Entre quienes han firmado el manifiesto figuran economistas, filósofos, intelectuales, tan importantes como Thomas Piketty, Nancy Fraser, Axel Honneth o Ingrid Robeyns. Representando al Perú han firmado el documento Gianfranco Casuso y Miguel Giusti. El manifiesto ha sido promovido por la organización Democratizing Work.
Entre quienes han firmado el manifiesto figuran economistas, filósofos, intelectuales, tan importantes como Thomas Piketty, Nancy Fraser, Axel Honneth o Ingrid Robeyns. Representando al Perú han firmado el documento Gianfranco Casuso y Miguel Giusti. El manifiesto ha sido promovido por la organización Democratizing Work.

Más de 3.000 académicos, de más de 650 universidades en el mundo, han firmado un pronunciamiento a raíz de la pandemia de COVID-19, en el que piden una serie de cambios a las actuales condiciones sociales y económicas para salvar el planeta, no solo de los efectos de enfermedades, sino también del inminente colapso ambiental.

Entre quienes han firmado el manifiesto figuran economistas, filósofos, intelectuales, tan importantes como Thomas Piketty, Nancy Fraser, Axel Honneth, Ingrid Robeyns, Thomas Pogge, Benjamin Sachs entre muchos más, sobre todo profesores de universidades estadounidenses y europeas. En el caso peruano, quienes han firmado el documento se encuentran los profesores de la Universidad Católica, Gianfranco Casuso y Miguel Giusti. El manifiesto ha sido promovido por la organización .

El pronunciamiento

“¿Qué nos ha enseñado esta crisis? —empieza el documento— En primer lugar, que los seres humanos en el trabajo no pueden ser reducidos a meros ‘recursos’. El personal médico y farmacéutico, el personal de enfermería, de reparto, de caja… todas esas personas que nos han permitido sobrevivir durante este periodo de confinamiento son la viva muestra de ello. Esta pandemia ha revelado también cómo el trabajo en sí tampoco puede reducirse a mera “mercancía”. Los servicios de salud, atención y cuidados a colectivos vulnerables son actividades que deberíamos proteger de las leyes del mercado. De no hacerlo, correríamos el riesgo de acentuar aún más las desigualdades, sacrificando a las personas más débiles y necesitadas. ¿Qué hacer para evitar semejante escenario? Hay que permitir a los y las trabajadoras participar en las decisiones, es decir, hay que democratizar la empresa. Y hay también que desmercantilizar el trabajo, es decir, asegurar que la colectividad garantice un empleo útil a todas y todos. En este momento crucial, en el que nos enfrentamos al mismo tiempo a un riesgo de pandemia y a uno de colapso climático, estas dos transformaciones estratégicas nos permitirían no solo garantizar la dignidad de cada persona, sino también actuar colectivamente para descontaminar y salvar el planeta”.

Luego se lee: “Mientras quienes podemos permanecemos confinados, los (y especialmente, las) que forman parte del personal esencial, en particular las personas racializadas, migrantes y que trabajan en la economía informal, se levantan cada día para prestar servicio a los y las demás. Ellas son prueba de la dignidad del trabajo y de la ausencia de banalidad de su función, y demuestran un hecho clave que el capitalismo, en su afán por transformar a los seres humanos en meros ‘recursos’, intenta siempre invisibilizar: y es que, sin personas dispuestas a invertir su trabajo, no hay producción ni servicio que valga”.

“Por otra parte, los confinados (y, en especial, las confinadas) están movilizando todo lo que está en su mano para lograr, desde sus domicilios, mantener la actividad de sus organizaciones, demostrando así de forma masiva que quienes suponen que la gran preocupación de un empresario debe ser no perder de vista a un trabajador indigno de confianza para controlarlo mejor, están profundamente equivocados. Cada día, los y las trabajadoras evidencian que no son una ‘parte interesada’ cualquiera de la empresa: son SU parte constitutiva (…)”.

El tercer punto del documento, habla de “Descontaminar”. “No repitamos —señalan— los errores de 2008: aquella crisis se saldó con el rescate incondicional del sector financiero, profundizando la deuda pública. Si nuestros estados vuelven hoy a intervenir la economía, es importante que al menos pueda exigirse a las empresas beneficiarias su adecuación al marco general de la democracia. El Estado, en nombre de la sociedad democrática a la cual sirve y que lo constituye, y en nombre también de su responsabilidad para velar por nuestra supervivencia medioambiental, debe condicionar su intervención a cambios en la orientación estratégica de las empresas intervenidas. Más allá del cumplimiento de estrictas normas medioambientales, debe imponer condiciones de democratización en cuanto al gobierno interno de las empresas. Porque las empresas mejor preparadas para impulsar la transición ecológica serán, sin lugar a duda, las que cuenten con gobiernos democráticos; aquellas en las que tanto inversoras de capital como de trabajo puedan hacer oír su voz y decidir de común acuerdo las estrategias a poner en práctica”.

El pronunciamiento en varios idiomas, incluido el español, y la lista completa de firmantes se puede consultar en:

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