Por Enrique Planas

A simple vista, el taller es un desorden de color. Ajustada la vista e iniciado el circuito, creemos que la numeración por años a la que apela el artista para mostrarnos sus cuadros, apilados unos contra otros, nos permite movernos con cierta ilusión de continuidad. Pero no busquemos un orden. Enrique Polanco lo admite: es un pintor desorganizado. Sin embargo, ese caos es su lenguaje.

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