De la editora central: Javier Heraud, amante de la verdad
De la editora central: Javier Heraud, amante de la verdad
Redacción EC

MARTHA MEIER MIRÓ QUESADA

Hace más de medio siglo un joven poeta surcaba en canoa el río Madre de Dios cuando su cuerpo recibió diecinueve balas  dum-dum de la Guardia Republicana. Su vida terminó allí, rodeado por  árboles “sombreados por la lluvia”  y el arrullo de las aves.

Javier Heraud  tenía 21 años y era un joven guerrillero, intoxicado por el , pero ante todo era poeta, de los buenos. Un chico miraflorino, notable ex alumno del Markham, cuyo portentoso talento para la poesía salió a la luz cuando aún estaba en el colegio. Ingresó en el primer puesto a Letras de la Universidad Católica para abrazar la literatura (su papá creyó que era para estudiar Derecho).

Javier fue un hombre sensible con un desprecio innato contra la injusticia. Había nacido en el seno de una familia ilustrada, decentísima, que inculcó a los hijos el amor por el conocimiento, el trabajo y el compromiso con los menos favorecidos. Una familia buena y preocupada por la tumultuosa situación política peruana. Su indignación lo hizo presa fácil del marxismo recalcitrante. Terminó enrolándose en el Ejército de Liberación Nacional (ELN), un camino que lo llevaría a toparse con la muerte en el río. Heraud estaba más que dispuesto a morir por el Perú, “Porque mi patria es hermosa / como una espada en el aire,/ y más grande ahora y aún/más hermosa todavía,/yo hablo y la defiendo/con mi vida”. Como tantos otros de su generación pasó desgraciadamente por China y Moscú; arribó a Cuba, becado para estudiar cine, pero los cubanos no solo lo introdujeron en el séptimo arte, y ya en Perú optó por alzarse en armas arrastrado por la  compleja coyuntura de aquellos tiempos (recordemos que gobernaba la golpista junta militar encabezada por Pérez Godoy y Nicolás Lindley).

En los sesenta, la revolución de los “barbudos” cubanos era equivocadamente vista por muchos como una reivindicación.
Cuando  el poeta fue acribillado, Alaín Elías estuvo a su lado y resultó herido. Alguna vez recordó que cuando las balas caían sobre ellos como una lluvia imparable, Javier se sorprendió de que hasta los pobladores les dispararan: el pueblo por el que creían luchar no compartía su causa ni  sus formas.

Cecilia Heraud, hermana del poeta, ha reeditado una versión corregida y aumentada de la biografía “Entre los ríos: Javier Heraud (1942-1963)”, originalmente publicada en 1989. Y lo ha hecho para compartir la pureza y bondad del poeta, y también para terminar de cerrar la herida que le dejó el asesinato de su hermano. Una herida que sangró nuevamente cuando los restos de Javier fueron trasladados de Puerto Maldonado a los Jardines de la Paz, en Lima, hace poco más de dos años.

En esta edición, Jorge Eslava conversa extensamente con Cecilia sobre esta reedición en la que se incluye material inédito sobre el hombre justo, honrado y amante de la verdad. Sobre este poeta que ya es una leyenda.