Nadie imaginó lo que iba a deparar el 2020. El mundo le daba la bienvenida a una nueva década con muchas expectativas, pero el nuevo coronavirus modificó nuestro modo de vivir y truncó los planes a futuro de muchos.
Nadie imaginó lo que iba a deparar el 2020. El mundo le daba la bienvenida a una nueva década con muchas expectativas, pero el nuevo coronavirus modificó nuestro modo de vivir y truncó los planes a futuro de muchos.
Katherine Subirana Abanto

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El mundo llega al 2021 soñando con un futuro que se parezca más al pasado. El 2020, marcado por la enfermedad, la muerte, el distanciamiento social, las mascarillas, los afectos reprimidos y la multiplicación de los esfuerzos para sacar adelante cualquier proyecto de vida, se va. Sin embargo, el SARS-CoV-2, causante del coronavirus, se queda entre nosotros, y la humanidad entera pone sus ojos en la esperanza que suponen las múltiples vacunas que se están desarrollando —y aplicando— en distintas partes del mundo… a pesar de que la ciencia dice que esto no significa que la pandemia haya llegado a su fin.

Esperar el término de la pandemia es una prueba a la paciencia y, vale decirlo, a la fe. E incluso decretar el fin de aquella no significa necesariamente que la enfermedad que la causó desaparezca. El historiador José Ragas explica que los anales de las pandemias se caracterizan más por la incertidumbre que por las certezas. “Es cierto que hoy sabemos mucho de anteriores pandemias —como la influenza, conocida como “gripe española”—, pero olvidamos que cada una es una enfermedad distinta, y que sus dinámicas cambian de manera espacial y temporal”, sostiene. El problema, añade, es que, desde la aparición de la COVID-19, se desarrolló y difundió una narrativa que establecía una suerte de arco temporal por el cual una vacuna pondría fin a la pandemia, por lo que habría que tomar ciertas medidas —algunas poco agradables— para resistir mientras esta llegara.

Y, si la vacuna ya llegó, ¿qué falta para que termine esta pandemia? Mucho.

México aplica a una enfermera primera dosis de vacuna contra el COVID-19
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Remedios y enfermedades

El doctor Elmer Huerta explica que, si bien ya se están aplicando las vacunas, hay muchos temas que resolver en torno a ellas: no sabemos aún cuánto tiempo de inmunidad otorgan, y también hay que tener en cuenta los problemas logísticos que suponen su distribución y aplicación para todos los países afectados. Además, el fin de la pandemia no tiene que ver necesariamente con el fin de la enfermedad. Huerta pone dos ejemplos: aunque el virus que causó la pandemia de la gripe de 1918 desapareció, la bacteria causante de la peste bubónica sigue entre nosotros.

¿Por qué desapareció el virus de la gripe de 1918? No se sabe con certeza. La enfermedad, causada por un brote del virus de la gripe tipo A, subtipo H1N1, dio la vuelta al mundo en cuatro meses y cobró más de 21 millones de vidas, por lo que es considerada la mayor catástrofe sanitaria del siglo XX. La escritora Sara Francis Fujimura explica, en un artículo publicado en 2003 en la revista oficial de la Organización Panamericana de la Salud, que las compañías farmacéuticas trabajaban día y noche para producir una vacuna, pero el virus desapareció antes de que pudiese siquiera ser aislado. Esto último se logró apenas en 1933.

Por su lado, la Yersinia pestis, bacteria causante de la peste, está entre nosotros desde tiempos inmemorables. Según el artículo , publicado por Carlos Castañeda y Gerardo Ramos, investigadores de la Universidad Autónoma de los Andes de Ecuador, la primera pandemia causada por esta bacteria data del 541 d. C. Esta peste bubónica, llamada también la peste de Justiniano, causó 25 millones de muertos; se esparció por Constantinopla, Europa y el Mediterráneo; y fue la causante de la caída del Imperio bizantino.

La peste negra llegó aproximadamente en 1348 al continente europeo y mató a un tercio de la población. (Foto: Wikicommons)
La peste negra llegó aproximadamente en 1348 al continente europeo y mató a un tercio de la población. (Foto: Wikicommons)

El siguiente registro de una pandemia bubónica llegó en 1364, con la peste negra. Castañeda y Ramos explican en su artículo que la enfermedad asoló Europa, en el siglo XIV, con duración aproximada de siete años y resultó ser una gran epidemia, ya que se desconocía que su causa se debía a la trasmisión por las ratas. “Tuvieron que transcurrir cinco siglos para establecer el papel de este mamífero roedor como origen de la enfermedad, que ocurría ante las condiciones de suciedad de la sociedad en aquellos tiempos, afectó a los grupos más vulnerables de pobreza, con gran reducción en la población, un aproximado de 60 % de contagiados y la pérdida de 50 millones de vidas humanas”, detallan.

¿Cómo es posible que esta enfermedad siga entre nosotros y no haya un medicamento o vacuna que la evite o contenga? El doctor Huerta explica que la mejor arma contra la peste es, sencillamente, la higiene. “La peste sigue presente en el mundo, casi siempre en países muy pobres. Lamentablemente, el Perú es uno de los pocos países que aún registra casos de peste”, dice. Finalmente, explica que la única enfermedad en la historia de la humanidad que se ha logrado erradicar por completo, gracias a la vacunación, es la viruela. Otras desaparecen por causas desconocidas, y otras, como la hepatitis, el sida o la TBC, siguen entre nosotros y forman parte del repertorio de enfermedades endémicas con el que convivimos mientras trabajamos por contenerlas y combatirlas.

En el artículo , escrito por Ana María Carrillo, profesora del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, se analiza la importancia del fortalecimiento de los sistemas sanitarios para el tratamiento y la prevención de pandemias y enfermedades menores. Carrillo destaca los siguientes pasos: la política de aislamiento, la organización sanitaria internacional, el desarrollo compartido de vacunas, el saneamiento de los puertos y las ciudades fronterizas, así como la higiene de los espacios privados y públicos, y también la creación de ministerios dedicados exclusivamente a la sanidad y la elaboración y promulgación de códigos sanitarios.

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El esperado final

Entonces, ¿cuándo terminará esta pandemia del coronavirus? No se puede dar una fecha ni siquiera aproximada. Como refiere el historiador José Ragas, “determinar el ‘fin’ de una pandemia depende tanto de la medicina como de las autoridades y de nuestros propios códigos de conducta. Y estas decisiones son muy complejas y suelen tener costos humanos, sociales y económicos”. El doctor Huerta concuerda con dicha afirmación y añade: “Las pandemias —y cualquier problema de salud pública— tienen dos modos de controlarse: con políticas y lineamientos determinados por las autoridades, y con el comportamiento individual responsable de la ciudadanía. Ya hemos visto que, en cada país, la situación es distinta”. Efectivamente, mientras en China se ha controlado la enfermedad, las cifras suben en Europa, Estados Unidos y América Latina.

Dicho de otro modo, mientras el Estado está en la obligación de procurar vacunas y los servicios de salud adecuados, usar mascarilla, lavarse las manos, desinfectar las superficies y evitar aglomeraciones es también una forma de empezar a escribir el final de esta triste historia llamada COVID-19.

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