El Día del Idioma, El Quijote y Unamuno
El Día del Idioma, El Quijote y Unamuno

RAÚL MENDOZA CÁNEPA

En el Día del Idioma,  el mundo de las letras castellanas recuerda a uno de sus autores más leídos, Miguel de Cervantes Saavedra, autor de El Quijote de la Mancha. El 23 de abril es una fecha clave por la muerte del escritor y por lo que representa. Por tal razón, el marco de las celebraciones sirve también para rendirle tributo a los libros.

Quien se aproximó al Quijote con mayor profundidad fue que asumió la aventura quijotesca como un asunto de fe incondicional. 

La fe es el eje y, desde luego, la fe es locura, locura erasmiana y, en los términos del filósofo bilbaíno, un cuestionamiento a la razón. En los tiempos del reinado del racionalismo escéptico, el Quijote, como los santos, los idealistas, los visionarios y los ascetas, nunca llega a encajar. Quien no vive solo en la razón es un marginal, un perseguido, un disidente o un “extraño”. 

Al final de su existencia, tras descubrir su realidad, el Quijote duda de sí, pierde su seguridad y recobra la razón y recobrarla significó la muerte de su gloria y el principio de su agonía. 

Por fortuna, su fe adquirió vida propia. Cuando el Caballero vuelve sus pasos a la razón, torna al cuerpo del viejo Quijano, pero Sancho ya seguía la senda inversa. El escudero hereda la fe de su maestro. Unamuno se entusiasma por la exaltada conversión del sensato: “Heroico Sancho, cuán pocos advierten que ganaste la cumbre de la locura cuando tu amo se despeñaba en el abismo de la sensatez y sobre su lecho de muerte irradiaba tu fe, tu fe, Sancho, la fe de ti, que ni has muerto ni morirás!  Don Quijote perdió su fe y murió; tú la cobraste y vives; era preciso que él muriera en desengaño para que en engaño vivificante vivas tú”. 

El Día del Idioma es también el día de aquel viejo caballero sediento de gloria y de fe, que no dejará de conmovernos jamás.