Bruno Pólack: Las 10 + 1 fijas del poeta (+ 2 poemas de "Fe")
Bruno Pólack: Las 10 + 1 fijas del poeta (+ 2 poemas de "Fe")
Redacción EC

El poeta Bruno Pólack acaba de publicar "Fe", su último poemario, con la editorial Vallejo & Co. El libro, de 45 páginas, ya está disponible en librerías con el precio de S/ 25,00.  Él respondió esta semana a cuales son sus "10+1 fijas" para El Dominical y nos compartió un par de poemas de su nuevo libro.

Un autor:
Ezra Pound

Cuatro libros:
"La montaña mágica", de Thomas Mann 
"Inferno", de Reinaldo Arenas
"Teología de la liberación", de Gustavo Gutiérrez
"La casa de cartón", de Martín Adán

Tres películas:
"La princesa Mononoke", de Hayao Miyazaki 


"El ángel exterminador", de Luis Buñuel


"Quiero la cabeza de Alfredo García", de Sam Peckinpah 


Tres discos:
"Siembra", de Rubén Blades y Willie Colón


"Trout Mask Replica", de Captain Beefheart & his Magic Band


"Double Fantasy", de John Lennon y Yoko Ono

Dos poemas de "Fe", el nuevo poemario de Bruno Pólack:

3

La angustia es un pájaro que bate sus alas en el corazón humano/
y su correlato en el mundo es el viento que sacude, trémulas, las altas
ventanas de esta cocina.
Luego cierro la puerta, eso es, veo la luz de la refrigeradora brillar
en los vidrios de tus lentes.
¿Qué figura, qué imagen,
               qué antiguo reflejo, ha fenecido hoy en mi alma?
Irredento rostro iluminado. Irredenta
ropa al sol que flamea heroica desde el borde de las cañerías.
Cierras la refrigeradora, pones platos sobre la mesa, miras el reloj.
Porque cada segundo es una migaja de luz/
que solo nos será permitido remontar/ en el momento
                                                                posterior a nuestra muerte/
oh muerte que brillas como una moneda de oro en el bolsillo de todos
los momentos felices
oh gardenias, oh mantel de la mesa,
oh tiempo que avanzas como esta
fila de hormigas cruzando los cuadrados rojos, los cuadrados blancos,
los cuadrados rojos
/y así nos recibía el futuro como un arco voltaico/
flameantes camisas blancas, flameante sol del obrero.
En todos los pisos siempre es alguien el encargado de la fe
y de la poesía/
la poesía es ahora la piel del tambor y es la canción que el agua canta
sobre el círculo azul de fuego                                                    
"...yo vengo de un pueblo lejano -te digo- y en un pueblo lejano..."
luego extiendo el mapa de la ciudad sobre la mesa
                                                                         /detrás de la puerta
el perro de Federico sube y
baja las escaleras ladrando extrañas canciones de amor/
extiendo el mapa y oímos crujir la punta del bastón
                                                                sobre las tablas de madera.
Nuestro corazón palpita porque de seguro el peso de la muerte ha
                                      sido mayor al peso de un racimo de versos/
el cuerpo de la humanidad se ha rendido a la sombra oscura del olivo
¡Buenas tardes, Federico! - gritas con las manos levantadas y su sombra
reverbera junto al trueno sobre el árbol de la resistencia.
Sirves el vino, llamas a la mesa,
mientras continúo/ con la mano izquierda en el bolsillo/
jugando a adivinar el altorrelieve/
de la moneda/ que arde/ en el anular/ entre las falanges/ y lleva tu nombre/
hermano mío.

4

Nada es lo suficientemente digno para malgastar las fuerzas de la juventud.
Y deambulamos, calle abajo,
     entrando a la plaza por Calle del Amparo/
cada transeúnte lleva la partitura de su vida bajo el brazo.
Pero hoy ha terminado exitosamente la noche y
       ruge la señal plateada de las rejas de los establecimientos/
los baguettes y las bicicletas suplantan las espadas y los caballos.
“Porque el dios de la poesía era de cristal y ha explotado en los
      cielos sobre todas las cosas”
me dices, mientras
ves caer las últimas gotas de lluvia de la cornisa del teatro.
Pequeño pájaro dormido/ luz salvaje sobre los capiteles.
Ningún hecho, ninguna labor, es lo suficientemente digna para
malgastar la impecable fuerza de la  juventud,
quizás sí el amor procaz, la vagancia desmedida,
la transmigración del lenguaje a las cosas
                                                       del mar a las cosas
porque hoy la poesía es una labor doméstica
(amas de casa leen mientras hierven las verduras)
“tomas una bolsa plástica, la oprimes entre tus manos y la lanzas sobre la mesa;
      observa cómo se expande”
como se expande el universo,
como se expande la mitocondria el fuego la raíz
el vuelo de los cormoranes en nuestro cuerpo.                          
¡Oh Saint Rene Quinton, veo el mar y veo mi casa!
Porque el corazón humano es 70% agua oceánica/
porque el corazón late y se expande sobre la mesa como se expande el  Universo,
como se expande el fuego entre las nubes
como se expanden los sueños humanos que son también 70% agua que
se evapora sobre nuestras cabezas/ ¡oh Saint Rene Quinton!
¿quién no ha imaginado alguna vez el sol brillando de noche,
                                                       en su estómago, mientras duerme?
¿quién no ha imaginado alguna vez que son sus palabras
soles incandescentes que brotan de su boca y caen
en tierra fértil hasta dar hermosos brotes de fuego?
Horrendo mundo el que te obliga a esconderte para llorar.
Horrenda angustia que aleteas como un pájaro dentro del corazón humano/
y seguimos, calle abajo, el vuelo mágico del polen sobre las cosas reales,
bandadas de turistas rodean y
disparan sus cámaras de fotos contra la estatua del poeta.
El amor es un animal onírico
que no sé si alguna vez, tú y yo, con todo el viento
                                       a nuestro favor, hemos podido presenciar.

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