles o The Who, Albarn había creado un disco conceptual para una nueva era de la música británica.

Mientras tanto, en Manchester, Noel Gallagher logró que Oasis firme un contrato con la disquera independiente Creation, y luego otro con la multinacional Sony. El primer sencillo del grupo, “Supersonic”, fue lanzado en abril de 1994 —el mismo mes en que Blur editó “Parklife”—y llegó al puesto 31 en la lista de ventas. Las comparaciones entre Oasis y Blur no se hicieron esperar. Noel y Liam Gallagher provenían de la clase obrera de Manchester, habían tenido empleos menores e incluso participado en robos de poca monta. Albarn, por su parte, provenía de un estrato acomodado y había estudiado en una de las mejores escuelas de arte de Londres. Musicalmente, Blur era intelectual y cerebral, y su intención era ubicarse en la tradición de los grandes artistas británicos: citar a Martin Amis no era, claro está, una simple casualidad. La música de Oasis, por el contrario, era básica y tosca, con letras arrogantes y sentimentales. De hecho, “Supersonic” empezaba con una línea que resumía la actitud de la banda: “Necesito ser yo mismo/no puedo ser nadie más”. Comparadas con la objetividad distante de “Parklife” —donde un narrador observa desde lejos la vida de los demás— las canciones de Oasis sonaban sinceras y auténticas. Jon Savage, célebre historiador del punk, cuenta que la primera vez que vio a Oasis en televisión se puso a llorar. El golpe emocional se tornó masivo. “Definitely Maybe”, el álbum debut de Oasis, llegó al primer lugar en la lista de ventas en agosto de 1994. A la fecha, se calcula que ha vendido más de 15 millones de copias. Sin pedirle permiso a nadie, Oasis se había convertido en la nueva sensación del rock británico. Noel Gallagher había cumplido su promesa.


Entre adicciones y rehabilitaciones, Elastica, una de las bandas emblemáticas del britpop desapareció, y dejó como único legado su disco homónimo. (Foto: Redferns)

Entre adicciones y rehabilitaciones, Elastica, una de las bandas emblemáticas del britpop desapareció, y dejó como legado su disco homónimo (Foto: Redferns)

La disputa entre Oasis y Blur llegó a su punto de ebullición en agosto de 1995, cuando la revista NME los invitó a luchar por el número uno en las listas de ventas. Según lo acordado, ambas bandas lanzaron sus nuevos sencillos el mismo día, lo que provocó que miles de fans hicieran colas larguísimas en las tiendas para apoyar a su grupo favorito. El ganador de la batalla fue Blur, aunque la victoria no tardó en escapárseles de las manos. El segundo disco de Oasis, “(What’s the Story) Morning Glory?”, se convirtió rápidamente en el más vendido de 1995, de 1996 y de toda la década de los noventa en el Reino Unido. Blur había ganado una batalla. Oasis ganó la guerra.

Esta explosión musical y comercial llevó a la industria discográfica inglesa a poner sus ojos sobre pequeñas bandas independientes que de pronto pasaron a ocupar las portadas de las revistas especializadas. Entre ellas sobresalieron Elastica, cuya cantante, Justine Frischmann, era novia de Damon Albarn, así como Supergrass, Sleeper y The Verve. Pero, sin lugar a duda, después de Oasis y Blur, la banda más emblemática del britpop fue Pulp. Formada en Sheffield en 1978, Pulp era la más antigua del movimiento. Su cantante, Jarvis Cocker, parecía modelado al estilo de Bowie en su etapa “Station to Station”: pálido, elegante, delgado en extremo, aniñado, tremendamente irónico e inteligente. A diferencia de Albarn y los hermanos Gallagher, Cocker era un misterio lleno de contradicciones, educado pero mordaz, cínico pero hipersensible. Para algunos críticos, “Different Class” (1995) fue el más consistente de toda la escena britpop. De no haber sido por el exagerado suceso de “(What’s the Story) Morning Glory?”, habría sido evidente que “Different Class” era el gran álbum pop de ese año en Inglaterra. Además, fuera de lo que se consideraba la escena, en esta época se hicieron algunos de los discos ingleses más interesantes de los noventa: “Protection” de Massive Attack y “Maxinquaye” de Tricky.
El sonido de estos no provenía del rock clásico, sino más bien de la música electrónica y el dub jamaiquino. Esas bandas eran, quizá, artistas demasiado mestizas para ser consideradas ‘inglesas’ por la prensa interesada en promover el nuevo fenómeno.

