Dare Dovidjenko nació en Split, Croacia (antes Yugoslavia), en 1949. (Foto: Fernando Fujimoto/Archivo El Comercio)
Dare Dovidjenko nació en Split, Croacia (antes Yugoslavia), en 1949. (Foto: Fernando Fujimoto/Archivo El Comercio)

El último surrealista ha fallecido. Era Croata, pero vivía en el Perú desde los años setenta. Fue humorista, pintor y dibujante. Pero estas tres actividades eran una sola en la persona y en el arte de . El surrealismo tiene estupendos exponentes en el Perú, pero nadie ha trabajado mejor la verdadera surrealidad en nuestro arte que Dare, quizás porque él era, sobre todo, un surrealista vivo; el último superviviente de una estética, pero principalmente de una actitud, frente a “la realidad”. Su forma de “mirar” el mundo era también su manera de ser y de estar en él. Una permanente visión alterna y psicodélica de lo real que nacía en lo cotidiano para volverse absurda, metafísica, visionaria.

Dare primero fue Yugoeslavo, nació en el bello balneario de Split en plena época del mandato comunista pero unificador de Tito. Su padre era un independentista croata prisionero por el régimen; esta ausencia de figura paterna, de “autoridad”, desataría la imaginación de un niño que devoraba las revistas de historieta locales, así como las que provenían de la vecina Italia. Desde el colegio, Dare dibujaba historietas que incluso llegó vender a algunos compañeros. Su vocación artística era evidente, así que comenzó sus estudios en la escuela de arte de su ciudad natal, pero un viaje a los 19 años al Perú lo cambió todo. Dare llegó para trabajar en una fábrica de conservas de pescado dirigida por un tío suyo en Chimbote, después de un año decidiría mudarse a Lima donde empezó a estudiar artes en la Católica, pero en 1971 decidiría volver a Yugoeslavia para culminar sus estudios en la prestigiosa escuela de Zagreb.

El humor gráfico

Sus maestros fueron el pintor metafísico Miljenko Stančić, tan genial como temperamental, y el escultor Raoul Goldoni, mucho mejor profesor y quien inculcó el amor de artífice por el oficio y el severo perfeccionismo técnico del cual Dare hace gala en sus dibujos y pinturas. Culminado sus estudios, a fines de la década de los setenta decide regresar al Perú. Aquí se reencontró con Juan Acevedo quien lo invitó a participar en el semanario de humor gráfico y político “Monos y Monadas”.

Dovidjenko se desempeñó durante años haciendo humor gráfico.
Dovidjenko se desempeñó durante años haciendo humor gráfico.

Dare transformó el humor gráfico en el país, la intrusión del surrealismo era algo inédito. Su dibujo, mediante finísimas líneas y tramas de trazos y proporciones clásicas, nos lleva por un universo descolocado, de misteriosa fantasía y ensueño. Un cosmos alterno donde reina lo imposible, lo absurdo, sorprendente e inesperado. Dare practicaba un humor que cuestionaba por igual nuestros conceptos y percepciones sensoriales del mundo pero que a la vez celebraba sus placeres mundanos y esquivos.

Según Jorge Villacorta, amigo y curador del artista, Dare. “no se vale del dibujo para representar la realidad que los ojos perciben y la mente ve convencionalmente. Pero sí se vale de la representación de lo real para dibujar una realidad interior que el observador reconoce como tal, movido por un súbito despertar de la imaginación”.

Este “despertar de la imaginación” lleno de humor sería también algo inédito para la pintura peruana. Recordemos que el surrealismo en el Perú tiene un carácter, por lo general, sobrio y severo. Dare introduce el humor en la práctica pictórica local y eso hace que su ingreso al circuito artístico limeño sea de alguna manera oblicuo. La carrera de pintor no fue fácil para Dare quien vivió, durante algunos años, de la obra que exhibía y vendía en la feria arte de Colonia en Alemania.

Con Ricardo Wiesse

Poco a poco Dare irá encontrando su lugar, así sea “excéntrico” e insular, dentro de la pintura peruana. Quizás el momento más notorio fue aquella fabulosa exposición bipersonal que realizó junto a Ricardo Wiesse con pinturas de Pachacamac. Su singularísima propuesta fue la de descomponer la imagen y el color de la pintura de manera que se creara un efecto de trimidensionalidad con la ayuda de unos anteojos cromáticos.

Así de sorprendente era Dare.

Que un auténtico surrealista haya decidido vivir y morir en el Perú, es un orgullo para todos los que amamos el arte. Esperemos que pronto la obra excepcional de Dare Dovidjenko pueda obtener el homenaje y reconocimiento que se merece.

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