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Con el triunfo de “(What’s the Story) Morning Glory?” empieza una segunda etapa en la historia del britpop: el vínculo con un sonido supuestamente inglés empieza a perder importancia porque la meta es incrementar las ventas. Pronto la música le acabó cediendo su lugar a las portadas de las revistas y a las cuentas bancarias. Este es el momento en que la escena musical es asimilada por un fenómeno artístico, social y político llamado “Cool Britannia”, que incluyó a artistas como Damien Hirst y supermodelos como Kate Moss. La idea detrás de Cool Britannia era la de un relevo generacional en Gran Bretaña, en donde se apostaba por un estado de ánimo díscolo y fiestero, aunque el eslogan también fue asociado con la frivolidad y el éxito económico por sobre todas las cosas.

La victoria de Oasis sobre Blur se tornó más espectacular durante la entrega de los Brit Awards 96, cuando los Gallagher ganaron las categorías de mejor álbum, mejor video y mejor banda. Esa noche también se inició la relación entre el britpop y Tony Blair, el candidato del Partido Laborista para el cargo de primer ministro del Reino Unido. La campaña de Blair había tratado de asociarlo con la cultura juvenil para inyectarle frescura a su candidatura, y Blair no dudó en aparecer en los Brit Awards entregándole un galardón honorífico a David Bowie. Cuando Oasis subió a recibir uno de sus premios, Noel Gallagher se lo dedicó a Blair.


Tony Blair y Noel Gallagher, tras la victoria del primero en 1997 (Foto: PA)

Tony Blair y Noel Gallagher en una fiesta organizada por el primero, en 1997 (Foto: PA)

Ese instante fue, acaso, el clímax del britpop. Lo que siguió fue el fin.

En noviembre, para sorpresa de sus seguidores, Oasis donó 10 mil libras a la campaña laborista. En mayo de 1997, cuando Blair ganó las elecciones, Gallagher fue invitado a celebrar en el célebre número 10 de Downing Street.

La relación entre Blur y Tony Blair fue amarga desde el comienzo. Poco después de las elecciones, Damon Albarn declaró que era inconsecuente que el líder del partido laborista enviara a sus hijos a la escuela más cara de Inglaterra. La respuesta fue una carta del departamento de prensa de Blair, en la que se le advertía que cerrara la boca. Estos hechos formaron parte del contexto de grabación y lanzamiento de “Blur”, el quinto álbum de la banda, en el que las influencias musicales británicas fueron dejadas de lado para adoptar un sonido más estadounidense, con grabaciones amateur y solos de guitarra que tendían al ruido. No fue casual que la portada del disco fuese la foto de la sala de emergencias de un hospital. Albarn se había vuelto adicto a la heroína. Para entonces, la bandera del Reino Unido ya era usada como vestido por una de las Spice Girls.

En agosto de 1997, Oasis lanzó “Be Here Now”, que prometía ser el manifiesto definitivo del britpop. A pesar de sus ventas descomunales, el álbum fue despedazado por la crítica. Según Jon Savage, la mediocridad de “Be Here Now” marcó el final del britpop. Posteriormente, el propio Noel Gallagher se referiría a esta producción como “un grupo de músicos en cocaína a los que todo les importaba un carajo”.

El abuso de drogas (cocaína y heroína, especialmente) tuvo un triste pero importante papel en la caída del britpop. Después de un excelente debut, el grupo Elastica desapareció en medio de adicciones y rehabilitaciones. Pulp, la banda musicalmente más interesante de todo el movimiento, se separó el 2002. Blur se disolvió el 2003, aunque regresarían por todo lo alto el año 2008. Noel Gallagher atacaría públicamente a Tony Blair el 2007, cuando lo comparó con “un músico que siempre está tocando las canciones de otros” y también arremetió contra su hermano Liam, a quien llamó “un amargado, un hombre de tenedores en un mundo de sopas”. Dos años más tarde, Oasis también se separaba.

En la actualidad la influencia de las bandas de este género puede encontrarse en grupos como Arctic Monkeys y The Libertines. Noel Gallagher, por su parte, es un cantante solista que graba discos sobrios y elegantes que no llegan a rozar —ni por asomo— las ventas que tuvo con Oasis. A estas alturas ya es considerado un símbolo venerable del rock británico y lo más probable es que siga los pasos de Elton John y Rod Stewart y sea condecorado por la reina o el rey de turno. Para un exladronzuelo y antiguo líder de una banda de rock, eso sería como cumplir otro sueño. Digno de un rey del britpop.

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